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viernes, 18 de abril de 2014

Por qué creo en Cristo

Por qué creo en Cristo
Por: D.J. Kennedy 


Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad. Colosenses 2:9

¿Por qué la gente cree en Cristo? ¿Será por causa de alguna emoción, de alguna predisposición peculiar, de algún deseo de creer con el corazón lo que con la mente se sabe que no es verdad? ¿Hay alguna evidencia real?

El cristianismo es la única religión en el mundo que se basa en evidencias históricas. La Biblia nunca nos llama a una fe ciega, sino a la fe en aquello que ha sido establecido por las evidencias. Las evidencias que existen con respecto a Jesucristo son absolutamente abrumadoras. Nadie puede descreer en Cristo por falta de evidencia.

Consideremos algunas de las razones por las cuales creemos en Jesucristo. En este gran debate de los siglos, Johann Wolfgang Goethe, tal vez el más elevado de los poetas y literatos alemanes, dijo: "El conflicto entre la fe y la incredulidad sigue siendo el apropiado, el único, el más profundo tema de la historia del mundo y de la humanidad, al cual todos los demás están subordinados." De modo que el gran asunto de la lucha de este mundo es si creemos o no creemos en Jesucristo. El doctor Philip Schaff, eminente historiador y profesor de la Universidad de Yale, nos hace la siguiente advertencia: "Los incrédulos raras veces se convencen mediante el argumento; porque los resortes de la incredulidad están en el corazón, y no en la cabeza."[i] Una mente y un corazón reprobados producen palabras, obras y acciones de carácter impío.

Un hermano en la fe de Cristo y yo estábamos en medio de varios hombres impíos de cuyas bocas fluía una constante efusión de inmundicia. Al retirarnos, mi amigo me dijo: "La mente reprobada; en enemistad con Dios." ¡Cuan cierto es esto! El doctor Schaff continúa: "Pero los investigadores honrados y los escépticos sinceros, como Natanael y Tomás, que aman la verdad y sólo desean apoyo tangible para su débil fe, nunca se negarán cuando se les presentan las evidencias, a abrazarlas con regocijo y gratitud, y a adorar al Dios encarnado."[ii] Para los que sinceramente buscan la verdad, hay abundantes evidencias.

Jesucristo: ¿qué diremos acerca de El? El es el fundador de la religión más grande en la historia del mundo. El cristianismo dobla en número a su más cercano competidor. Actualmente hay 1320 millones de personas que afirman ser cristianas.

¿Qué diremos de Jesús? Algunos dicen que El sólo fue un mito; que en realidad nunca existió. Es ésta una posibilidad que pudiéramos considerar.

Un historiador escribió que los más sabios oponentes del cristianismo han abandonado la hipótesis legendaria por considerarla absolutamente incompatible. El historiador J. Gilchrist Lawson dice: "La teoría legendaria, o mítica, sobre la existencia de Cristo no es sostenida por ninguno que sea digno de llamarse erudito. Las evidencias históricas de la existencia de Cristo son mucho mayores que las que apoyan cualquier otro evento de la historia antigua. Ningún erudito sincero podría rechazarlas sin renunciar también a su fe en todos los eventos registrados en la historia antigua."[iii] Las evidencias en cuanto a la historicidad de Cristo son tan grandes, que no conozco a ningún historiador del mundo libre que se atreva a exponer su reputación, negando que Jesucristo existió alguna vez.

¿Cómo sabemos que El existió? ¿Simplemente porque la Biblia nos lo dice? Esa es una razón. Tenemos cuatro biografías de Cristo en la Escritura, y el testimonio de los historiadores de los Evangelios es mucho más exacto y detallado que el de cualquier historiador secular, como ya lo hemos estudiado en anteriores capítulos de este libro.

Algunos suponen que, fuera de los Evangelios, ningún escritor antiguo menciona a Jesucristo. Están muy equivocados. Entre los historiadores y escritores seculares de la antigüedad que se refieren a Cristo y al cristianismo están los siguientes: Tácito, el historiador romano; Suetonio; Plinio el joven; Epicteto; Luciano; Arístides; Galeno; Lampridio; Diocasio; Hinerio; Libanio; Amiano; Marcelino; Eunapio; Zósimo. Otros escribieron libros enteros contra el cristianismo, entre ellos Luciano, Celso, Porfirio, Hierocles y Julián el Apóstata. Otros muchos escritores, incluso algunos judíos, escribieron acerca de Jesucristo.

Tan abundante es el testimonio con respecto a Cristo, que el doctor Schaff dice: "Parado sobre esta roca, me siento seguro contra todos los ataques de los incrédulos. La persona de Cristo es para mí el más grande y más seguro de todos los hechos; tan cierto como mi propia existencia personal."[iv]

Poncio Pilato, el procurador de Judea que condenó a Cristo a la muerte, escribió acerca de esas extraordinarias actividades a Tiberio César, en un documento aparentemente bien conocido, al cual han hecho referencia otros personajes históricos. Un apologista cristiano, al recibir a otro César algunos años después, lo estimuló a que revisara sus propios archivos y descubriera en el informe de Poncio Pilato que estas cosas fueron ciertas. En ese largo informe, luego de describir los milagros de Cristo, Pilato afirma: "Y Heredes y Arquelao y Felipe, Anas y Caifas, con todo el pueblo, me lo entregaron, haciendo un gran tumulto contra mí para que yo lo juzgara (a Cristo). Por tanto, habiéndolo azotado primero, y no habiendo hallado contra él ninguna causa de malas acusaciones u obras, ordené que fuera crucificado. Y cuando fue crucificado, hubo tinieblas sobre todo el mundo, oscureciéndose el sol a mediodía, y apareciendo las estrellas, pero en ellas no apareció fulgor; y la Luna, como si se hubiera convertido en sangre, no dio su luz."[v]

Talo, otro escritor secular, en el año 52 d.C., escribió acerca del hecho de que el Sol no dio su luz desde el mediodía hasta las tres de la tarde, y dice que eso tuvo que haber sido un eclipse. Sin embargo, sabemos que Cristo fue crucificado en el tiempo de la pascua, que era el tiempo de la luna llena, y no puede haber un eclipse de Sol en el tiempo de luna llena.[vi] Sin embargo, este escritor pensó que tenía que ofrecer alguna explicación naturalista del fenómeno en que el Sol dejó de dar su luz.

F. F. Bruce, profesor de crítica y exégesis bíblicas en la Universidad de Manchester, dice: "Algunos escritores pueden jugar con la fantasía de un ‘Cristo mítico’, pero no pueden hacerlo basados en las evidencias históricas. La historicidad de Cristo es tan axiomática para el historiador desprejuiciado, como la historicidad de Julio César. No son los historiadores los que propagan las teorías sobre un 'Cristo mítico'."[vii] Tácito, al discutir el intento que hizo Nerón para cubrir el hecho de que él incendió a Roma, escribió lo siguiente: "Por tanto, para suprimir el rumor, falsamente acusó de ser culpables a las personas que comúnmente se llaman cristianos, que eran odiados por sus perversidades, y los castigó con las más exquisitas torturas. Cristo, el fundador de ese nombre, fue sentenciado a muerte por Poncio Pilato, procurador de Judea en el reinado de Tiberio; pero la perniciosa superstición, reprimida por un tiempo, brotó de nuevo, no sólo en toda Judea, donde se originó ese mal, sino también por toda la ciudad de Roma."[viii] Así nos recuerda Tácito que Cristo fue crucificado por Poncio Pilato durante el reinado de Tiberio César. También nos recuerda que fue Cristo el fundador de la religión cristiana, que, para ese tiempo, se había difundido por toda Judea y en todo el trayecto hasta Roma. Plinio el joven, quien estaba condenando a muerte a los cristianos — hombres y mujeres, niños y niñas— finalmente le escribió al emperador Trajano, para pedirle consejo. Quería saber si debía matar a todos los cristianos, o sólo algunos de ellos. En la misma carta, dice: "Ellos afirmaban, sin embargo, que toda su culpa, o su error, consistía en que ellos tenían el hábito de reunirse en cierto día determinado, antes de amanecer, y cantaban en voz alternada un himno a Cristo como a un dios, y se obligaban con solemne juramento, a no hacer obras perversas."[ix] Así que, por lo que escribió Plinio, descubrimos que los cristianos creían que Jesucristo era Dios, y que se reunían muy temprano cada semana, y lo adoraban.

Un primitivo escritor sirio, Mará Bar Serapion, alrededor del año 73 d.C., escribió a su hijo para advertirle que no se involucrara en malas acciones, y para recordarle las terribles consecuencias que venían sobre las personas por matar a hombres piadosos. También le dijo: "¿Qué provecho obtuvieron los judíos al ejecutar a su sabio Rey? Fue precisamente después de eso, que el reino de ellos fue abolido. Dios vengó justamente a esos hombres sabios,  los judíos, arruinados y echados de su tierra, viven en completa dispersión."[x] Pero las enseñanzas de su sabio Rey permanecen.

Juliano el Apóstata se empeñó en destruir al cristianismo. Escribió un libro entero contra el mismo. Pero en ese libro, en vez de destruir el cristianismo, afirma que Jesús nació durante el reinado de Augusto, en el tiempo que Cirenio hizo el censo de Judea. El también confirma el hecho de que la religión cristiana comenzó a surgir en el tiempo de los emperadores Tiberio y Claudio. Afirma la autenticidad de los Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, como fuentes auténticas de la religión cristiana. Ese mismo Juliano fue a Jerusalén para refutar la Biblia, pero fracasó. Cuando destruyó el muro de Babilonia, sin saberlo confirmó la profecía bíblica. Cuando finalmente le llegó el momento de la muerte, levantando su daga hacia el cielo contra Jesús, recogió su sangre, pues había sido herido en la batalla, y la tiró hacia arriba el aire y dijo: "Has vencido, galileo."[xi] Juliano no dejó ni huellas del paganismo que él se esforzó por restablecer. Todos sus esfuerzos se evaporaron ante el poder del galileo.

Muchos otros escritores hablaron acerca de Cristo. Josefo, el famoso historiador judío, nos dice que en ese tiempo se levantó un gran hombre, a quien los líderes de su pueblo condenaron a muerte por mano de Poncio Pilato, y ése era el Cristo.[xii]

Algunos han dicho que ésta es una interpolación; que Josefo nunca habría dicho que Jesús fue el Cristo, y nunca habría dicho que "nuestros líderes cometieron una acción perversa al condenarlo a muerte". Josefo cambió de partido, se rindió a los romanos y vivió en Roma acogido a los beneficios de César. ¿Y quién sabe si en realidad él aceptó a Cristo, o no? Los que tratan de deshacerse de este pasaje, están respaldados únicamente por sus propios prejuicios, pues cada manuscrito de los escritos de Josefb contiene ese pasaje, como también menciones de Jacobo, el hermano de Jesús, de Juan el Bautista y de otras cosas que se hallan en el Nuevo Testamento. Así que la historicidad de Cristo es algo que no puede atacarse; ¡no es un mito ni una leyenda!

¿Y qué diremos del carácter único de Este que sabemos que existió? Estudiando muchas biografías, he hallado algo que todos los historiadores han descubierto: cuanto más uno estudia a cualquier ser humano, tanto más palidece su fulgor. No importa cuan grande haya sido el héroe, si uno lo examina de cerca, le ve los pies de barro; le ve todas las fragilidades y puntos vulnerables. El doctor Schaff dice que toda la grandeza humana disminuye cuando se examina más de cerca; pero el carácter de Cristo se hace aún más puro, más sagrado y más amable, a medida que lo conocemos mejor.

Toda la gama de la historia y de la ficción no ofrece ningún paralelo a su carácter. Nunca ha habido nadie como Jesucristo. Cuanto más estudiemos su vida, tanto más nos impresiona. Sólo las personas que ignoran cómo fue la vida de El, pudieran decir algo para despreciarla. Cuando examinamos su vida, lo vemos como el absolutamente amable; El es el Cristo incomparable; El es el Cristo transparente. Como lo dijera Sidney Lanier: "¿Qué hallaríamos en El para perdonar? El es el único que nunca hizo nada indebido; el único en quien nadie jamás ha podido hallar falta alguna; el único que pudo decir: '¿Quién de vosotros me redarguye de pecado?' "El es el Hombre perfecto, el Ejemplo perfecto de la humanidad.

A veces hay quienes dicen: "Sólo la gente ignorante creería que Cristo fue una gran persona." Escuchemos a algunas de las mentes más brillantes que jamás hayan vivido. Jean Jacques Rousseau, uno de los más grandes intelectos de Francia y un gran opositor del cristianismo, en la última parte de su vida admitió en su obra Emile, que no podría haber la menor comparación entre Sócrates y Cristo; como no la hay entre un sabio y Dios. Goethe, ese genio sublime de Alemania, dijo que Jesús fue "el Hombre Divino", "el Santo". Jean Paúl Triedrich Richter dijo: "El es el más puro entre los poderosos, y el más poderoso entre los puros." Ernesto Renán, el gran orientalista, lingüista, erudito y crítico francés, quien trató de hacer añicos la Biblia, luego de todos sus intentos, dijo que Cristo era ''un hombre incomparable, para quien la conciencia universal ha decretado el título de Hijo de Dios, y eso con justicia, pues El hizo que la religión diera un paso de avance incomparablemente mayor que cualquier otro en el pasado, y probablemente mayor que cualquier otro en el futuro." Renán termina su obra Vida de Jesús con esta notable concesión: "Cualesquiera que sean las sorpresas del futuro, Jesús jamás será sobrepasado."[xiii] Rousseau también dijo: "¿Supondremos que la historia evangélica es una mera ficción? En realidad, no tiene indicios de ficción…  Por el contrario, la historia de Sócrates, la cual nadie se atreve a poner en duda, no está tan bien atestiguada como la de Jesucristo"[xiv]

Usted habrá oído el famoso testimonio que Napoleón Bonaparte dio en la isla de Santa Elena: "Conozco a los hombres; y les digo que Jesucristo no es un hombre." Después de una vida impía, Napoleón llegó a sus últimos días allí en una isla desierta. Leyendo las Escrituras cada día, llegó a las siguientes conclusiones: "Las mentes superficiales ven un parecido entre Cristo y los fundadores de los imperios, entre El y los dioses de otras religiones. Ese parecido no existe. Existe entre el cristianismo y cualesquiera otras religiones una distancia de infinitud. Podemos decir a los autores de todas las otras religiones: 'Vosotros no sois dioses ni agentes de la Deidad. No sois sino emisarios de la falsedad, moldeados con el mismo barro con que fueron moldeados el resto de los mortales. Fuisteis hechos con todas las pasiones y los vicios que son inseparables de ellos. Vuestros templos y sacerdotes proclaman vuestro origen. Tal será el criterio, la exclamación de la conciencia, de cualquiera que examine los dioses y los templos del paganismo." Pero Jesucristo, dijo él, lo asombró y lo llenó de temor.[xv]

William Shakespeare, tal vez el más grande genio literario de todos los tiempos, escribió en su testamento: "Encomiendo mi alma en las manos de Dios, mi Creador, esperando y creyendo sin vacilación que, por los méritos de Jesucristo mi Salvador, seré hecho participante de la vida eterna." Lord Byron dijo: "Si alguna vez el hombre fue Dios, o Dios hombre, Jesucristo fue ambas cosas." Y James Greenleaf Whittier: "La base de la esperanza para mí mismo y para la humanidad está en aquella divina plenitud de amor que se manifestó en la vida, las enseñanzas y el sacrificio de Cristo. En la infinita misericordia de Dios así revelada, y no en ningún valor o mérito de nuestra naturaleza, yo, humildemente y, sin embargo lleno de esperanza, confío." Charles Dickens también: "Encomiendo mi alma a la misericordia de Dios, por medio de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. De la manera más solemne, ahora imprimo sobre vosotros la verdad y belleza de la religión cristiana, tal como vino de Cristo mismo, y la imposibilidad de equivocaros ampliamente, si la respetáis humilde, pero sinceramente." León Tolstoi, el gran genio de las letras rusas, que una vez fuera ateo de la clase más frenética, dijo lo siguiente: "Durante 35 años de mi vida fui, en la acepción propia de la palabra, un nihilista; no un revolucionario socialista, sino un hombre que no creía en nada. Hace cinco años me vino la fe. Creí en la doctrina de Jesús, y toda mi vida experimentó una repentina transformación…  la vida y la muerte dejaron de ser males; en vez de la desesperación, gusté el gozo y la felicidad que la muerte no podría quitarme."[xvi]

Goethe dijo: "Considero los cuatro Evangelios como completamente genuinos, porque de ellos sale el reflejado resplandor de una sublimidad procedente de Jesucristo." George Bancroft, el gran historiador norteamericano, dice que él ve el nombre de Jesucristo escrito a través de todas las páginas de la historia moderna. William E. H. Lecky, el gran escéptico e incrédulo, autor de la obra The History of Rationalism in Europe (La historia del racionalismo en Europa), analizó toda la historia del pensamiento de Europa de todas las épocas, y dijo: "Le estaba reservado al cristianismo presentar al mundo un Personaje ideal, que a través de todos los cambios de 18 siglos ha llenado los corazones de los hombres con un amor apasionado, y ha demostrado ser capaz de actuar en todas las épocas, naciones, temperamentos y condiciones; y que no sólo ha sido el más sublime patrón de virtud, sino el más alto incentivo para su práctica." Ruskin, Lessing, Webster, Wagner y muchísimos más estuvieron de acuerdo con lo antedicho.[xvii]

Hay libros que están llenos de los millares de testimonios de las mentes más grandes que este mundo haya producido jamás. Jesucristo mismo fue la persona más grande que este mundo jamás haya conocido. Simplemente a partir de los escritos de aquellos que descreyeron totalmente en el cristianismo, uno puede dar fe de que Cristo es el ser humano más grande que jamás haya vivido en este mundo. Pilato dijo que Cristo fue "El hombre sin delito." Diderot lo llamó "El insuperable". Napoleón lo llamó "El emperador del amor". David Friedrich Strauss, aquel gran crítico alemán, dijo de Cristo que era "El más sublime modelo de religión". John Stuart Mili, cuyos escritos han llevado a algunos a decir que este escritor fue el hombre más inteligente que jamás haya vivido, llamó a Cristo "El guía de la humanidad". Lecky lo llamó "El más sublime patrón de virtud" Pecant lo llamó "El Santo delante de Dios". Martineau lo llamó "La flor divina de la humanidad". Renán lo calificó de "El más grande entre los hijos de los hombres". Theodore Parker lo encomió como "la juventud con Dios en su corazón". Francis Cobb lo llamó "El regenerador de la humanidad". Roben Owen lo calificó de "El irreprochable".

Ninguna de estas cosas es suficiente. ¡Jesucristo es infinitamente más que todo eso! El es el Creador divino del universo, Aquel sin el cual nada de lo que ha sido hecho, fue hecho; quien vino a este mundo a morir por el pecado de la criatura humana. ¡El es Dios encarnado! El es Aquel que declaró: "Antes que Abraham fuese, yo soy" (Juan 8:58). El es el que dijo: "Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo" (Juan 5:17). El que declaró: "Yo y el Padre uno somos" (Juan 10:30). El exige absoluta sumisión a su voluntad. Quiere ser el Señor y Maestro y Rey de nuestra vida. El demanda que nos arrepintamos de nuestros pecados y que llevemos todo pensamiento cautivo a El; que absoluta y completamente nos rindamos a El como Señor y Salvador.

Jesucristo es real, y un día sabremos que esto es un hecho, porque ante El se doblará toda rodilla. ¡Todos los que hayan vivido jamás: los ateos más volubles, los escépticos más racionalistas, los más perversos y profanos y viles, todos ellos un día doblarán sus rodillas ante El y proclamarán que El es el Señor de todos!

Todas estas son razones por las cuales creo en Jesucristo. Pero no fue así como llegué a conocerlo. Llegué a conocerlo primeramente cuando lo vi levantado ante mis ojos como el divino Salvador que me amaba y estaba muriendo por mis pecados; Aquel cuya frente estaba traspasada por las espinas, cuyas manos estaban clavadas a la cruz; el que dijo: "Venid a mí... y yo os haré descansar" (Mateo 11:28). Allí vi al Amante de mi alma: Aquel que me amó más que padre, o madre, o esposa o hijo; Aquel que me amará eternamente; el único que fue una vez al infierno por mí. Recuerdo que me deslicé de la silla y caí de rodillas, y lo invité a que entrara en mi vida. ¿Por qué? Porque yo estaba conmovido por el Espíritu de Dios e irresistiblemente atraído hacia El. Y así fue como llegué a conocer al Cristo viviente, y a creer en El, mi divino Redentor.[xviii]


[i] Philip Schaff, The Person of Christ (La Persona de Cristo). Bostón, The American Tract Society, 1865, pág. 6.
[ii] Ibíd.
[iii] J. Gilchrist Lawson, Greatest Thoughts About Jesús Christ (Los más grandes pensamientos acerca de Jesucristo). Nueva York, Richard R. Smith, Inc., 1919, pág. 160.
[iv] Schaff, The Person of Christ (La Persona de Cristo), pág. 5.
[v] The Ante-Nicene Fathers (Los Padres antenicenos), vol. 8. Grand Rapids, Michigan, Wm. B. Eerdmans, 1951, págs. 460, 461.
[vi] Citado en McDoweIl. Evidencia que exige un veredicto, pág. 86
[vii] Ibíd., pág. 83
[viii] Ibíd., pág. 84
[ix] Ibíd., págs. 85, 86.
[x] Ibíd., pág. 87
[xi] Philip Schaff, Testimonies of Unbelievers Testimo¬nios de incrédulos). Bostón, The American Tract Society, 1865, pág. 281.
[xii] Citado en McDoweIl, Evidencia que exige un veredicto.
[xiii] Citado en Schaff, The Peñón ofChrist (La Perso¬na de Cristo), pág. 108.
[xiv] Ibíd., págs. 295, 296
[xv] Ibíd., págs. 316, 317
[xvi] Citado en Lawson, Greatest Thoughts (Los más grandes pensamientos), págs. 117-120
[xvii] Ibíd., págs. 120, 121
[xviii] . Ibíd., pág. 147

jueves, 17 de abril de 2014

Por qué creo en la Biblia

Por qué creo en la Biblia

Por: D.J. Kennedy 
 

Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare. Deuteronomio 18:18

Existen muchas razones por las cuales creo en la Biblia. La primera es la que el mismo Dios da: "Profeta les levantaré ... y pondré mis palabras en su boca" (Deuteronomio 18:18). Muchas personas han afirmado estar hablando en nombre de Dios; ¿pero realmente hablan en nombre de Dios, o son falsos profetas? Dios dice que hay una manera de poder saberlo: "Si el profeta hablare en nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que Jehová no ha hablado; con presunción la habló el tal profeta; no tengas temor de él" (Deuteronomio 18:22). "Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho" (Isaías 46:9, 10). "En esto conoce­réis… " Es un asunto de profecía predictiva.

La Escritura dice: "No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno" (1 Tesalonicenses 5:20, 21). Muchas personas han despreciado las profecías de Dios, por cuanto nunca las han examina­do ni probado para determinar si son confiables y ciertas. Tal vez esto se debe a que las personas suponen que la profecía no es real ni genuina, o que es algo que se hace todo el tiempo. Las profecías bíblicas son muy específicas, reales y genuinas; son únicas, por cuanto no existen en ninguna otra parte.

En todos los escritos de Buda, Confucio y Lao-tse, no hallará usted un sólo ejemplo de profecía predictiva. En el Corán (los escritos de Mahoma), hay un ejemplo de profecía específica, en la cual el mismo Mahoma profetiza que regresará a la Meca. Muy diferente de la profecía de Jesús, quien dijo que regresaría del sepulcro. La primera se cumple fácil­mente; la otra es imposible para cualquier ser hu­mano.

Pensemos en algunos de los que hoy hacen profe­cías. Jeane Dixon probablemente es la más famosa profetisa de los Estados Unidos de América hoy. ¿Predice ella el futuro? Ella hace algunas adivina­ciones hábiles, ¿pero se cumplen con exactitud así como se cumplen las profecías de la Biblia? En la década que transcurrió entre 1950 y 1960, hubo tres elecciones presidenciales en los Estados Unidos de América: en 1952, en 1956 y en 1960. Durante ese tiempo, Jeane Dixon profetizó quién sería el candidato de cada uno de los dos principales partidos, en las tres elecciones, y quién ganaría. ¿Cómo le fue a ella en sus predicciones? Falló en cuanto a los candidatos, en cuanto a los partidos y en cuanto a los ganadores en las tres elecciones.

Mi esposa guardó un artículo de la revista National Enquirer de hace dos años, que contenía las prediccio­nes de los diez principales videntes o profetas del mundo de hoy, con respecto a los eventos que debían de ocurrir durante los últimos seis meses de ese año.[i] Yo examiné cuidadosamente todas y cada una de esas 61 profecías. ¿Sabe usted cuántas se cumplieron realmente? ¡Ninguna! Me parece que, si una persona predice 61 eventos, debiera tener suficiente suerte para que se cumpla por lo menos una. Tal vez Dios quiso mostrarle al pueblo cuan incapaces son ellos para predecir el futuro.

Un gran historiador, el doctor John H. Gerstner, dijo que los historiadores saben cuan difícil es prede­cir el futuro, porque las ruedas del futuro se mueven sobre muchas condiciones que se expresan con la conjunción "si..." ¿Pero qué diremos de la Biblia? Sólo en el Antiguo Testamento hay 2000 profecías predictivas; no unas pocas adivinaciones de suerte. Alguien dirá: "Bueno, simplemente son cierta clase de vagas generalidades, como los dichos del oráculo de Delfos, o como los oráculos sibilinos." Se dice que Majencio, el emperador romano, acudió a uno de los oráculos sibilinos y le preguntó qué ocurriría si atacaba al ejército de Constantino que se acercaba a Roma por el otro lado del río Tíber. El oráculo respondió: "Ese día, el enemigo de Roma será destrui­do." Así que, confiado en la victoria, atacó al ejército de Constantino, pero el que resultó destruido fue Majencio. El oráculo falló en definir quién era real­mente el enemigo de Roma. Así, según el patrón de la mayor parte de las declaraciones de los oráculos, la profecía se cumplía, sin importar cuál fuera el resul­tado.

Por otra parte, las profecías de la Biblia son increíblemente específicas y detalladas. Tienen que cumplirse exactamente. No puede caber la posibili­dad de que las profecías sean sólo adivinaciones, porque se relacionaban con cosas de las cuales no había (ni hay) probabilidad de que acontecieran alguna vez. Los profetas bíblicos predijeron exacta­mente lo opuesto de las expectaciones naturales de los seres humanos. No pudieron haberse escrito después de los eventos y haberlas presentado como profecías, pues en centenares de casos, el cumplimiento de la profecía no ocurrió hasta centenares de años después de la muerte del profeta. En muchos casos, el cumplimiento vino después de haberse terminado de escribir el Antiguo Testamento, y aun su traducción al griego en el año 150 a.C.

¿Cuáles son algunas de estas profecías increíble­mente específicas y sorprendentes? Ya se han cumpli­do unas 2000 profecías específicas. Por ejemplo, se relacionan con veintenas de ciudades con las cuales tenía tratos Israel, y con docenas de naciones conti­guas o cercanas a Israel. Todo el futuro de esas naciones y ciudades se describe en el Antiguo Testa­mento, y su exactitud la puede verificar cualquiera que tenga una buena enciclopedia.

Consideremos las profecías concernientes a Tiro y Sidón, las dos grandes ciudades de la costa oriental del Mediterráneo. Tiro era para el mar lo que Babilonia era para la tierra. La gran ciudad de Cartago fue simplemente una de las hijas de Tiro. Y sin embargo, cuando Tiro se hallaba en su apogeo, el profeta del Antiguo Testamento declaró que esa ciudad sería destruida, y que nunca más sería recons­truida, y nunca volvería a ser habitada (Ezequiel 26:19-21). El profeta advirtió a la ciudad de Sidón que sus habitantes serían diezmados, pero que la ciudad continuaría (Ezequiel 28:21-23). Se produje­ron los hechos: la ciudad de Sidón fue atacada, fue traicionada por su propio rey, 40.000 de sus habitan­tes fueron asesinados, pero la ciudad de Sidón continúa hasta hoy.

¿Qué le ocurrió a la ciudad de Tiro? He aquí algunas de las profecías específicas con respecto a ella. Ezequiel declaró cuando Tiro estaba en su apogeo: "Y demolerán los muros de Tiro, y derriba­rán sus torres; barreré de ella hasta su polvo, y la dejaré como una peña lisa. Tendedero de redes será en medio del mar, porque yo he hablado, dice Jehová el Señor… y pondrán tus piedras y tu madera y tu polvo en medio de las aguas… Y te pondré como una peña lisa… nunca más serás edificada; porque yo Jehová he hablado" (Ezequiel 26:4, 5; 12-14). Unos pocos años después de haberse escrito esta profecía, el gran Nabucodonosor de Babilonia trajo su ejército contra Tiro y sitió la ciudad. Durante 13 años la ciudad de Tiro resistió los esfuerzos del rey de Babilonia. Finalmente, los muros de la ciudad se derrumbaron y las huestes del ejército babilonio entraron en la ciudad y mataron al resto de sus habitantes a filo de espada. Millares de ellos, sin embargo, habían huido mar adentro en embarcacio­nes, para formar la nueva ciudad de Tiro en una isla situada a menos de un kilómetro en el Mediterráneo. Por tanto, la profecía se cumplió sólo en parte.

Algunos pudieran decir que Ezequiel escribió esta profecía después de ocurridos los eventos, pero eso sería imposible. Pasaron los siglos. Unos 250 años después, cuando ya hacía tiempo que Ezequiel se había vuelto polvo en su sepulcro, la mayoría de los muros de Tiro aún se elevaban hacia el cielo: mudo testimonio de que la profecía no se había cumplido. Millones de toneladas de piedras, escombros y made­ra quedaban, y sin embargo, Dios había dicho que la ciudad quedaría pelada como una roca lisa; que las piedras, la madera y el mismo polvo de la ciudad serían echados al mar. ¿Qué loco hubiera podido presentarse 250 años después para completar el cumplimiento de esta profecía? Parecía que Dios se hubiera equivocado. Sin embargo, la Biblia había declarado; "… yo Jehová he hablado."

Luego, como un llamado de clarín, llegó una conmoción de terror procedente del norte, cuando apareció en el horizonte un poderoso conquistador. Alejandro Magno estaba acampado frente al estrecho de los Dardanelos, preparando su ataque contra el dominante imperio persa. Cruzó el estrecho y le propinó al rey de Persia su primera derrota demole­dora. El poderoso ejército persa retrocedió y huyó hacia el sur, luego tierra adentro hacia el este, siendo perseguido ardientemente por Alejandro. Sin embar­go, antes de internarse tierra adentro para perseguir al ejército que huía, Alejandro, como gran estratega, decidió anular los efectos de la poderosa armada persa. Cerró completamente todos los puertos del Mediterráneo oriental. Una tras otra, las ciudades capitularon y se rindieron. Finalmente, Alejandro liego a la nueva Tiro, que había sido construida con murallas inexpugnables a menos de un kilómetro fuera de la costa del Mediterráneo. Ordenó a la ciudad que se rindiera. Cuando los habitantes se rieron por el mandato de Alejandro, éste, con un principal ingeniero, Diades, concibió el más osado y atrevido plan de toda la historia de la guerra: construirían una calzada a través de casi un kilómetro del mar Mediterráneo, hasta la isla en que estaba la nueva Tiro. ¿Dónde hallarían los materiales para semejante calzada? El gran rey dio la orden: "Derri­bad los muros de Tiro, tomad las maderas y las piedras, los escombros y los leños, echadlos al mar." Así el gran ejército de Alejandro obedientemente comenzó a cumplir la palabra de Dios.

Hace unos años, compré un librito que versa sobre Alejandro Magno, escrito por Charles Mercer, con la asesoría de Cornelius C. Vermeule III, el encargado de Artes Clásicas en el Museo de Bellas Artes de Bostón. Este libro contiene la más asombrosa descrip­ción de los eventos relacionados con Tiro: "La ciudad de Tiro que estaba en tierra firme fue arrasada, y sus materiales fueron llevados al sitio de construcción. Entre tanto, se traían a rastras grandes troncos de árboles desde los bosques del Líbano, y se abrían canteras en las montañas para proveer las piedras para la fabulosa carretera de Diades… El mismo Alejandro llevó piedras al hombro."[ii] ¡Polvo, madera, piedras! Estos son los mismos materiales de que habló el profeta Ezequiel hace miles de años. Las piedras y la madera y el polvo fueron llevados y echados en el mar. La historia nos dice que incluso rasparon el sitio mismo de la ciudad para sacar cuanto pudieran para hacer esta calzada, a fin de destruir la nueva ciudad de Tiro. Al fin la nueva ciudad fue sitiada, destruida y arrasada.

Pero la profecía no se había cumplido aún por completo. Dios había dicho que destruirían los muros de Tiro y que El la pondría como una peña lisa. Había dicho que se convertiría en un tendedero de redes. Un miembro de mi iglesia visitó recientemente el sitio de la antigua ciudad de Tiro y regresó con fotografías de la que fue la nueva ciudad de Tiro. En las foto­grafías se ven redes tendidas sobre la roca lisa que una vez había sido la orgullosa ciudad de Tiro. "Por­que yo he hablado, dice Jehová el Señor" (Ezequiel 26:5). ¡Que algún incrédulo explique estas profecías!

Consideremos otras dos ciudades: Samaria y Jerusalén. Samaría fue la capital de Israel, el Reino del Norte; Jerusalén fue la capital de Judá, el Reino del Sur. Mientras ambas ciudades estaban en su plenitud, los profetas declararon que Jerusalén no sólo sería destruida y sus habitantes llevados en cautividad, sino que el muro sería destruido (Jeremías 24:9; 29:21; 35:17). Los profetas dijeron, además, que la ciudad y el muro serían reconstruidos por el pueblo que re­gresaría (Isaías 4:3-6). Con respecto a Samaría, los profetas dijeron que sus muros serían derribados; que se convertiría en tierra para plantar viñas; y que sus cimientos serían descubiertos (Miqueas 1:5, 6). ¿Y qué ocurrió con las murallas de Jerusalén? Fueron destruidas, pero fueron reconstruidas. He caminado por encima de los grandes muros de Jerusalén.

En relación con mi visita a Samaría, recuerdo tres cosas acerca de esa ciudad. Posteriormente, aprendí que éstas son las tres profecías específicas que se mencionan en la Escritura. Recuerdo que miré desde un empinado muro enclavado en una alta montaña, y en el valle vi inmensas piedras que una vez habían constituido los muros de Samaría. También recuerdo que nuestro guía nos señaló las viñas, los olivos y otros árboles. Recuerdo que vi las grandes excavaciones en la tierra, que tenían unos diez a 14 metros de profundidad, y mostraban los cimientos de la gran fortaleza que una vez había sido Samaría. "Haré, pues, de Samaría montones de ruinas, y tierra para plantar viñas; y derramaré sus piedras por el valle, y descubriré sus cimientos" (Miqueas 1:6). ¿Qué diría­mos si el muro de Jerusalén fuera destruido hoy? ¿Qué diriamos si los muros de Samaria fueran recons­truidos? Se demostraría que la profecía fue falsa.

¿Cuáles fueron las profecías concernientes a las ciudades de Edom? Edom fue una nación cercana al mar Muerto, que se opuso al pueblo de Dios; por tanto, Dios pronunció una maldición sobre ella. Dijo: "He aquí yo estoy contra ti, oh monte de Seir, y extenderé mi mano contra ti, y te convertiré en desierto y en soledad. A tus ciudades asolaré, y tú serás asolado; y sabrás que yo soy Jehová… Yo te pondré en asolamiento perpetuo, y tus ciudades nunca más se restaurarán; y sabréis que yo soy Jehová" (Ezequiel 35:3, 4, 9). Alexander Keith ha coleccionado declaraciones de algunos escépticos con respecto a estas profecías. (Esos escépticos no tenían ninguna idea de que estaban haciendo referencia a profecías, sino sólo a estos lugares.) Constantine Volney, el escéptico que fue responsable del escepti­cismo de Lincoln, dijo con respecto a Edom: "…uno se encuentra los vestigios de muchas ciudades. En el presente, todo este país es un desierto." El notable explorador y viajero suizo John L. Burkhardt declara que todo el llano presenta a la vista una expansión de arenas movedizas. Esteban, un cristiano que se paró entre las ruinas de Petra, una de las grandes ciudades de Edom, declara: "Si el escéptico se parase, como yo me paré, entre las ruinas de esta ciudad, entre las rocas, y allí abriese el Sagrado Libro, y leyese las palabras del inspirado escritor, escritas cuando este lugar desolado era una de las ciudades más grandes del mundo, yo podría ver cómo se detiene la burla, cómo palidecen sus mejillas, cómo sus labios tiemblan y su corazón se sacude de temor, pues las ruinas de la ciudad le hablarían con una voz alta y poderosa, como si alguien se hubiera levantado de entre los muertos. Aunque no creyera a Moisés ni a los profetas, creería la escritura del mismo Dios en la desolación y ruina perpetua que lo circundarían."

Pensemos en la magnífica ciudad de Babilonia, tal vez la ciudad más grande de los tiempos antiguos. Sus muros tenían unos 23 a 24 kilómetros por lado, o sea, más de 90 km alrededor. La ciudad tenía un área de más de 500 kilómetros cuadrados, y la más bella arquitectura, jardines colgantes y palacios, templos y torres. No abastecía sus almacenes de ningún país extraño. Inventó un alfabeto, resolvió problemas de aritmética, inventó aparatos para medir el tiempo, y en ciencia avanzó más que todos los pueblos que le precedieron. Sin embargo, cuando Babilonia era la ciudad más grande del mundo, Dios dijo de ella: "Y Babilonia, hermosura de reinos y ornamento de la grandeza de los caldeos, será como Sodoma y Gomorra, a las que trastornó Dios" (Isaías 13:19).

Hay más de cien profecías específicas concernientes al destino de Babilonia. Considérense los grandes muros de Babilonia. El historiador Herodoto nos dice que esos muros tenían torres que se elevaban a 92 metros de altura, por encima de la altura de los muros mismos que era de 61 metros. Los muros tenían 57 metros de espesor en la base, y encerraban una superficie de más de 500 kilómetros cuadrados. La ciudad de Babilonia era inexpugnable. Pero Dios dijo con respecto a esas torres y a esa ciudad: "El muro ancho de Babilonia será derribado enteramente …  este lugar …  para siempre ha de ser asolado" (Jeremías 51:58, 62). ¿Es vaga o ambigua esa profe­cía? ¡De ninguna manera!

La Gran Muralla China no es ni aproximadamente tan grande ni tan fuerte como lo fue la de Babilonia; con todo, y aunque es más vieja, aún permanece hoy. Los muros de Jerusalén aún están erguidos. ¿Pero qué les pasó a los muros de Babilonia? Major Keppel dice, en la Narrativa de sus viajes: "No descubrimos en absoluto ni huellas de los muros de la ciudad." Los muros de Babilonia fueron destruidos, pero sólo gradualmente. El profeta no hubiera tenido la posibi­lidad de escribir su predicción después del evento, pues la profecía no se cumplió por completo hasta después del tiempo de Cristo. El Antiguo Testamento se había completado y había sido traducido al griego 500 años antes del cumplimiento cabal de dicha profecía.

En el siglo cuarto d.C., Juliano el Apóstata llegó al trono de Roma. Su deseo predominante era destruir el cristianismo y restablecer las religiones paganas de Roma. Mientras se hallaba en guerra contra los persas acerca de las ruinas de Babilonia, Juliano destruyó completamente los restos de los muros de la ciudad, a fin de que en el futuro no ofrecieran protección alguna al ejército persa. Así, uno de los más grandes oponentes que la Biblia haya tenido en todos los tiempos, cumplió cabalmente la profecía.

Pero Dios había dicho mucho más con respecto a esta ciudad: "Por la ira de Jehová no será habitada, sino será asolada toda ella… nunca más será poblada ni se habitará por generaciones y generaciones" (Jeremías 50:13, 39). ¿Pudiera haber algo más especí­fico que esto? ¿Se han cumplido estas profecías.' Yo he visto fotografías de Babilonia. Es un intransitable yermo de inmensos montículos y cúmulos de tierra, habitado sólo por chacales, víboras y escorpiones. Los mismos escépticos la han descrito como nada, sino montones de tierra; nos dicen que esas ruinas son los únicos restos de Babilonia. Ruinas como las de Babilonia, compuestas por montones de escombros impregnados de nitro, no se pueden cultivar. En Babilonia, cuyos campos alrededor de la ciudad eran tan fértiles que Herodoto se negó a escribir acerca de ellos, no fuera a ser que la gente pensara que él estaba loco, ahora no crece nada, porque Dios condenó esa área a perpetua desolación, y ni una hoja de grama sobrevivirá. Es un desierto árido. Las ruinas son casi la única indicación de que fue habitada alguna vez.

Consideremos las siguientes dos profecías específi­cas, pero aparentemente contradictorias: "Subió el mar sobre Babilonia; de la multitud de sus olas fue cubierta" (Jeremías 51:42). La otra profecía describe a Babilonia como "tierra seca y desierta, tierra en que no morará nadie" (versículo 43). Ahora, notemos el sorprendente cumplimiento. Claudius James Rich, en su obra Narrativo of a Joumey to the Site of Babylon in 1811 (Narrativa de un viaje al sitio de Babilonia en 1811), señala: "Por espacio de dos meses cada año, las ruinas de Babilonia quedan inundadas por el desbor­damiento anual del Eufrates, que hace que muchas partes de ellas sean inaccesibles, pues los valles cubiertos se convierten en marismas." Después que bajan las aguas, hasta los montículos bajos vuelven a ser ruinas quemadas por el sol, y el sitio de Babilonia, como el de otras ciudades de Caldea, es un desierto seco, un llano ardiente y reseco. Pero Dios dijo que nunca se volvería a reconstruir. Esta era una profecía totalmente contraria a todas las expectaciones del pasado, cuando toda ciudad del Cercano Oriente que había sido destruida, se había vuelto a reconstruir. Babilonia se hallaba situada en la pane más fértil del valle del Eufrates; y sin embargo, 2500 años han venido y se han ido, y Babilonia permanece como un desierto deshabitado hasta el día de hoy.

Dios dijo que la ciudad no se volvería a reconstruir. Sin embargo, el hombre más poderoso que el mundo haya visto jamás, Alejandro Magno, decidió recons­truir a Babilonia. Al pasar por las ruinas de la ciudad, determinó convertirla en la capital de su imperio mundial. Dio orden para que se dieran 600.000 ra­ciones a sus soldados para que reconstruyeran la dudad de Babilonia. ¿Sería refutado Dios? La historia registra el hecho de que inmediatamente después de hacer la declaración de reconstruir a Babilonia, Ale­jandro Magno cayó muerto, y toda la empresa quedó abandonada. Porque Dios había dicho que nunca más se volvería a reconstruir.

Estas son más o menos una docena de las 2000 profecías especificas que se hallan sólo en el Antiguo Testamento. Yo creo que los que dicen que la Biblia fue escrita por hombres, simplemente expresan su propia ignorancia sobre el tema. No hay nada pareci­do a esto en toda la literatura del mundo, ni en la religiosa ni en la irreligiosa. ¡La mano que escribió estas Escrituras no fue la de ningún otro, sino la de Aquel que pudo decir: "Yo soy el primero y el último; soy el principio y el fin; soy el que sabe todas las cosas; soy el que declara las cosas que aún están por venir." Las predicciones son también promesas. Creo que Dios nos dio más de 2000 predicciones a fin de que aprendamos a creer sus promesas. Dios prometió que los muros de Jerusalén serían reconstruidos; que los muros de Babilonia nunca se volverían a reconstruir; que Tiro sería destruido; que Sidón continuaría — para que nosotros creamos sus promesas.

El también prometió que el que cree en el Hijo nunca morirá, sino que tiene vida eterna; y que el que no cree en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él. La veracidad de estas palabras y la certidumbre de su cumplimiento están confirmadas por más de 2000 profecías que ya se han cumplido. Cualquiera que las desprecie, no tiene que echarle a nadie la culpa de su propia destrucción, sino a sí mismo.


[i] Nationai Enquirer (El investigador nacional), 7 de enero de 1975, págs. 24, 25
[ii] Charles Mercer, Alexander the Great (Alejandro Magno). Nueva York, Harper & Row, 1962, pág. 61.

El Pajarito Canadiense

El Pajarito Canadiense

Fuente: mail de nuestra corresponsal Priscila... gracias!


Un pajarito canadiense decidió que era un problema demasiado grande viajar al sur para el invierno. Se dijo: «Puedo desafiar al invierno. Muchos otros animales lo hacen. No puede ser tan difícil». Cuando todas las demás aves emprendieron en bandadas el viaje hacia la asoleada América del Sur, este pajarito se quedó a esperar el invierno.

Hacia fines de noviembre, estaba pensándolo de nuevo. Nunca había sentido tanto frío, y no podía encontrar alimentos. Finalmente se quebrantó y comprendió que si no salía pronto de allí, no iba a logra pasar el invierno. Entonces empezó su solitario vuelo hacia el sur.

Después de un tiempo comenzó a llover. Antes que se diera cuenta, el agua se estaba convirtiendo en hielo en sus alas. En su lucha, se dio cuenta que no podría seguir volando. Sabía que iba a morir, así que dejó de aletear y se estrelló contra el suelo junto a un granero.

Estaba allí medio aturdido cuando pasó una vaca sobre él y plop, vació su intestino sobre la pobre avecilla. El pajarito estaba completamente disgustado. Aquí estoy, pensó, muerto de frío. Voy a morir. Estoy por dar mi último aliento y entonces me cae esto encima. ¡Qué horrible manera de morir!

El pajarito contuvo el aliento y se preparó para morir. Pero después de dos minutos descubrió que estaba ocurriendo un milagro. Se estaba calentando. El hielo de sus alas se estaba derritiendo. Sus músculos se desentumecieron. La sangre fluía nuevamente. Comprendió que después de todo iba a sobrevivir. Estaba tan contento y feliz que comenzó a cantar una gloriosa canción.

En esos momentos, el viejo gato montés de la granja, que estaba echado en el heno lo oyó cantar. No lo podía creer; no había oído algo igual desde algunos meses, y se dijo: «¿No es un pájaro? Pensé que todos se habían ido para el sur por el invierno».

Salió del granero, miró hasta que vio donde estaba el pajarito. Se acercó y lo sacó suavemente del desecho de la vaca, lo limpió ... ¡y se lo comió!

Hay tres moralejas en este cuento:
  1. No todo el que te ensucia es enemigo;
  2. No todo el que te limpia es tu amigo;
  3. Si alguien te ensucia, calla. Lo mismo puede aplicarse a usted mientras trata de realizar su sueño.
Algunas personas que se considera amigos pelearán contra su éxito. Otros lo apoyarán de una manera no esperada. Pero no importa quién lo critique ni cómo lo haga, no permita que nadie le desenfoque de su sueño.

De cada circunstancia en la vida encontramos una bendición de Dios, así como encontramos una estrategia del mal, depende de que deseamos hoy ver. 

Fuente: Tomado de el libro El mapa para alcanzar el éxito. John Maxwell

miércoles, 16 de abril de 2014

La epidemia de "los ninis"

La epidemia de "los ninis"
Por: Emma Sánchez
Feb 12, 2014

Una terrible epidemia se propaga entre nuestra juventud y amenaza a todos los hogares, entérate y prepárate para administrar la única vacuna de fabricación casera: ¡el MOTEX!


El virus

El concepto “nini” designa a los jóvenes cuya edad está entre los 14 y los 29 años y que, por frustración o consentimiento paterno, han decidido ni estudiar ni trabajar. Esto causa una serie de problemáticas que están afectando el plano familiar, y los entornos económicos y sociales de diversos países.

El origen de la epidemia

Durante los últimos 30 años a nivel mundial se han vivido y experimentado las consecuencias de crisis económicas, desempleo y falta de capacidad de muchos gobiernos para responder a las necesidades de la población, desde lo básico hasta lo que tiene que ver con la educación y el trabajo. El fenómeno social de la aparición de los “ninis” se da, en su mayoría, dentro de las clases medias y altas, pues curiosamente los muchachos de estos estratos sociales tienen asegurado el alimento, el techo, el vestido e incluso las diversiones; es decir, sus padres les sostienen este estilo de vida y el esfuerzo de parte del joven, por consiguiente, carece de sentido. Esta nueva epidemia de "los ninis" amenaza a todos los hogares, incluido el tuyo por supuesto; ponlo en cuarentena.

¿A qué se debe este fenómeno? Hay muchos factores, pero solo dos son constantes en todos los casos: La frustración del joven y la falta de exigencia y tolerancia por parte de sus padres.


Los síntomas

Son propensos a convertirse en “ninis” los muchachos que:

·         No tuvieron orientación vocacional adecuada y no saben qué estudiar.
·         Los rechazados de las instituciones educativas y que, por decepción, abandonan el estudio.
·         Los que al estudiar una carrera la dejan por cualquier motivo.
·         Los que teniendo padres con un excelente nivel económico piensan que tienen el futuro asegurado, y que no necesitan trabajar o estudiar.
·         Los egresados universitarios que al no encontrar empleo pronto se resignan a no trabajar ni a seguir estudiando.
·         Las mujeres cuya educación y metas han sido limitadas a “esperar casarse”.

La vacuna

Es gratuita, se llama MOTEX (MOTIVACIÓN y EXIGENCIA) y se administra diariamente en grandes dosis desde el nacimiento hasta la adultez. Comienza a administrarla en tu hogar bajo las siguientes prescripciones:

No premies a tus hijos con grandes regalos por estudiar, ese es un privilegio y un deber, si a un pequeño le prometes una tableta para que haga las tareas, ¿con qué lo vas a sobornar para que termine la preparatoria? no te hacen un favor al ir a la escuela. Su recompensa es su satisfacción personal por cumplir, las palabras de aliento, las cartas que les escribes con el corazón, tu trabajo a su lado para hacer las tareas, pero nunca regalos caros o materiales. Cada vez son más los padres que obsequian a sus hijos dispositivos electrónicos sofisticados, costosos y complejos, que no tienen la capacidad de valorar; y si a un pequeño le prometes una tableta para que haga las tareas, ¿con qué lo vas a sobornar para que termine la preparatoria? háblales de una carrera, de un trabajo, de cómo ellos bendecirán la vida de otros con su esfuerzo y trabajo


A tus hijos, desde pequeños, incúlcales un ideal de vida, un sueño, una ilusión; háblales de una carrera, de un trabajo, de cómo ellos bendecirán la vida de otros con su esfuerzo y trabajo; inspíralos con las historias de los abuelos y sus grandes esfuerzos; anímalos a lograr pequeñas metas y enséñales a reconocer eso que sienten cuando consiguen las cosas por sí mismos.

Los jóvenes deben de anhelar trabajar y ganar “su dinero” para beneficio propio; enséñales a no abandonar las tareas, a concluir y terminar y cerrar etapas y actividades, a no huir


Incentívalos a trabajar, a ser buenos empleados, a ser puntuales. Muchos jóvenes no saben ni siquiera llenar una solicitud de empleo, o presentarse ante un nuevo trabajo, vestir de manera apropiada, ser puntuales y responsables, ser acomedidos o hablar de forma correcta al solicitar empleo, de ahí que no los contraten; esas son habilidades que se enseñan en casa.

Si como padres no establecemos expectativas altas para nuestros hijos, ellos no podrán descubrir su maravilloso potencial

Cuando nuestras hijas iniciaron la educación preparatoria anunciamos las nuevas reglas para esa y las siguientes etapas de vida que vendrían: entre otras, quedamos claros que al terminar la escuela, ellas tendrían que encontrar trabajo y matricularse en alguna universidad o carrera técnica; que no se les pagarían estudios superiores y, de no esforzarse, no habría lugar para ellas en casa. Y que al trabajar tendrían que contribuir con el gasto familiar con un porcentaje de sus ingresos. ¿Medidas drásticas? No lo creo. Ellas lo lograron sin nuestra ayuda y superaron nuestras expectativas y créanme, no hay mayor satisfacción que el saber que nuestros hijos son buenas personas, útiles y de trabajo. Si como padres no establecemos expectativas altas para nuestros hijos, ellos no podrán descubrir su maravilloso potencial.

Tú, mejor que nadie, sabe cómo motivar (repito MOTIVAR, no sobornar) a tus hijos y hasta dónde y cómo EXIGIRLES, porque si los dejas en total libertad y comodidad tendrás hijos cuarentones solteros, plácidamente instalados en tu casa sin ganas de salir y enfrentar la vida, y tú sirviéndoles y haciéndote responsable de ellos, en el mejor de los casos; porque hay otras opciones, las drogas y la delincuencia organizada, por ejemplo, y esas sí son palabras mayores. Evítales y evítate sufrimientos innecesarios. Recuerda que la mejor cura es la prevención.

Fuente: http://familias.com/la-epidemia-de-los-ninis-amenaza-a-todos-los-hogares-pon-el-tuyo-en-cuarentena
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