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Entrégale a Dios tu amor, y él te dará lo que más deseas. Pon tu vida en sus manos; confía plenamente en él, y él actuará en tu favor. Salmo 37:4 BLS

jueves, 11 de agosto de 2011

Devocional Día 41

Devocional Día 41
Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración


DIEZ PASOS EN LA PREPARACIÓN PARA ORAR

Aarón, el primer sumo sacerdote, fue un tipo de Cristo— quien vino a ser nuestro Sumo Sacerdote en la salvación. Aun Aarón fue también modelo de la nación espiritual de sacerdotes que servirían a Dios en Cristo. Hay mucho que podemos aprender de las instrucciones de Dios a Aarón, lo cual nos ayudará a entender nuestro papel en el Nuevo Testamento como "real sacerdocio" (1ra Pedro 2:9). Podemos aprender cómo Dios le dijo a Aarón que entrara en Su presencia en el Día de la Expiación, así podemos entender cómo Él quiere que entremos en Su presencia hoy. Seguidamente, hay diez maneras de cómo prepararnos para entrar en la presencia de Dios para que estemos capacitados para comunicarnos con Él, elevar oración eficaz y ser Sus mediadores a favor del mundo.

Fuente: Munroe, M. (2005) Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración. Whitaker House. EE.UU.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Devocional Día 40

Devocional Día 40
Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración


UN REINO DE SACERDOTES

Estas verdades concernientes a la naturaleza de nuestra relación con Dios nos dan un contexto para los principios que miraremos en Levítico 16. Necesitamos ver que los requisitos que Dios dio en el Antiguo Testamento son absolutamente válidos para nosotros los que vivimos bajo el nuevo pacto. La diferencia es que ahora ellos pueden ser cumplidos en Cristo.

Al libro de Levítico se le nombró así por los levitas, una tribu de Israel. Aarón, un levita y hermano de Moisés, fue el sumo sacerdote de Israel. Los descendientes de Aarón llegaron a ser el linaje sacerdotal. Cuando usted lee el libro de Levítico, usted está leyendo los mandamientos que Dios les dio a los sacerdotes.

Los sacerdotes levitas eran intercesores o mediadores entre Dios y el pueblo de Israel. Ellos eran un grupo selecto que tenía este llamado dentro de la nación. Sin embargo, la Biblia enseña que Dios le ha dado a la palabra sacerdote un significado más amplio que tiene implicaciones significativas para la oración.

En Éxodo 19, poco después de que Dios libró a los hijos de Israel de la esclavitud de Egipto y antes de que instituyera el sacerdocio levítico, Él le dijo a Moisés: "Ve y dile al pueblo: 'Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa'" (v. 6, el énfasis fue añadido). ¿Quiénes iban a ser sacerdotes? Toda la nación, tanto hombres como mujeres—niños, adolescentes, adultos jóvenes, adultos de mediana edad y ancianos—iban a ser todos sacerdotes.

Dios quiere ganar al mundo por medio del sacerdocio de los creyentes.

En la perspectiva de Dios, el sacerdocio no iba a ser exclusivamente para un grupo especial, sino para todos aquellos que pertenecen a Él. Esto era verdad, comenzando desde la creación del hombre. Los propósitos de Dios son eternos y Su plan original para la humanidad, el cual empezó con Adán, fue heredado a las generaciones posteriores. Dios confirmó Su plan con Abraham, Isaac y Jacob, siendo los descendientes de Jacob los que llegaron a ser la nación de Israel.

Israel heredó la promesa de Dios a Abraham: "Habiendo de ser Abraham una nación grande y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las naciones de la tierra" (Génesis 18:18). Esta promesa corresponde al plan original de Dios para que el género humano ejerciera dominio y autoridad sobre la tierra. Además, cuando Dios llamó a los hijos de Israel "un reino de sacerdotes, y gente santa", Él estaba reflejando Sus propósitos para la humanidad desde Adán hasta Abraham, desde Jacob hasta los hijos de Israel y mas allá. El plan de Dios es que el hombre sea Su representante en la tierra. El primer hombre fue creado como un sacerdote—uno que sirviera como intermediario de Dios en la tierra. Todos los descendientes de Adán estaban destinados a ser sacerdotes. ¿Por qué, entonces, Dios instituyó el sacerdocio levítico?

Sabemos que Dios quería que Adán esparciera Su voluntad y Su naturaleza por toda la tierra, que administrara Su reino, llenando todo el mundo como una sencilla "nación" de gente llena del Espíritu. Adán falló y la tierra vino a ser poblada por muchas naciones que no conocieron a Dios. Fue entonces que Dios escogió a una de esas naciones—Israel—sacándola de entre todas para que sirvieran como sacerdotes para las otras naciones. Además, todo el pueblo de esta nación iba a ser sacerdote. Pero Israel también falló en cumplir el llamamiento de Dios. Por eso Dios escogió un pequeño grupo de la nación, la tribu llamada levitas para que sirvieran como sacerdotes. Dios instruyó a los levitas para que mediaran por la nación de Israel. Esto habilitaría a Israel para cumplir su llamado de ir a las otras naciones del mundo como representantes de Dios, para que, de esta manera, todas las naciones regresaran a Él. Ese era el propósito del sacerdocio levítico: restaurar el propósito de Dios para Israel.

No obstante, este sacerdocio también falló en seguir a Dios y se corrompió. Luego Dios envió a los profetas para le dijeran a los sacerdotes que regresaran a Él, pero Israel mató a los profetas o los ignoró. Por consiguiente, Dios tuvo que venir personalmente. Dios levantó un Sacerdote, no solamente del linaje de Abraham, sino de su propia casa. Uno que sería fiel, Jesús, la segunda Persona de la Trinidad, el Hijo de Dios, nuestro Sumo Sacerdote:

Y nadie toma para siesta honra, sino el que es llamado por Dios, como lo fue Aarón. Así tampoco Cristo se glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote, sino el que le dijo "Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy". Como también dice en otro lugar: "Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec" (Hebreos 5:4-6).

Este Sacerdote no falló. Sirvió a Dios perfectamente. Él supo cómo entrar en la presencia de Dios y cómo representar al hombre ante Dios y a Dios ante el hombre. Al hacerlo así, Él creó una nueva nación de personas que serían sacerdotes de Dios para el mundo. Esta nación se llama la Iglesia. ¿Qué le dijo Dios a la Iglesia? Lo mismo que le dijo a Israel. El apóstol Pedro escribió:

Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo...Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable (1ra Pedro 2:5, 9).

Dios creó una nueva nación de intercesores llenos del Espíritu.

Cuando Dios le dijo a Abraham que Él crearía una nación grande del linaje de Abraham y que por medio de él todas las naciones del mundo serían bendecidas, ¿cuál era Su intención? Era redimir al mundo entero. Para mantener Su Palabra, Dios creó una nueva nación del descendiente de Abraham, Jesús de Nazaret, y de su descendencia espiritual que creyera en Jesús—"aquellos que son de la fe de Abraham" (Romanos 4:16, el énfasis fue añadido).

Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe....Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia;—no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros. Como está escrito: "Te he puesto por padre de muchas gentes" delante de Dios, a quien creyó..." (vv. 13, 16-17).

Esta nueva nación está formada tanto de israelitas (judíos) como de gentiles (no judíos) quienes han puesto su fe en Cristo. También separa otras barreras entre los pueblos. Es una sola nación de personas llenas del Espíritu, lo cual fuera el propósito original de Dios. "Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús" (Gálatas 3:28). Cuando Dios escogió a los sacerdotes levitas, ese un pequeño grupo que formó con hombres solamente. Sin embargo, cuando en Éxodo 19 declaró que toda la nación de Israel iba a ser "un reino de sacerdotes, y gente santa" (v. 6), el sacerdocio incluyó a mujeres y hombres. Cuando el pueblo pecó, una de las consecuencias fue que ellos aislaron el sacerdocio para que sólo incluyera hombres. Ese no es el caso con los herederos espirituales de Abraham. El profeta Joel, dijo:

Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días (Joel 2:28-29).

Esto quiere decir que cuando el Señor mismo vino a la tierra como Dios, el Hijo, Su intención era crear una nueva nación en la cual todos recibieran el Espíritu Santo, por medio de esto ellos serían intermediarios de Dios para el mundo. En los días de Joel la idea de mujeres sacerdotisas era chocante. Nunca nadie había escuchado de una mujer recibiendo la unción de sacerdote. Sin embargo, Joel dice: "Viene el tiempo cuando los hijos y las hijas profetizarán, igualmente en jóvenes y viejos el Espíritu Santo se derramará sobre ellos". Las personas ya no serían más puestas en categorías. Si una persona se arrepintió y creyó en Cristo, Dios llenará a esa persona con Su Espíritu y hará de esa persona Su sacerdote.

Por consiguiente, como creyentes, usted y yo somos sacerdotes ante Dios. La Biblia le llama al sacerdocio una ordenanza eterna. (Véase Números 18:18, NVI). Esta es una ordenanza eterna.

Fuente: Munroe, M. (2005) Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración. Whitaker House. EE.UU.

martes, 9 de agosto de 2011

Devocional Día 39

Devocional Día 39
Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración


SANTIDAD E INTEGRIDAD

Cuando no tenemos un santo temor de Dios o respeto por Sus mandamientos, somos incapaces de entrar verdaderamente en Su presencia. Es por eso que, cuando hablamos de buscar a Dios, debemos hablar de santidad. La santidad es crucial para la oración porque "sin santidad nadie verá al Señor" (Hebreos 12:14). Jesús enfatizó esta verdad cuando Él dijo: "Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios" (Mateo 5:8). No creo que estos versículos se refieran a ver a Dios en el cielo, sino a la vida cotidiana en la tierra. Se refieren a ver a Dios ahora, en el sentido de tener una íntima relación de amor con Él y de entrar en Su presencia para conocer Su mente y corazón.

La santidad es crucial para la oración porque "sin santidad nadie verá al Señora

Fue durante Su primera enseñanza pública que Jesús dijo que el de corazón puro verá a Dios, esto se encuentra en Mateo 5. Él enseñó al pueblo lo que ahora nos referimos como a "Las bienaventuranzas", y que a mí me gusta llamarlas "actitudes futuras"—las actitudes que definen quiénes se supone que seamos en Cristo. Jesús comenzó diciendo: "Bienaventurados los pobres en espíritu, porque ellos heredarán el reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación" (Véase vv. 3, 4). Aquí llorar significa humillarse en ayuno. Por eso es que Jesús dijo: "Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación" (v. 4). Dios le satisfará si usted lo busca a Él con todo su corazón. Fue en este contexto que Jesús dijo: "Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios" (v. 8).

Cuando Jesús hizo esta declaración, Él no se estaba refiriendo a nuestra muerte y de ver a Dios en el cielo. Él estaba enseñándonos las actitudes con las que debemos vivir cada día—en esta tierra. Él nos estaba diciendo cómo permanecer en unidad con Dios.

¿Qué significa ser de limpio corazón? Limpio significa santo. En efecto, por eso Jesús estaba diciendo: "Bienaventurados son los de corazón santo, porque ellos verán a Dios". La palabra santo significa "santificar", o "apartar", o "depurar". "Bienaventurados son los depurados de corazón, porque ellos verán a Dios". Cuando usted es puro de corazón, su mente está puesta en Dios y en Sus caminos.

"Porque yo soy Jehová vuestro Dios, vosotros por tanto os santificaréis (pónganse aparte ustedes mismos) y seréis santos, porque yo soy santo" (Levítico 11:44). ".. Yo soy Jehová que os santifico" (Levítico 20:8). Quizás no hay palabra que describa mejor a Dios que la santidad. En estos versículos Dios está diciendo: "Apártense de la misma manera que Yo lo hago. Sean santos como Yo soy santo". Consagrarse quiere decir tomar una posición o situarse usted mismo de tal manera que pueda decir: "Voy a hacer un alto hasta que obtenga lo que persigo". Levítico 20:26, dice: "Habéis, pues, de serme santos, porque yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos para que seáis míos". La santidad siempre tiene que ver con la separación. Ésta tiene que ver con que usted se sujete a Dios y no se deje influenciar por las personas que no se sujetan a Él y que tampoco creen en Su Palabra.

¿Qué significa "ver" a Dios en relación a la oración? Las Escrituras dicen: "...quédense quietos en sus puestos, para que vean la salvación que el Señor les dará" (Éxodo 14:13; 2da Crónicas 20:17, NVI). En esencia, lo que Dios dice es: "Si ustedes son santos, entonces Yo mismo Me manifestaré ante ustedes. Ustedes Me verán; verán Mi salvación en sus vidas". Si su mente está puesta en relación con su oración—es decir, si usted está convencido de que Él hará lo que Él le ha prometido, si usted es puro en lo que ha creído y en lo que hace—entonces lo verá a Él manifestado. En este sentido, la santidad es la clave tanto para ser persistente en la oración como para recibir respuesta a la oración. Santidad es estar convencido de que lo que Dios dice y lo que Dios hace es lo mismo.

Usted podrá orar todo lo que quiera, pero debe ser santo para ver la respuesta. Las Escrituras dicen:

Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos (Santiago 1:5-8).

Este versículo está diciendo que pedir no es suficiente. Usted puede pasar una hora en oración y aún no recibir nada. Una persona que es de "doble ánimo...inconstante en todos sus caminos" demuestra impiedad por qué hay una inconsistencia entre lo que dice y lo que realmente cree y hace. En efecto, Dios nos está diciendo: "Si ustedes Me piden algo y luego dudan de que lo haré, ni piensen que lo van a recibir". Si dudamos Dios no puede darlo, porque Él es santo y permanecer verdadero en lo que Él ha dicho en Su Palabra.

La santidad no es una presencia mística, nebulosa, misteriosa, humosa. Es muy práctica y real. Santidad significa "uno"—no el número uno, sino uno en el sentido de "íntegro". La santidad denota el concepto de ser integrado. Integrado viene de la misma raíz que integridad. Dios tiene integridad porque lo que Él dice, lo que Él hace y lo que Él es son lo mismo. Es exactamente eso lo que significa santidad. Dios hace siempre lo que Él dice que va a hacer porque Él es uno en Sí mismo. ¿Por qué es esto importante para la oración? Lo profano no puede permanecer en Su presencia. En el Antiguo Testamento, si alguien entraba a la presencia de Dios sin estar santificado, moría. De hecho, Dios advirtió a los sacerdotes: "No entren en Mi presencia a menos que estén santificados, porque Yo soy santo. Si vienen sin estar santificados, los destruiré". Aquellos que murieron de esa manera, no murieron porque a Dios le plazca matar a las personas. Murieron porque lo profano y la santidad no pueden convivir juntos. Dios dice: "Los limpios de corazón Me verán" (Véase Matero 5:8). Aquellos que están impuros no pueden ver a Dios.

Cuando vamos a Dios en oración, debemos tener la misma integridad entre lo que decimos y lo que Él hace, porque la santidad es decir la verdad y luego vivir la verdad. Dios dice: "Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón" (Jeremías 29:13). No podemos sólo decir que estamos buscando a Dios. Si queremos encontrarle a Él, debemos realmente buscarlo a El. En otras palabras, debemos ser claros en nuestros deseos de encontrarle a Él. Debemos decir como Jacob: "Dios, no te dejaré ir hasta que te vea" (Véase Génesis 32:24-30).

Si usted es santo, lo que usted dice, cree y hace también será santo.

¿Es de esa manera como usted se acerca a Dios? Si usted busca a Dios con todo su corazón, mente y conciencia; si usted le busca con todo lo que hay en usted, Él promete que usted le encontrará. Si usted no le busca a Él con todo su corazón, mente, pasión y atención, luego si Dios se presenta, significa que Él no está siendo fiel a Su Palabra—porque Él ha dicho que Él solamente vendrá si usted Le busca con todo su corazón.

Si Dios no fuera fiel a Su Palabra, entonces Él estaría actuando de manera impía. Si no contáramos contar con que Dios haga lo que Él dice que hará, no podríamos confiar nunca más en Él. Él tiene que ser fiel a Su Palabra, aun si esto significara no contestar las oraciones que hacemos sin entusiasmo y sin creer. Note que fue sino hasta que los seguidores de Jesús estaban todos en mismo acuerdo— cuando estaban con un mismo pensamiento—que les fue dado el Espíritu Santo (Véase Hechos 2:1).

Debido a que sabemos que Dios es santo es que podemos creer que Él cumplirá lo que ha prometido. Podemos creer que recibiremos de Él lo que hayamos pedido de acuerdo a Su Palabra. No obstante, Santiago dijo que si dudamos, somos de doble ánimo. Eso quiere decir que no tenemos integridad—no somos santos. Siendo que Dios es santo, nosotros también debemos ser santos si queremos recibir respuestas a nuestras oraciones.

Esto es un punto tan importante que quiero enfatizarlo una vez más: Indecisión es lo opuesto a santidad e integridad. Si usted está integrado, entonces, lo que usted dice, lo que usted cree, lo que usted hace y como usted responde, son la misma cosa. Si usted le dice a Dios que cree en Él pero actúa de manera opuesta cuando está en su trabajo, cuidando de los hijos o con sus amigos, entonces usted no está integrado, limpio, santo. Usted es indeciso. "No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor" (Santiago 1:7).

Fuente: Munroe, M. (2005) Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración. Whitaker House. EE.UU.

lunes, 8 de agosto de 2011

¿Ahorrar o Invertir?

¿Ahorrar o Invertir?
 Ministerio Nehemías
Iglesia Cristiana Integral Casa sobre la Roca
Cali, Colombia



Para este jueves tendremos nuestra reunión congregacional del Ministerio Nehemías, por lo cual deseamos invitarte a compartir la Palabra de Dios en torno al tema "¿Ahorrar o Invertir?", que estamos seguros será de gran bendición para tu vida en el rol espiritual, familiar y laboral en el cual te desempeñas.

Te recordamos que puedes llevar invitados para que empiecen dando el primer paso recibiendo al Señor y descubriéndolo como un Dios total e integral.

Mil Bendiciones!,

Oscar Campo

Director

Carrera 48 N. 9D – 35, 
Santiago de Cali, Colombia

Espejito, espejito

Espejito, espejito

Le preguntaron a Mahatma Gandhi cuáles son los principales factores que destruyen al ser humano.

Él respondió así:

-La Política sin principios, el Placer sin compromiso, la Riqueza sin trabajo, la Sabiduría sin carácter, los Negocios sin moral, la Ciencia sin humanidad y la Oración sin caridad.

La vida me ha enseñado que la gente es amable, si yo soy amable; que las personas están tristes, si estoy triste; que todos me quieren, si yo los quiero; que todos son malos, si yo los odio; que hay caras sonrientes, si les sonrío; que hay caras amargas, si estoy amargado; que el mundo está feliz, si yo soy feliz; que la gente es enojona, si yo soy enojón; que las personas son agradecidas, si yo soy agradecido.

La vida es como un espejo: Si sonrío, el espejo me devuelve la sonrisa. 

La actitud que tome frente a la vida, es la misma que la vida tomará ante mí.

"El que quiera ser amado, que ame"

Devocional Día 38

Devocional Día 38
Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración


REVERENCIA A DIOS

El término "entrar en la presencia de Dios" se usa con frecuencia en la iglesia de hoy para referirse a la adoración y a la oración. Sin embargo, en nuestro cristianismo casual del Siglo XXI, la mayoría de nosotros no entendemos lo que realmente significa este concepto. Aun cuando intentemos hacerlo sinceramente, todavía no lo logramos. ¿Por qué? Francamente, es porque a menudo no tenemos una genuina reverencia a Dios. He aquí sólo un pequeño ejemplo. En mis años de crecimiento, si una persona llevaba puesto un sombrero cuando entraba a la iglesia, se quitaba su sombrero por respeto al lugar donde Dios era adorado. Por supuesto que hoy decimos: "Bien, eso es innecesario. Es la actitud lo que cuenta". Sin embargo, pienso que hemos perdido la actitud y también la costumbre. Necesitamos ser espiritualmente sensibles al hecho de que Dios es santo, poderoso y digno de ser reverenciado.

La gracia que recibimos en Cristo nos capacita para cumplir la ley de Dios.

Una de las ideas teológicas favoritas en muchas iglesias de hoy es que la gracia invalida la ley. Pero debido a que malinterpretamos la naturaleza de la gracia, somos negligentes a la obediencia que le debemos a Dios. Cometemos pecado y entonces apresuradamente pedimos perdón en nuestro camino a la iglesia o reunión de oración. Al momento de llegar a la puerta pensamos que estamos listos para unirnos en oración a los otros creyentes. Tratamos la preciosa sangre de Jesús, siendo que Él dio Su vida para librarnos, como si cubriera temporalmente nuestras inmundicias; para así pecar una y otra vez. Penosamente, realmente no amamos a Jesús. Hacemos uso de Él. Después nos preguntamos por qué Dios no contesta nuestras oraciones. La verdad es que la gracia traspasa la ley en el sentido de que solamente la gracia que recibimos en Cristo nos capacita para cumplir la ley de Dios. Jesús nos dijo que el más grande mandamiento de todos es: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente" (Mateo 22:37). En esencia, Dios le está diciendo a la Iglesia: "No Me obedezcan por causa de las cosas que ustedes quieren de Mí. Obedezcan porque Me aman. 'Si me amáis, guardad mis mandamientos' (Juan 14:15). Si ustedes Me aman, no necesitarán castigo y disciplina por hacer las cosas que les pido".

Dios no quiere que nosotros lo usemos a Él como un seguro de protección contra el infierno. Él quiere una relación, no una religión. Él quiere ser un Padre para nosotros. Él quiere comunión con nosotros. Comunión significa intimidad con nuestro Padre celestial por medio de lo cual expresamos nuestro amor por Él, descubrimos Su voluntad, y, entonces la hacemos. Es entrar en la mente y el corazón de Dios mismo, para llegar a ser uno con Él y Sus propósitos. En este sentido, acercarse más a Dios no es asunto sencillo como generalmente se piensa.

Fuente: Munroe, M. (2005) Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración. Whitaker House. EE.UU.

domingo, 7 de agosto de 2011

Cuando Dios quiere

CUANDO DIOS QUIERE
Una señora muy pobre telefoneó para un programa cristiano de radio pidiendo ayuda.

Un brujo del mal que oía el programa consiguió su dirección, llamó a sus secretarios y ordenó que compraran alimentos y los llevaran hacia la mujer, con la siguiente instrucción: Cuando ella pregunte quien mandó estos alimentos, respondan que fue el DIABLO!

Cuando llegaron a la casa, la mujer los recibió con alegría y fue inmediatamente guardando los alimentos que le llevaron los secretarios del brujo.

Al ver que ella no preguntaba nada, ellos le preguntaron: ¿La señora no quiere saber quién le envió estas cosas?

La mujer, en la simplicidad de la fe, respondió:- No, mi hijo.. No es preciso. Cuando Dios manda, hasta el diablo obedece!

NO TE PREOCUPES DE QUÉ MANERA VENDRÁ SU VICTORIA, PERO CUANDO DIOS DETERMINA, ELLA VIENE.

Ten paciencia... 
y Dios sorprendera
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