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Entrégale a Dios tu amor, y él te dará lo que más deseas. Pon tu vida en sus manos; confía plenamente en él, y él actuará en tu favor. Salmo 37:4 BLS

martes, 18 de marzo de 2014

Escuela Dominical o Iglesia Infantil

Escuela Dominical o Iglesia Infantil
Por: Juan Sebastián Ramírez (Ministerios Amiguitos del Rey - 2003)
 

La Escuela Dominical es una de las armas o herramientas más poderosas que Dios ha permitido que manejemos en nuestros días.

Mediante ella podemos capacitar a los niños y guiarlos por el camino de la verdad.

Origen Y Desarrollo De La Escuela Dominical[1]

En la mayoría de las iglesias funciona el Departamento de Escuela Dominical. Cada domingo, maestros y alumnos se reúnen para aprender juntos la Palabra de Dios, pero conozcamos lo que la Biblia nos dice acerca de la Escuela Dominical.

La Enseñanza En La Biblia

Es cierto que la Biblia no menciona en forma directa la Escuela Dominical y todo lo que su organización moderna implica, no obstante si siembra bases poderosas para el desarrollo de lo que hoy conocemos como el centro de enseñanza de la Iglesia. Veamos el punto bíblico acerca de esto.

En El Antiguo Testamento.

En los días de los patriarcas, el padre era responsable de la enseñanza religiosa en su familia. Dios tenía confianza que lo harían, tal es el ejemplo de Abraham.

Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él.[2]

En los días de Moisés, Dios le encargó que reuniera al pueblo para enseñarles la ley y a la vez que éstos enseñarán a sus hijos.

Por tanto, guárdate, y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, ni se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; antes bien, las enseñarás a tus hijos, y a los hijos de tus hijos. El día que estuviste delante de Jehová tu Dios en Horeb, cuando Jehová me dijo: Reúneme el pueblo, para que yo les haga oír mis palabras, las cuales aprenderán, para temerme todos los días que vivieren sobre la tierra, y las enseñarán a sus hijos; y os acercasteis y os pusisteis al pie del monte; y el monte ardía en fuego hasta en medio de los cielos con tinieblas, nube y oscuridad; y habló Jehová con vosotros de en medio del fuego; oísteis la voz de sus palabras, mas a excepción de oír la voz, ninguna figura visteis. Y él os anunció su pacto, el cual os mandó poner por obra; los diez mandamientos, y los escribió en dos tablas de piedra. A mí también me mandó Jehová en aquel tiempo que os enseñase los estatutos y juicios, para que los pusieseis por obra en la tierra a la cual pasáis a tomar posesión de ella.[3]

En los días de los Levitas (la tribu sacerdotal), ellos debían enseñar al pueblo de Israel.

Y Jehová habló a Aarón, diciendo: Tú, y tus hijos contigo, no beberéis vino ni sidra cuando entréis en el tabernáculo de reunión, para que no muráis; estatuto perpetuo será para vuestras generaciones, para poder discernir entre lo santo y lo profano, y entre lo inmundo y lo limpio, y para enseñar a los hijos de Israel todos los estatutos que Jehová les ha dicho por medio de Moisés.[4]

En los días de los profetas, también tenían que enseñar al pueblo. Es el ejemplo de Samuel.

Así que, lejos sea de mí que peque yo contra Jehová cesando de rogar por vosotros; antes os instruiré en el camino bueno y recto.[5]

Otros personajes bíblicos que enseñaron fueron:
o Esdras (Maestro) Esdras 7:10
o Josafat (Rey) 2 Crónicas 17:7 – 9
o Nehemías (Gobernador) junto con Esdras impulsó la enseñanza. Nehemías 8: 1-18.

En El Nuevo Testamento.

Énfasis en la enseñanza

La palabra "predicar" se encuentra 143 veces en el Nuevo Testamento, mientras que la palabra "enseñar" 217 veces.

El ministerio de Jesús.

o Se desarrolló principalmente en la enseñanza. Se le llamó maestro 66 veces en los evangelios. Se registro que enseñó 45 veces y predicó 11.
o Los alguaciles respondieron: ¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre![6]
o Preparó a sus discípulos. (Mateo 10: 1 - 5; Marcos 9:31)
o En la Iglesia Primitiva. En la nueva Iglesia en Jerusalén, la enseñanza ocupaba un lugar muy especial en su manera de vivir la vida cristiana(Hechos 15:35; 18:11; 20:7; 1 Timoteo 1:11)
o El apóstol Pablo se consideraba a si mismo un maestro de la Palabra y además consideraba este ministerio como parte de su vida. (Hechos 15:35; 18:11; 20:7; 1 Timoteo 1:11)
o Los líderes de la Iglesia Primitiva habían de ser preparados para enseñar.(1 Timoteo 2:24; Tito l:9)

Propósito De La Escuela Dominical

Formar cristianos fuertes y comprometidos; desarrollar el carácter en los obreros.

Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.[7]

El Modelo De Jesús

Qué es lo que hizo Jesús

o Selección: Escogió 12
o Asociación: No sólo les llamo, sino que le siguieron
o Consagración: Requiere obediencia absoluta
o Demostración: Enseñó con hechos
o Delegación: Participó responsabilidades, autoridad y confiabilidad

Disciplina participativa[8]

El debate y la controversia que envuelven el tema de la disciplina en los niños empiezan desde los tiempos de Adán y Eva y quizás nunca se acabarán. Pero en nuestro programa hemos encontrado ciertos principios que han facilitado mucho nuestra labor en esta área y consideramos que son universales en el manejo de niños en riesgo. Es increíble cómo se va logrando auto control cuando todos los involucrados tienen participación activa en el proceso.

Quienes hemos trabajado con niños o adolescentes sabemos que necesitamos de toda la orientación posible en el tema de la disciplina. Sobre todo si atendemos niños que ya han tenido experiencias muy traumáticas e injustas en este sentido y para los cuales algunos conceptos que se han atribuido a la tarea de disciplinar, tales como el castigo físico, tienen significados de agresión muy claros, violencia, abuso de poder. Otros medios de control como el uso de premios, han sido utilizados cuando se les ha querido manipular, chantajear o en sustitución de afecto y atención. De ahí la importancia de establecer diferencias entre disciplinar y castigar.

Disciplinar

Significa enseñar, orientar, comprender el desarrollo del niño, y su meta es lograr que llegue al auto control, al dominio propio; quien la recibe, se siente seguro y confiado.

Castigar

Procura dar el pago merecido por la falta, es un acto autoritario y pone énfasis en el delito u ofensa cometida más que en la persona y en lo que puede aprender.

Por tanto, si queremos ocuparnos de la disciplina de un modo efectivo, es fundamental el reconocimiento del concepto que tengamos sobre ésta, y de la capacidad de movernos hacia mejores formas de pensamiento, inde­pendientemente de las propias experiencias y creencias.

Cada método empleado para disciplinar debe ser una manifestación de amor, protección y respeto a las necesidades e intereses de los demás.

Relaciones

Encontramos unas importantes ideas del Dr. René Quispe en su serie "Disciplina con Amor y Límites". Hace referencia a la importancia de considerar la instrucción, la educación práctica y la corrección, dentro del proceso de la enseñanza hacia el auto control, fin primordial de la disciplina. Dentro de ese proceso los niños deben percibir amor por parte de los adultos, sin embargo esto depende de la relación que los adultos tengan con los infantes. De esta mane­ra, describe cuatro estilos de relación:

1) permisiva,
2) negligente,
3) autoritaria,
4) amor y límites.

Según estudios que indica en su serie, se ha comprobado que en los dos primeros estilos mencionados hay poco control de la conducta y los niños no perciben amor. En el tercero, hay mucho control sobre la conducta pero igualmente los niños no perciben amor. La cuarta relación mencionada es el enfoque propuesto, en donde hay control sobre la conducta y el niño percibe mucho amor.

A continuación compartiremos muy brevemente algunas estrategias para llegar a una disciplina más allá de lo regular, a una disciplina tridimensional que permite prevenir los problemas de disciplina, actuar cuando se presentan y reducir la posibilidad de que surjan. Hablamos de una

Disciplina Participativa

Reconocer el enfoque personal e institucional

Es importante que los adultos a cargo reconozcan cuáles son las ideas que tienen sobre la disciplina, analizando los factores influyentes y la viabilidad de aplicarlas con los niños con los que trabajan. Se debe reflexionar con el grupo a cargo de los niños, acerca de lo difícil, confuso e injusto que sería si cada cual aplicara su propio enfoque de disciplina, según su criterio y experiencias personales. Además, es necesario considerar los fundamentos teóricos propios del ministerio que brinda el servicio infantil.
A partir de este análisis el personal puede plantearse, como equipo y no en forma individual, la tarea de establecer mejores criterios acerca de la forma en que se tratarán los proble­mas de disciplina.

Auto evaluación

Partiendo del punto anterior, se debe hacer una auto evaluación honesta de la capacidad y disposición que cada persona tiene para capacitarse e investigar otras alternativas metodológicas distintas a las que cada uno concibe, y que podrían adoptarse de la forma en que mejor respondan a los objetivos institucionales. Este aspecto es fundamental, ya que la mayoría de los conflictos disciplinarios no son necesariamente las situaciones que se presentan con los niños, sino la forma de abordarlos por parte de los adultos debido a sus conceptos preconcebidos, a su estilo de relación y a su dificultad o negativa de moverse a mejores opciones.

Reconocer sentimientos personales

Se espera que las personas a cargo de poblaciones en alto riesgo, sean sumamente sensibles y con gran comprensión de las situaciones particulares de los niños.

Sin embargo, no está de más revisar nuestros propios sentimientos hacia las problemáticas que presentan los niños y reconocer que en algunos momentos, se puede perder la visión o perspectiva de la situación. En nuestro grupo se motiva al personal a expresarse acerca de cómo le hace sentir determinada situación, niño o adolescente, y a apoyarse mutuamente en alternativas de solución. Esto permite al adulto reconocer sus propias necesidades, que como vimos, están relacionadas con las necesidades de los niños.

Reconocer las necesidades de los niños

Muchos problemas de disciplina que se presentan se podrían abordar en forma más efectiva, si se reconocen y validan las necesidades de los niños. Estas dependen de la edad, temperamento y etapa de desarrollo de los mismos,

Determinar los valores

Si desea cambiar una conducta hay que considerar los valores que posee la persona, ya que éstos son los que producen las acciones. El personal a cargo puede determinar cuáles son los valores morales y espirituales que hay que inculcar en los niños para poder tener cambios positivos en algunas de las acciones que producen conflictos disciplinarios, y a su vez crear algunas estrategias que se emplearán para fomentar esos valores.

Abrir espacios para la participación

Si consideramos la disciplina como un asunto de satisfacción de necesidades tanto de adultos como de niños, indudablemente se crearán las condiciones institucionales necesarias para que este grupo participe activamente en su proceso de disciplina. Se pueden desarrollar talleres con los niños, con metodologías adaptadas según su edad, en los cuales se les enseñe a participar activamente junto con los adultos, en la determinación de los conflictos que requieren disminuirse en el grupo; en el desarrollo de las reglas, límites o normas que deben ponerse para lograr respeto y mejores relaciones entre todos; en aceptación de las consecuencias que se deben asumir si se viola alguna regla; y en la forma en que se puede cooperar para satisfacer las necesidades tanto de niños como de adultos. De esta manera se logra involucrar a todos en la elaboración de convenios, pactos o acuerdos familiares. Nuestras experiencias en el cumplimiento de estos acuerdos o contratos que orientan la disciplina, han sido muy satisfactorias.

Firmeza y aprendizaje en el Cumplimiento de los acuerdos

Debe ponerse atención al cumplimiento de lo que se ha establecido, tanto en reglas como en consecuencias. Se requiere firmeza. Sin embargo ser fir­mes no significa ser inflexibles. Ana Teresa León en su libro La Disciplina, (Universidad de Costa Rica, CIDE 1988) indica: "La disciplina da buenos resultados cuando los adultos son firmes, observadores y afectuosos, nunca si estos se muestran superficiales. El adulto debe poner atención a las respuestas de los infantes reflejadas en sus caras, en sus voces y no sólo a un conjunto de reglas inflexibles."

Para ello debe tenerse presente que la aplicación de la sanción o consecuencia a la falta, lleva como sentido el aprendizaje, por tanto es necesario conocer y desarrollar estrategias pedagógicas y de comunicación efectivas con los niños que les permitan analizar las situaciones en las que han actuado incorrectamente, las consecuencias naturales de la acción misma, las consecuencias lógicas determinadas en el acuerdo y las formas en que podrán evitar una situación similar, partiendo de las fortalezas que poseen. Se han desarrollado varias técnicas que procuran estos niveles de comunicación y análisis, por lo que se debe capacitar al personal en ellas.

Firmeza y Afecto permanente

Ser firmes se relaciona directamente con manifestación de afecto. El ejemplo bíblico de Adán y Eva nos indica algunos importantes principios en el método que Dios usa para disciplinarnos:
o Dios establece un principio (da normas).
o Dios indica cómo deben hacerse las cosas y enseña con amor (da instrucciones).
o Dios exige obediencia (es claro y específico en lo que pide).
o Dios explica las consecuencias de la obediencia y de la desobediencia (informa sobre las conse­cuencias).
o Dios cumple con las consecuencias tanto si hay obediencia como cuando no la hay y promueve el análisis de cada situación para que; logremos el aprendizaje deseado (es fir­me y enseña).
o Dios sigue amando (hace diferencia entre la persona y la falta cometida).
o Cuando vemos la imagen de Cristoen cada niño podemos separar la falta cometida de su persona, y aun cuando no aprobamos determinada acción seguimos amándolo y aceptándolo.

Mecanismo de Seguimiento

Es necesario mantener mecanismos de seguimiento y control del cumplimiento de los principios que se han definido institucionalmente para el manejo de la disciplina y de las normas y consecuencias que se han establecido. Hemos creado una guía para la auto evaluación del personal en cuanto a los principios que está usando en el manejo de la disciplina de su grupo y de los resultados que obtiene. Así no se pierden los esfuerzos y las "conquistas" que se van logrando en este campo.

Involucrar a los padres:

Si se tiene la posibilidad de que también participen los padres de los niños o adolescentes con los que se trabaja, se tiene una gran herramienta. Es muy importante que los padres conozcan el enfoque de disciplina que se está empleando con sushijos, se les involucre y capacite en ello. Un aspecto, fundamental para el éxito de cualquier técnica disciplinaria, tanto con los niños como, con sus padres, es el establecimiento de una relación de confianza y una genuina demostración de afecto e interés por su bienestar.

[1] Duque, Patricia, “Manual de Capacitación E.D. Iglesia Cristiana Sion”
[2] Génesis 18:19
[3] Deuteronomio 4:9-14
[4] Levítico 10:8-11
[5] 1 Samuel 12:23
[6] Juan 7:46
[7] Mateo 28:19-20
[8] Jeter de Waiker, Luisa, "Métodos de Enseñanza"
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El mejor ginecólogo

El mejor ginecólogo


Llega una mujer muy asustada al consultorio de su ginecólogo y le dice:

- Doctor: por favor ayúdeme, tengo un problema muy serio. Mi bebé aún no cumple un año y ya estoy de nuevo embarazada. No quiero tener hijos en tan poco tiempo, prefiero un espacio mayor entre uno y otro...

El médico entonces le preguntó: -Muy bien, entonces ¿que quiere que yo haga?

Ella respondió: -Deseo interrumpir mi embarazo y quiero contar con su ayuda.

El médico se quedó pensando un poco y después de algún tiempo de silencio le dice a la mujer: -Creo que tengo un método mejor para solucionar el problema y es menos peligroso para usted.

La mujer sonrió, pensando que el médico aceptaría ayudarla.

Él siguió hablando: -Vea bien señora, para no tener que estar con dos bebés a la vez en tan corto espacio de tiempo, vamos a matar a este niño que está en sus brazos. Así usted podrá descansar para tener el otro, tendrá un periodo de descanso hasta que el otro niño nazca. Si vamos a matar, no hay diferencia entre uno y otro de los niños. Y hasta es más fácil sacrificar éste que usted tiene entre sus brazos puesto que usted no correrá ningún riesgo.

La mujer se asustó y dijo: -¡No, doctor! ¡Que horror! ¡Matar a un niño es un crimen!

- También pienso lo mismo, señora, pero me pareció usted tan convencida de eso, que por un momento pensé en ayudarla-. El médico sonrió y después de algunas consideraciones, vio que su lección surtía efecto.

Convenció a la madre que no hay la menor diferencia entre matar un niño que ya nació y matar a uno que está por nacer, y que está vivo en el seno
materno.
¡EL CRIMEN ES EXACTAMENTE EL MISMO!

Tú, ¿sabes desde cuándo Dios te ama?
¡Desde el vientre de tu madre!

Tus ojos vieron mi cuerpo aún sin forma; y en Tu libro estaba escrito todo aquello que a su tiempo fue formado, sin faltar nada de ello. (Salmo 139)

Las Escrituras y el Mundo (Los beneficios de la lectura de la Biblia)

Los beneficios de la lectura de la Biblia
Por: A. W. Pink


Las Escrituras y el Mundo


En el Nuevo Testamento se habla con frecuencia para el cristiano acerca del «mundo» y de su actitud con respecto al mundo. La santa Palabra de Dios es una luz del cielo, brillando «en un lugar oscuro» (2ª Pedro 1:19). Sus divinos rayos hacen ver las cosas en sus verdaderos colores, penetrando y exponiendo el brillo de mentirijillas que cubre muchos objetos. Este mundo, sobre el cual se gastan tanto dinero, y que es tan exaltado y admirado por las víctimas que tiene embaucadas, es declarado «enemigo de Dios»; y por tanto se prohíbe a sus hijos que «se conformen» a él y que pongan sobre él su afecto.

La fase presente de nuestro tema no es, ni con mucho, la menos importante de todas las que nos hemos dispuesto a considerar, y el lector serio hará bien buscando la divina gracia para medirse con respecto a ella. Una de las exhortaciones que Dios dirige a sus hijos dice: «Desead como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación» (1ª Pedro 2:2), y corresponde a cada uno de sus hijos el examinarse con diligencia y sinceridad, para descubrir si éste es su caso o no. Ni tampoco nos hemos de contentar con un aumento de conocimiento intelectual de la Escritura: lo que necesitarnos es crecimiento práctico, conformidad experimental a la imagen de Cristo; esto es lo más importante. Y un punto en el cual podemos someternos a la prueba es: ¿Me hace menos mundano la lectura y el estudio de la Palabra de Dios?

1. Nos beneficiamos de la Palabra de Dios, cuando se nos abren los ojos para discernir el verdadero carácter del mundo. Uno de nuestros poetas escribió: «Dios está en el cielo- todo está bien en el mundo.» Desde un punto de vista esto es verdad, pero desde otro está realmente equivocado, porque «el mundo entero yace en poder del maligno» (1ª Juan 5: 19). Pero es sólo a medida que el corazón es iluminado de modo sobrenatural por el Espíritu Sano que podemos percibir que lo que es altamente estimado entre los hombre es realmente «abominación a los ojos de Dios» (Lucas 16:15). Hemos de estar agradecidos cuando el alma puede ver que el «mundo» es un fraude gigantesco; una burbuja vacía, algo vil, que un día va a desaparecer en una conflagración de fuego.

Antes de seguir adelante, definamos este «mundo» que se le. prohíbe amar al cristiano. Hay pocas palabras en las Sagradas Escrituras que sean usadas con una mayor variedad de significados que ésta. Con todo, una atención cuidadosa al contexto nos ayudará a determinar el sentido de cada caso. El «mundo» es un sistema u orden de cosas, completo en sí mismo. No hay ningún elemento extraño al mundo al que se permita entrar, y si esto ocurre, rápidamente se asimila o acomoda. El «mundo» es la naturaleza caída del hombre actuando en la familia humana, modelando el marco de la sociedad de acuerdo con sus propias tendencias. Es el reino organizado de la «mente carnal».que está en «enemistad contra Dios» y que «no está sujeta a la ley de Dios, ni en realidad puede estarlo» (Romanos 8:7). Dondequiera que haya una «mente carnal», allí está el «mundo»; de modo que la mundanalidad es el mundo sin Dios.

2. Nos beneficiamos de la Palabra, cuando aprendemos que el mundo es un enemigo que hay que resistir y al que hay que vencer. Al cristiano se le manda que luche «la buena batalla de la fe» (1ª Timoteo 6:12), lo cual implica que hay enemigos con los que hay que medir las armas y vencen, Del mismo modo que hay la Trinidad Santísima: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, hay también una trinidad del mal: el mundo, el demonio y la carne. El hijo de Dios es llamado a un combate mortal con ellos; «mortal», decimos, porque o será destruido por ellos o conseguirá la victoria sobre ellos. Deja claro, pues, en tu mente, lector, que el mundo es un enemigo mortal, y si tú no le vences en tu corazón, no eres hijo de Dios, porque está escrito: «Todo aquel que es hijo. de Dios, vence al mundo» (1ª Juan 5:4).

Pueden darse las siguientes razones, entre otras, de por qué es necesario vencer al mundo. Primero: todos sus seductores objetos tienden a desviar nuestra atención y enajenar nuestro afecto de Dios. Es necesario que sea así, porque la tendencia de las cosas que se ven es la de desviar al corazón de las cosas que no se ven. Segundo: el espíritu del mundo es diametralmente opuesto al Espíritu de Cristo; por ello escribió el apóstol: «Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios» (1ª Corintios 2:12). El Hijo de Dios vino al mundo, pero «el mundo no le conoció» (Juan 1:10); por ello los príncipes y gobernadores de este mundo le crucificaron (1ª Corintios 2:8). Tercero: sus cuidados y preocupaciones son hostiles a una vida devota. y piadosa. Los cristianos, como el resto de la humanidad, tienen la orden de Dios de trabajar seis días a la semana, pero, mientras están así ocupados necesitan estar constantemente en guardia, para que la ambición no les gobierne en vez de la ejecución y cumplimiento de su deber.

«Esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe» (1ª Juan 5:4). Sólo una fe dada por Dios puede vencer al mundo. Pero, cuando el corazón está ocupado con realidades invisibles, aunque eternas, es librado de la influencia corruptora de los objetos mundanales. Los ojos de la fe disciernen las cosas de los sentidos en sus colores verdaderos, y ven que son vacías y vanas, y no son dignas de ser comparadas con los objetos grandes y gloriosos de la eternidad. Un sentido Profundo de las perfecciones y presencia de Dios hace que el mundo aparezca como menos que nada. Cuando el cristiano ve que el Divino Redentor, muere por sus pecados, vive para interceder por su perseverancia, reina y rige las cosas con miras a su salvación final, el cristiano exclama: « No hay para mí ningún bien en la tierra aparte de Ti.»

Y ¿qué dices con respecto a ti cuando lees estas líneas? Puedes asentir cordialmente a lo que se dice en el párrafo anterior, pero ¿cuál es la realidad de tu situación, no ya tu opinión? ¿Tienen las cosas que el hombre regenerado estima, encanto y atractivo para ti? Quita de la persona mundana las cosas en que se deleita y se siente perdido: ¿te ocurre lo mismo a ti? O por lo contrario, ¿se halla tu gozo y satisfacción en objetos que no te pueden ser quitados? No consideres estas cosas a la ligera, te ruego, sino considéralas seriamente en la presencia de Dios. La respuesta sincera a las mismas será el índice o marcador del estado real de tu alma, e indicarán si eres de veras «una nueva criatura en Cristo Jesús» o te haces la ilusión de serlo.

3. Estamos beneficiándonos de la Palabra de Dios cuando aprendemos que Cristo murió para librarnos del «presente siglo malo» (Gálatas 1:4). El Hijo de Dios vino, no sólo para cumplir los requisitos de la ley (Mateo 5:17), sino para «destruir las obras del maligno» (1ª Juan 3:18), para librarnos de la «ira que ha de venir» (1ª Tesalonicenses 1:10), para salvarnos de nuestros pecados (Mateo 1:2), pero también para liberarnos del yugo de la esclavitud de este mundo, y para liberar al alma de su nefasta influencia. Esto se prefiguré en los tratos que Dios tuvo con Israel. Los israelitas eran esclavos en Egipto, y «Egipto» es una figura o símbolo del mundo. Estaban bajo una cruel esclavitud, pasando la vida haciendo ladrillos para Faraón. Les era imposible alcanzar la libertad por su cuenta. Pero, Jehová, con su gran poder, los emancipó, y los sacó de un «horno ardiendo». Esto mismo hace Cristo con los suyos. Quebranta el poder del mundo en sus corazones. Los hace independientes de él, para que no procuren sus favores ni le teman si frunce el cejo.

Cristo se dio a sí mismo como sacrificio por los pecados de su pueblo, para que, a consecuencia de ello, pudieran ser librados del poder e influencia de todo lo que es malo en este presente siglo: de Satán, que es su príncipe; de los deseos y apetitos de la carne que predomina en el mundo; de la vana conducta de los hombres que pertenecen al mismo. Y el Santo Espíritu que mora en los santos, coopera con Cristo en esta bendita obra. El Espíritu vuelve sus pensamientos y afectos de las cosas terrenas a las celestiales. Por la obra de su poder, los libra de la influencia desmoralizadora que los rodea, y los conforma a los Standard celestiales. Y a medida que el cristiano crece en la gracia, lo reconoce, y obra en consecuencia. Busca todavía una liberación más plena de este «presente siglo malo» y pide a Dios que le libre de él completamente. Lo que antes le encantaba ahora le desagrada y produce asco. Anhela el momento en que será quitado de este teatro de acción en que el nombre de su bendito Señor es deshonrado tan tristemente.

4. Nos beneficiamos de la Palabra cuando nuestros corazones son corroborados en ella. «No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo» (1ª Juan 2:15). «Lo que es para el viajero una piedra de tropiezo en el camino, un peso para el que corre, la liga para el pájaro, es el amor al mundo para el cristiano en el curso de su vida: le distrae completamente en el camino o le desvía totalmente del mismo» - (Nathaniel Hardy, 1660). La verdad es que hasta que el corazón es purgado de la corrupción, el oído es sordo a la instrucción divina. Hasta que somos librados de las cosas del siglo y de los sentidos no podemos ser sometidos a la obediencia a Dios. La verdad celestial resbala de una mente carnal, como el agua por la superficie de un cuerpo esférico. El mundo ha vuelto su espalda a Cristo, aunque su nombre es profesado en muchos sitios; sin embargo, no quiere saber nada de El. Todos los deseos y designios de la persona mundana son la gratificación del yo. Por más que sus objetivos e intentos sean tan varios como se quiera, todo está subordinado a satisfacer al yo. Ahora bien, los cristianos se hallan en el mundo, y no pueden salir de él; tienen que vivir en él, el tiempo -que el Señor les ha indicado. Mientras están en él tienen que ganarse la vida, mantener a sus familias y atender a los negocios del mundo. Pero se les prohíbe que amen al mundo, en el sentido de que pueda hacerles felices. Su «tesoro» y «porción» se halla en otro sitio.

El mundo tiene atractivo para cada uno de los instintos del hombre caído. Contiene miles de objetos que le encantan: atraen su atención, la atención crea deseo y el deseo amor, e insensiblemente, pero de modo seguro, hacen una impresión más y más profunda en su corazón. Tiene la misma fatal influencia en todas las clases. Pero a pesar de ser atractivos los diversos objetos, y todas las ocupaciones y placeres del mundo, están diseñadas y adaptadas para fomentar la felicidad en esta vida, solamente, por tanto: «¿De qué le aprovechará al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma?» El cristiano recibe su enseñanza del Espíritu, y al presentarle éste a Cristo en el alma, sus pensamientos son desviados del mundo. De la misma manera que un niño deja caer un objeto sucio o peligroso cuando se le ofrece algo que tiene más interés para él, lo mismo el corazón que está en comunión con Dios dice: «Estimo todas las cosas como perdidas por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo y lo tengo por basura, para ganar a Cristo» (Filipenses 3:8).

5. Nos beneficiamos de la Palabra cuando andamos separados del mundo. « ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios» (Santiago 4:4). Este versículo y otros semejantes deberían escudriñar la mente de todos y hacernos temblar. ¿Cómo puedo buscar amistad y placer en aquello que ha sido condenado por el Hijo de Dios? Si lo hago, al instante esto me identifica con sus enemigos. Oh, lector, no te equivoques en este punto. Está escrito: «Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él» (1ª Juan 2:15).

Se dijo en tiempo antiguo del pueblo de Dios que: «He aquí un pueblo que habitará confiado y no será contado entre las naciones» (Números 23:9). Sin duda la disparidad de la conducta y carácter, los deseos y pesquisas que distinguen al hombre regenerado del no regenerado, deben separarlos. Los que profesamos tener nuestra ciudadanía en otro mundo, ser guiados por otro espíritu, dirigidos por otra. regla, estar viajando a otro país, ¡no podemos ir del brazo con aquellos que desprecian estas cosas! Por tanto que todo alrededor nuestro y en nosotros exhiban nuestro carácter de peregrinos. Es posible que el mundo se extrañe de nosotros (Zacarías 3:8), porque no nos adaptamos a las formas de este mundo (Romanos 12:2).

6. Nos beneficiamos de la Palabra, cuando provocamos el aborrecimiento. ¡Qué trabajo se da el mundo para salvar las apariencias y dar a los otros una buena impresión! Las cosas convencionales y sociales, las cortesías y el altruismo, todo son fórmulas para dar un aire de respetabilidad. Y para dar más peso, se añade el «Cristianismo», y el santo nombre de Cristo está en los labios de miles que nunca han tomado su «yugo sobre sí». De ellos dice Dios: «Este pueblo de labios me honra, pero su corazón está lejos de mí» (Mateo 15:8).

Y ¿cuál ha de ser la actitud de los verdaderos cristianos respecto a esto? La respuesta de la Escritura es clara: «De los tales, apártate» (2ª Timoteo 3:5). «Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor» (2ª Corintios 6:17). Y ¿qué ocurre cuando obedecemos sus mandamientos? Entonces se demuestra la verdad de estas palabras de Cristo: «Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, porque no sois del mundo, sino que yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece» (Juan 15:19). ¿Qué significa «mundo» aquí, de un modo específico? Dejemos que el versículo anterior nos dé la respuesta: Si, el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros.» ¿Qué mundo aborreció a Cristo y le hostigó hasta la muerte? El mundo religioso, aquellos que se decían ser más celosos de la gloria de Dios. Lo mismo ocurre ahora. ¡Que el cristiano vuelva la espalda a la Cristiandad que deshonra a Cristo, y sus enemigos peores y más implacables y sin escrúpulos serán aquellos que dicen ellos mismos ser cristianos! Pero, «bienaventurados seréis cuando por mi causa os vituperen y os persigan y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos» (Mateo 5:11,12). ¡Ah, hermano, es una buena señal, una marca segura de que te beneficias de la Palabra, cuando el mundo religioso te aborrece! Pero, si por otra parte, todavía tienes buena reputación entre las «iglesias» o «asambleas» ¡hay buenas razones para temer que amas la alabanza de los hombres más que la de Dios!

7. Nos beneficiamos de la Palabra, cuando nos elevamos por encima del mundo. Primero: respecto a sus costumbres y modas. El hombre mundano es un esclavo de las costumbres. y estilos del día. No es así respecto a los que andan con, Dios; la preocupación principal es «conformarse a la imagen del Hijo». Segundo: por encima de sus cuidados y tribulaciones: en otro tiempo se dijo de los santos que aceptaban ultrajes y aflicciones y el despojo de los bienes, «sabiendo que tenían una mejor y perdurable posesión en los cielos» (Hebreos 10:34). Tercero: por encima de sus tentaciones: ¿qué atractivo tiene el brillo del mundo para aquellos que se deleitan en el Señor? ¡Ninguno en absoluto! Cuarto: por encima de las opiniones y aprobación. ¿Has aprendido a ser independiente y plantar cara al mundo? Si todo tu corazón está dispuesto a complacer a Dios, dejarás de preocuparte de la impiedad, que te mira con ceño.

Ahora, lector, ¿quieres medirte con el contenido de este capítulo? Si es así, busca respuestas sinceras a las siguientes preguntas. Primero: ¿cuáles son los objetos en los que tu mente encuentra recreo? ¿Cuáles son los pensamientos que circulan más por ella? Segundo: ¿cuáles son los objetos que escoges? Cuando has de decidir la forma en que has de pasar una velada o un domingo por la tarde, ¿ qué es lo que escoges? Tercero: ¿qué es lo que te causa mayor pena: la pérdida de los bienes terrenos o la falta de comunión con Dios? ¿Qué te causa más pesar, el, que se echen a perder tus planes o la frialdad de tu corazón a Cristo? Cuarto: ¿cuál es el tema favorito de tu conversación? ¿Pasas el tiempo en conversación sobre cosas insustanciales como noticias del día y otras semejantes o hablando «de Aquel que procura nuestra amistad»? Quinto: ¿se vuelven realidad tus «buenas intenciones» o bien no son nada más que sueños vanos? ¿Pasas más tiempo que antes de rodillas? ¿Es su Palabra más dulce a tu paladar, o tu alma ha perdido ya el sabor de ella?

lunes, 17 de marzo de 2014

Las Escrituras y la Obediencia (Los beneficios de la lectura de la Biblia)

Los beneficios de la lectura de la Biblia
Por: A. W. Pink


Las Escrituras y la Obediencia

Todos los cristianos profesos están de acuerdo, por lo menos en teoría, que el deber de aquellos que llevan el nombre de Cristo es honrarle y glorificarle en este mundo. Pero, hay grandes diferencias de opinión con respecto a la manera de hacerlo, y a lo que se requiere para conseguirlo. Muchos suponen que el honrar a Cristo simplemente significa unirse a alguna «iglesia», tomar parte en las actividades de la misma y apoyarlas. Otros piensan que el honrar a Cristo significa hablar de Él a otros y dedicarse diligentemente a hacer «obra personal». Otros parecen imaginarse que honrar a Cristo significa poco más que hacer contribuciones generosas a su causa. Hay pocos que se den cuenta que Cristo es honrado sólo cuando vivimos santamente en El, y esto, andando en sujeción a su voluntad revelada. Pocos, verdaderamente, creen las palabras: «El obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros» (1ª Samuel 15:22). No somos cristianos si no nos hemos rendido plenamente a Jesús y le hemos «recibido como Señor» (Colosenses 2:6). Quisiera que consideraras esta afirmación con diligencia. Satán enseña a muchos hoy en día haciéndoles creer que confían en Dios para salvación en la «obra consumada» de Cristo, mientras que sus corazones permanecen sin cambiar y el yo gobierna sus vidas. Escucha la Palabra de Dios: «Dios está de los impíos la salvación, porque no buscan tus estatutos» (Salmo 119:155). ¿Buscas realmente sus estatutos? ¿Escudriñas con diligencia su Palabra para descubrir lo que ordena? «El que dice: Yo he llegado a conocerle, y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso y la verdad no está en él» (1ª Juan 2A). ¿Es posible decirlo de modo más claro?

«¿Por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis las cosas que os mando? » (Lucas 6:46). La obediencia al Señor en la vida, no meramente las palabras placenteras de los labios, es lo que Cristo requiere. ¡Qué palabra más solemne y qué advertencia más directa la de Santiago 1:221 «Sed hacedores de la Palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.» Hay muchos «oidores» de la Palabra, oidores regulares, oidores reverentes, oidores interesados; pero, ¡ay!, lo que oyen no está incorporado a su vida, no regula sus caminos. Y Dios dice que los que no son hacedores de la Palabra ¡se engañan a sí mismos!

Por desgracia, ¡cuántos hay en la Cristiandad así, hoy en día! No es que sean verdaderos hipócritas, pero están engañados. Suponen que por el hecho de ver tan claro que la salvación es por la gracia solamente, ya están salvos. Suponen que por el hecho de que se hallan bajo el ministerio de un hombre que «ha hecho de la Biblia un nuevo libro» para ellos, ya han crecido en la gracia. Suponen que debido a que su almacén de conocimiento bíblico ha aumentado, son más espirituales. Suponen que el mero escuchar a un siervo de Dios o leer sus escritos, es alimentarse de la Palabra. ¡No hay tal! Nos «alimentamos» de la Palabra solamente cuando nos apropiamos personalmente, masticamos y asimilamos en nuestras vidas todo lo que hemos oído o leído. Donde no hay una conformidad creciente del corazón y la vida a la Palabra de Dios, este conocimiento incrementado sólo va a servir para una mayor condenación. «Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes» (Lucas 12:47).

«Siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento pleno de la verdad» (2ª Timoteo 3:7). Esta es una de las características prominentes de los «tiempos peligrosos» en los cuales estamos viviendo ahora. La gente escucha a un predicador después de otro, asiste a convenciones y más convenciones, lee libro tras libro sobre temas bíblicos, y nunca alcanza un conocimiento vital y práctico de la verdad, de modo que se produzca una impresión de su poder y eficacia en sus almas. Hay algo que se llama hidropesía espiritual, y las multitudes sufren de ella. Cuanto más oyen, más quieren ír; beben los sermones y los mensajes ávidamente, pero sus vidas no cambian. Están hinchados de conocimiento, pero no humillados al polvo delante de Dios. La fe del elegido de Dios es «conocimiento pleno de la verdad que es según la piedad» (Tito 1: l), pero a esta fe, la vasta mayoría son totalmente extraños.

Dios nos ha dado su Palabra, no sólo con el objetivo de instruirnos, sino con el propósito de dirigirnos: de hacemos conocer lo que El quiere que hagamos. Lo primero que necesitamos es un conocimiento claro y distinto de nuestro deber, y lo primero que Dios nos exige es una práctica concienzuda del mismo, según nuestro conocimiento. «Oh hombre, te ha sido declarado lo que es bueno, qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar la misericordia, y caminar humildemente ante tu Dios» (Miqueas 6:8). «La conclusión de todo el discurso oído es ésta: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre.» (Eclesiastés 12:13). El Señor Jesús afirmó lo mismo cuando dijo: «Vosotros sois mis amigos, si hacéis las cosas que yo os mando» (Juan 15:14).

1. Un hombre se beneficia de la Palabra a medida que descubre lo que Dios le exige; sus exigencias invariables, porque El no cambia. Es un grave error suponer que, en esta dispensación presente, Dios ha rebajado sus exigencias, porque esto implicaría por necesidad que sus exigencias previas eran duras e injustas. ¡De ninguna manera! «La ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno» (Romanos 7:12). El resumen de lo que Dios exige es: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma y con toda tu fuerza» (Deuteronomio 6:5); y el Señor Jesús repitió lo mismo en Mateo 22:37. El apóstol Pablo volvió a decir lo mismo cuando escribió: «Si alguno no ama al Señor Jesús, sea anatema» (1ª Corintios 16:22).

2. Un hombre se beneficia de la Palabra cuando descubre de qué modo tan completo y entero ha fallado en llegar a la altura de las exigencias de Dios. Y déjeseme indicar para cualquiera que pueda haber estado en desacuerdo con el párrafo anterior de que ningún hombre puede ver cuán pecador es, ¡cuán corto se ha quedado de llegar al estándar de Dios, hasta que ha tenido una visión clara de las altas exigencias que Dios hace sobre él! En la misma medida que los predicadores rebajan los Standard de lo que Dios requiere del ser humano, en la misma medida sus lectores obtendrán un concepto falso e inadecuado de su pecaminosidad, y tanto menos se darán cuenta de su necesidad de un Salvador todopoderoso. Pero, una vez el alma ha percibido realmente cuáles son las exigencias que Dios le hace, de qué modo tan completo y constante ha fallado en rendirle lo que es suyo, entonces reconoce en qué desesperada situación se encuentra. La ley debe ser predicada antes de que nadie esté preparado para el Evangelio.

3. Una persona se beneficia de la Palabra cuando ésta le enseña que Dios, en su gracia infinita, ha provisto para que su pueblo pueda satisfacer, lo que El nos exige. Sobre este punto, también, gran parte de la predicación de hoy día es seriamente defectuosa. Se predica lo que puede decirse más o menos una «mitad del Evangelio», pero que en realidad es virtualmente una negación del verdadero Evangelio. Cristo entra en el cuadro, pero sólo como una especie de contrapeso. Es una verdad bendita que Dios ha llenado las exigencias de Dios en lugar de todos aquellos que creen en El, pero esto es sólo parte de la verdad. El Señor Jesús no sólo ha satisfecho de modo vicario los requerimientos de la justicia de por su pueblo, sino que también nos ha dado garantías que los suyos los satisfarán ellos mismos personalmente. Cristo ha procurado el Espíritu Santo para que obre en ellos lo que el Redentor obró por ellos.

El milagro grande y glorioso de la salvación es que los salvos son regenerados. En ellos tiene lugar una obra transformadora. Su conocimiento es iluminado, su corazón es cambiado, su voluntad es renovada. Son hechos « nuevas criaturas en Cristo Jesús» (2ª Corintios 5:17). Dios se refiere a este milagro de gracia de la siguiente manera: «Pondré mis leyes en su mente, y las escribiré en su corazón» (Hebreos 8:10). El corazón ahora está inclinado hacia la ley de Dios: se le ha comunicado una disposición que responde a las exigencias de la ley; hay el sincero deseo de guardarla. De esta manera el alma vivificada puede decir: «Cuando dices: Buscad mi rostro, mi corazón responde: Tu rostro buscaré, oh Jehová» (Salmo 27:8).

Cristo observó no sólo una perfecta obediencia de la ley para la justificación de su pueblo que cree, sino que también ganó para ellos la provisión de su Espíritu, que era esencial para su santificación, y que era lo único que podía transformar a las criaturas carnales y hacerles posible el rendir obediencia aceptable a Dios. Aunque Cristo murió por los «impíos» (Romanos 5:6), aunque encuentra a los impíos (Romanos 4:5) cuando los justifica, sin embargo no los deja en su abominable estado. Al contrario, de un modo efectivo les enseña, por Su Espíritu a negar la impiedad y los deseos carnales (Tito 2:12). De la misma manera que el peso no se puede separar de una piedra, o el calor del fuego, tampoco se puede separar la justificación de la santificación.

Cuando Dios perdona realmente a un pecador en el tribunal de su conciencia, bajo el sentido de esta gracia asombrosa el corazón es purificado, la vida es rectificada, y el hombre entero es santificado. Cristo «se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo de su propiedad, celoso de buenas obras» (Tito 2:14). De la misma manera que la sustancia y sus propiedades, causas y efectos necesarios están inseparablemente conectados, también lo están una fe salvadora y una obediencia concienzuda a Dios. De aquí que leemos de la -«obediencia de la fe» (Romanos 16:26).

Dijo el Señor Jesús: «El que tiene mis mandamientos y los guarda, éste es el que me ama» (Juan 14:21). Ni en el Antiguo Testamento, ni en los Evangelios ni en las Epístolas admite Dios que acepta el amor de nadie que no guarda sus mandamientos. El amor es algo más que un sentimiento o una emoción; es un principio de acción, y se expresa en algo más que expresiones dulzainas, es decir, requiere actos que agraden al objeto amado. «Porque éste es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos » (1ª Juan 5:3). Oh, lector, te engañas si crees que amas a Dios y no tienes un deseo profundo y no haces un esfuerzo real para andar en obediencia delante de El.

Pero, ¿qué es la obediencia a Dios? Es más que la ejecución mecánica de ciertos deberes. Puede que' uno haya sido criado por padres cristianos, y bajo ellos haya adquirido ciertos hábitos morales, y sin embargo, el que uno se abstenga de tomar el nombre del Señor en vano, y el ser inocente de robar, no significa que obedezca el tercer y el octavo mandamiento. Otra vez, la obediencia a Dios es mucho más que el actuar conforme a la conducta de su pueblo. Puedo ser huésped de una casa en la cual se observa estrictamente el día del Señor, y por respeto a ellos, o porque yo creo que es bueno y prudente descansar un día a la semana, me abstengo de trabajar en este día, y sin embargo ¡no estoy guardando el cuarto mandamiento! La obediencia no es sólo la sujeción a la ley externa, sino el rendir la voluntad a la voluntad de otro. Así, pues, la obediencia a Dios es el reconocimiento en el corazón de su soberanía; de su derecho a ordenar y mi deber de cumplir. Es la completa sujeción del alma al bendito yugo de Cristo.

Esta obediencia que Dios requiere puede proceder sólo de un corazón que ama a Dios. «Todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor» (Colosenses 3:23). La obediencia que procede del deseo de obtener favores de Dios es egoísta y carnal. Pero, la obediencia espiritual y aceptable es dada con agrado: es la respuesta espontánea del corazón y la gratitud por el cuidado y amor de Dios por nosotros que son inmerecidos.

4. Nos beneficiamos de la Palabra cuando no sólo vemos como un deber el obedecer a Dios, sino que en nosotros es obrado amor para sus mandamientos... «Bienaventurado el varón... que en la ley de Jehová tiene su delicia y en su ley medita de día y de noche» (Salmo 1:1,2). Otra vez leemos: «Bienaventurado el hombre que teme a Jehová, y en sus mandamientos se deleita en gran manera» (Salmo 112:1). Es una verdadera prueba para el corazón el encararse sinceramente con estas preguntas: ¿Doy realmente tanta importancia a sus «mandamientos» como a sus promesas? ¿No debería ser así? Sin duda, porque tanto los unos como los otros proceden de su amor. El cumplimiento en el corazón de la voz de Cristo es el fundamento de toda la santidad práctica.

Aquí quisiéramos de nuevo pedir al lector que con amor y sinceridad se fije bien en este punto. Todo hombre que cree que es salvo y que no tiene amor genuino a los mandamientos de Dios se está engañando. Dijo el salmista «¡Cuánto amo yo tu ley!» (Salmo 119:97). Y también: «Por eso amo yo tus mandamientos. Más que el oro; más que el oro muy fino» (Salmo 119:127). Si alguien objetara que esto era bajo el Antiguo Testamento, preguntamos: ¿Suponéis que el Espíritu Santo produce menos cambio en los corazones de aquellos que son regenerados ahora que antaño? Pero un santo del Nuevo Testamento nos ha dejado su testimonio también: «Me deleito en la ley de Dios según el hombre interior» (Romanos 7: 22). Y, querido lector, a menos que tu corazón se deleite en la «ley de Dios», hay algo que va, mal en ti; sí, es de temer que estés muerto espiritualmente.

5. Un hombre se beneficia de la Palabra cuando su corazón y su voluntad se han entregado a todo los mandamientos de Dios. La obediencia parcial no es ninguna obediencia. Una mente santa renuncia a todo lo que Dios prohíbe, y escoge y practica todo lo que Dios requiere, sin ninguna excepción. Si nuestra mente no se somete a Dios en todos sus mandamientos, no nos sometemos a su autoridad en nada de lo que nos manda. Si no aprobamos nuestro deber en toda su extensión, estamos muy equivocados si nos imaginamos que nos gusta alguna parte de ellos. Una persona que no tiene principio de santidad en él, puede no sentirse inclinada a muchos vicios y sentirse atraída a practicar muchas virtudes, porque percibe que los primeros son acciones inapropiadas, y las últimas son, en sí, acciones hermosas, pero la desaprobación del vicio y aprobación de la virtud no proceden de la disposición de someterse a la voluntad de Dios.

La verdadera obediencia espiritual es imparcial. Un corazón renovado no escoge entre los mandamientos de Dios: el hombre que lo hace no ejecuta la voluntad de Dios, sino la propia. No nos hagamos ilusiones sobre este punto; si no deseamos sinceramente agradar a Dios en todas las cosas, no queremos agradarle verdaderamente en ninguna. El yo debe ser negado; no meramente algunas de las cosas que quiere, ¡sino el yo en sí! La indulgencia voluntaria de algún pecado conocido quebranta toda la ley (Santiago 2:10,11). «Entonces no sería yo avergonzado, cuando considerase tus mandamientos (Salmo 119:16). Dijo el Señor Jesús: «Vosotros sois mis amigos, si hacéis todas las cosas que yo os mando» (Juan15:14): si no soy su amigo, entonces he de ser su enemigo, puesto que no hay otra alternativa según Lucas 19:27.

6. Nos beneficiamos de la Palabra, cuando el alma es encaminada a orar fervorosamente pidiendo gracia para poder obrar. En la regeneración, el Espíritu Santo comunica una naturaleza adecuada para la obediencia a la Palabra. El corazón ha sido ganado por Dios. Hay ahora un deseo profundo y sincero de agradar a Dios. Pero, la nueva naturaleza no posee ningún poder inherente, y la vieja naturaleza o «carne» lucha contra ella, y el diablo se opone. Por ello el cristiano exclama: « Porque el querer el bien lo ~ tengo a mi alcance, pero no el hacerlo» (Romanos 7:18). Esto no significa que es un esclavo del pecado, como era antes de la conversión; pero, significa que, no encuentra cómo realizar plenamente sus aspiraciones espirituales. Por ello ora: «Guíame por la senda de tus mandamientos, porque en ella tengo mi complacencia» (Salmo 119:35). Y otra vez: «Afianza mis pasos con tu palabra, y ninguna iniquidad se enseñoree de mí» (Salmo 119:133).

Aquí contestaremos a una pregunta que las afirmaciones anteriores ha sugerido en algunas mentes: ¿Se afirma aquí que Dios requiere obediencia perfecta por nuestra parte en esta vida? Contestamos: ¡Sí! Dios no establece Standard más bajos delante de nosotros que éste (ver 1ª Pedro 1: 15). Entonces, ¿alcanza estos Standard el cristiano? ¡Sí y no! Sí, en el corazón, y es al corazón que Dios mira (1ª Samuel 16:7). En su corazón, toda persona regenerada que tiene amor verdadero a los mandamientos de Dios y desea, de modo genuino, conservarlos completamente. Es en este sentido, y sólo en éste, que el cristiano es experimentalmente «perfecto». La palabra «perfecto», tanto en el Antiguo Testamento (Job 1:1 y Salmo 37:37) y en el Nuevo Testamento (Filipenses 3:15), significa «recto», «sincero», en contraste con «hipócrita».

«El deseo de los humildes escuchas, oh Jehová; Tú confortas su corazón, y tienes atento tu oído» (Salvo 10:17). Los «deseos» del santo son el lenguaje del alma, y la promesa es: «El cumplir el deseo de los que le temen» (Salmo 145:19). El deseo del cristiano es obedecer a Dios en todas las cosas, para ser conformado a la imagen de Cristo. Pero, esta voluntad sólo puede ser realizada en la resurrección. Entretanto, Dios, por la gracia de Cristo, acepta la voluntad por el hecho (1ª Pedro 2:5). El conoce nuestro corazón y ve en su hijo un amor genuino a sus mandamientos y un deseo sincero de cumplirlos, y acepta el ferviente deseo y el cordial esfuerzo en lugar de la ejecución precisa (2ª Corintios 8:12). Pero que nadie que viva en desobediencia voluntaria saque una falsa paz y pervierta para su propia destrucción lo que ha sido dicho para el consuelo de aquellos que desean de todo corazón agradar a Dios en todos los detalles de sus vidas.

Si alguien pregunta: ¿Cómo puedo saber si mis «deseos» son realmente los que corresponden a una alma regenerada?, contestaremos: La gracia salvadora es la comunicación al corazón de una. disposición habitual para actos santificados. Los «deseos» del lector deben ser probados así: ¿Son sinceros y fervientes de manera que realmente «aspiras a la justicia» (Mateo 5:6) y «suspiras por Dios» (Salmo 42:1)? ¿Son operantes y eficaces? Muchos desean escapar del infierno; sin embargo, sus deseos no son bastante fuertes para llevarlos a odiar lo que inevitablemente les llevará al infierno, es decir la voluntad de pecar contra Dios. No aborreciéndolo, tampoco se apartan de ello. Muchos desean ir al cielo, pero no de tal forma que entren por la puerta estrecha y sigan «el camino estrecho» que conduce allí. Los verdaderos «deseos» espirituales usan los medios de gracia y no se ahorran esfuerzo para ponerlos por obra, y continuamente y en oración siguen adelante hacia el blanco que tienen delante.

7. Nos beneficiamos de la Palabra cuando, incluso ahora, disfrutamos del premio de la obediencia. «La piedad para todo aprovecha» (1.a Timoteo 4:8). Por medio de la obediencia purificamos nuestras almas (1ª Pedro 1:21). Por medio de la obediencia conseguimos que Dios nos escuche (1ª Juan 3:22), de la misma manera que la desobediencia es una barrera a nuestras oraciones Isaías 59:2; Jeremías: 5:25). Por medio de la obediencia obtenemos manifestaciones preciosas e íntimas de Jesucristo para el alma (Juan 14:21). Cuando andamos por el camino de la sabiduría (la completa sumisión a Dios) descubrimos que «sus caminos son caminos deleitosos, y todas sus veredas, paz» (Proverbios 3:17). «Sus mandamientos no son gravosos» (1ª Juan 5:3), y «en guardarlos hay gran galardón» (Salmo 19: 11).
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