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domingo, 16 de marzo de 2014

Poder del Ayuno (Josue Yrion)

El Poder del Ayuno
Por: R. Josué Yrion

martes, 11 de febrero de 2014

Día 8: El Ayuno del Señor

El Ayuno del Señor

Por: Yiye Ávila




EL AYUNO DE VICTORIA


E1 día primero de noviembre de 1972 entré en un ayuno que nunca soñé que ocurriría. No entré en el ayuno con la intención de establecer un récord. Mucho menos de ayunar más que mi Señor, a quién amo más que a mi vida. Tampoco pensé en alcanzar gracia con las personas o impresionarlos. Sencillamente tenía problemas que me estaban atribulando en tal forma que sentí entrar en ayuno y al empezar le dije al Señor: "No entrego aunque me muera, hasta que Tú no me des la victoria". Estaba automáticamente en el ayuno del Señor. Él iba a disponer los días y me iba a dar la fortaleza. Yo no entendía aún esto, ni tenía una idea de los días que iba a ayunar. Creo que si hubiese sabido que eran cuarenta y un días probablemente hubiese sentido temor.

Los primeros días de este ayuno pasaron y sentía una fortaleza sobrenatural. En ningún ayuno anterior sentí tanta fortaleza. En esos días, Dios me había traído cinco hermanos a ayudarme en el ministerio. Eso había aliviado un poco la carga y aunque tenía aún mucho trabajo en el ministerio podía sacar más tiempo para orar. Al pasar las primeras semanas yo mismo estaba sorprendido pues ni siquiera había sentido debilidad. El Señor me despertaba casi siempre alrededor de las tres de la mañana a orar y clamaba como hasta las siete de la mañana. Entonces tenía culto con los hermanos que me ayudaban en el ministerio y el resto del día oraba y atendía las responsabilidades del trabajo en el Señor.

Cuando llevaba alrededor de tres semanas en el ayuno me visitó la hermana Elsa Ayala, misionera del Señor. Mientras hablábamos, Dios le dio una visión y ella me dijo que vio una V muy grande, y muchas otras V dentro de ella. Sentí enseguida que esto implicaba victoria por medio de ese ayuno.

Para esos días sucedía algo raro que me maravillaba. Todo el tiempo sentía un sabor raro en la boca que nunca antes en ningún ayuno anterior había sentido. Parecía como si tuviera en la boca una substancia que producía ese sabor raro pero agradable.

Para esos días recibí carta de la hermana Sally Olsen que me decía que había tenido una revelación y vio ángeles que me servían durante el ayuno. Algo me servían, y aquel sabor agradable en mi boca me hacía sentir que alguna substancia celestial me era suministrada por los ángeles. Gloria a Dios por sus misericordias. Era el ayuno del Señor y El suplía la fortaleza.

Todos los días de madrugada Dios me daba mensaje para los hermanos que trabajan conmigo y me revelaba enseñanzas importantes para ellos. Uno de los hermanos tuvo una visión y vio ángeles que me traían cartas. Entendí entonces cómo era que venían todos aquellos conocimientos.

En uno de esos días oraba con confianza sintiendo una gran fortaleza física. Le decía: "Señor, aunque tenga que ayunar cuarenta días sé que Tú me das la victoria, pero creo que no tendré que ayunar más de cuarenta pues Tú ayunaste cuarenta y yo no soy más grande que Tú". En ese momento el Espíritu Santo me habló y me dijo: "Pero él dijo, que obras más grandes que esas harían. Me quedé asombrado y no podía sacar esas palabras de mi mente. Algo me hacía sentir que ayunaría más de cuarenta días. Estaba tan fortalecido y tan confiado que ya nada me atemorizaba.

Amanecía el día veintisiete del ayuno cuando recibí carta especial de la hermana Merani Castro. Me decía que el Señor le había revelado que yo ayunaba por un problema muy grande, pero que en siete días me daría la victoria. Siete días implicaba el día número treinta y tres del ayuno. Creí con toda mi alma que así sería. No lo sabía, pero estaba en el ayuno del Señor que es ayuno de victoria. Ayunaba con Su fortaleza.

Decidí entonces apartarme solo con el Señor y me encerré en una pequeña habitación en mi hogar. Oraba entonces más intensamente que antes. Llegó por fin la noche número treinta y tres del ayuno. Oraba esperando la victoria y de pronto algo como un rayo de luz bajó del cielo, vino sobre mí. Sentí que penetró profundo a través de todo mi ser. Sentí que una paz increíble me invadió y tuve que gritar: "Gracias que por fin me he convertido verdaderamente a ti". Yo era convertido. Tenía salvación. ¿Por qué grité así? Era que sentía una libertad increíble. Algo que nunca antes había experimentado. El gozo era sobrenatural. Joel 2:12 dice: Convertíos a mí de todo corazón con ayuno y llanto.

Estaba experimentando la experiencia de la plena conversión resultado del ayuno del Señor.

En aquel momento el Señor empezó a hablarme y me dijo: "¿Y el problema"? Le grité: ¿Qué problema? El gozo y la paz eran tan profundos que me reía en el Espíritu sin poderlo evitar. Gloria a Dios. El Señor me siguió hablando y me dijo: Te he liberado. Estabas ligado en tu espíritu, por eso estabas atribulado y triste y lleno de tantas dudas. En el ayuno has esperado en Mí lo suficiente para yo librarte. Muchos de mis siervos también están ligados en el espíritu y necesitan liberación. Necesitan entrar en mi ayuno hasta que sean liberados y se llenen de paz, de gozo y poder de Dios. Ya tú eres libre. Te he honrado. Te liberté en treinta y tres días. Es la edad de mi Hijo. Tu ayuno ha terminado.

En aquel instante sentí gritarle: "Señor sería yo injusto si ahora que siento esa paz maravillosa rompiera el ayuno. Deseo seguir adelante ocho días más, siete para completar cuarenta, y hacer tus obras y uno adicional para hacer obras mayores conforme a tu Palabra. Esos días adicionales son para que me llenes de poder y me des unción especial para llevar liberación a los "hippies", a los adictos a drogas, las rameras, los endemoniados, los retardados mentales, los afeminados, los locos, ciegos, mudos, paralíticos, leprosos y tantos otros oprimidos por el diablo". Sentí una profunda aprobación del Señor y continué en el ayuno. Pasaron los cuarenta días y me sentía muy bien. ¿Cómo es posible? Es el ayuno del Señor. Sus fuerzas estaban sobre mí. Los ángeles que le servían a Él me sirvieron a mí también y le servirán a cualquiera que entre en su ayuno. El ayunó cuarenta días en el desierto y las fuerzas de Dios que le sostuvieron nos sostendrán a nosotros si entramos en su ayuno. En esos cuarenta días sentí debilidad en una ocasión. Estuve como dos horas sintiéndome débil. Me senté en el piso a orar. Reprendí al diablo y de nuevo la fortaleza usual me envolvió. El Señor me mostró que Él me había soltado por un ratito para que yo pudiese entender cómo hubiese sido sin su fortaleza. Entiende que es cuestión de su fortaleza y no la fuerza y resistencia nuestra. Por eso al entrar en el ayuno del Señor tú tienes la fe de que sus fuerzas no fallarán en sostenerte.

Al pasar cuarenta días con tanta fortaleza pensé que el día número cuarenta y uno sería igualmente fácil, pero no fue así. En ese día una debilidad extrema me invadió por dentro y por fuera. La piel parecía que se me iba a quemar. Me sentía lastimado en mi interior. Tuve que tirarme en la pequeña camita del cuarto donde estaba encerrado y orar acostado. Fue un día de tormento. Un martirio indecible. Pensaba: ¿"Cómo es posible que después de cuarenta días tan fáciles, en este día todo se haya deshecho"? ¿Qué pasaba? En ese momento no lo entendí pero luego que entregué el ayuno, Dios me reveló todo. El Señor me mostró que su ayuno fue de cuarenta días y en ese tiempo yo ayuné con Su fortaleza. Al entrar en los cuarenta y un días, ya yo estaba prácticamente por mi cuenta. Por eso ese día final fue prácticamente un martirio, pero logré resistir y terminar el ayuno para la gloria de Dios.

Durante estos días de ayuno sucedieron cosas maravillosas. En uno de los días, pasaron un papelito por debajo de la puerta y decía que había una hermanita que tenía que hablar conmigo pues Dios la había llamado a dejar su trabajo para ayudarme en el ministerio. Le abrí la puerta y entró bañada en lágrimas y hablando en lenguas. Era la hermana Carmen Ramos, maestra de la escuela superior de Camuy. Dios me mostró que ella estaría al frente del departamento de correspondencia en nuestras oficinas generales. Pocos días más tarde ya ella estaba fuera de la escuela y trabajando en nuestro ministerio. Gloria a Dios. Mientras yo seguía encerrado en el ayuno Dios siguió llamando hermanos a ayudar en el ministerio y pocos días después de entregar el ayuno habían ya más de veinte hermanos que dejaron sus trabajos y sus estudios y se añadieron al ESCUADRON CRISTO VIENE que trabaja conmigo en la obra del Señor. Al entrar en el ayuno habíamos seis personas en el ministerio y al salir del ayuno había más de veinte llamados por Dios a ayudarme. Esta ha sido una de las grandes bendiciones fruto del ayuno del Señor. Mientras yo estaba encerrado en el ayuno los hermanos del Escuadrón daban cultos en diversos lugares y usaban las grabaciones de mis campañas. Muchos se salvaban y eran sanados por el poder de Dios. En otros lugares pasaba una de las películas del ministerio y Dios obraba en forma gloriosa. A pesar de estar encerrado en ayuno seguía ministrando con los mensajes grabados y la película, y multitud de almas se salvaban.

Para los últimos días del ayuno el diablo me lanzó un ataque tratando de romperme el ayuno. Sentí un malestar insoportable. Al quitarme la ropa me quedé asombrado pues tenía una infección en el cuerpo y salía pus en gran abundancia. Me puse la mano, oré y reprendí al diablo en el nombre de Jesús. Me sentí mejor y en pocos días la infección desapareció. "Y por cuya herida fuisteis sanados". 1 Pedro 2:24.

El Señor me visitó dos veces durante el ayuno. En ambas ocasiones yo oraba de rodillas y El entró en la habitación y me tocó por la espalda con su dedo. La segunda vez que lo hizo le pregunté qué significaba eso pues el dedo extendido que me tocaba estaba en posición de señalar. El Espíritu me habló y me dijo: "Eres señalado".

Faltando pocos días para terminar el ayuno el Señor me habló una noche que tenía un ómnibus Oldsmobile del 1970 y que la enviara a buscar a cambio de la mía que era del 1969. Envié a un hermano del ESCUADRON a la agencia de carros, y cuando el hermano le dijo que Dios me había dicho que aquel ómnibus era para mí, el comenzó a llorar, profundamente impresionado y se lo dio enseguida a cambio del ómnibus del 1969. No quiso aceptar devolución de dinero de ninguna manera. Cuando yo salí del ayuno el ómnibus estaba ya estacionado en la terraza de mi hogar tal y como el Señor me había mostrado.

Al entregar el ayuno me pesé y había rebajado treinta y seis libras. Pesaba sólo 129 libras. Subí a la parte superior del hogar a darme un baño. Al mirarme en el espejo y ver aquel cuerpo esquelético, sólo pude decir: "Dios mío permite que por cada libra que he rebajado miles de almas se salven". Creo que Dios escuchó esa plegaria pues en la primera campaña después del ayuno en el sector Levittown de Cataño, Puerto Rico, 2.303 almas aceptaron a Cristo en catorce días. En la segunda campaña en Bayamón 3.450 almas vinieron a Cristo y en Santo Domingo 4.972 almas vinieron al Señor en veintiún días de luchas, un total de 10.725 almas en las tres campañas después del ayuno. Es ayuno de victoria.

He escrito en detalles sobre este ayuno pues así me lo indicó el Señor para que multitud de hermanos se beneficien con estas experiencias y puedan entender lo que el ayuno del Señor implica, y alcanzar crecimiento espiritual pleno para dar fruto abundante para Dios y estar preparados para el Rapto. Nunca ha pasado por mi mente la idea de ostentar nada ni vanagloriarme de nada. Si esa hubiese sido mi actitud, Dios no le hubiese dado el crecimiento glorioso que le ha dado al ministerio después del ayuno. Los hombres juzgan superficialmente pero Dios que escudriña lo profundo del corazón honra conforme a nuestros esfuerzos. Por sus frutos los conoceréis. El fruto glorioso y gigante de este ayuno muestra que fue efectuado en la plena voluntad de Dios. Ora tú hermano y entra en el ayuno del Señor y conquista tú también la victoria.

Los días que siguen después del ayuno son días de gran bendición, pero también días peligrosos. En esos días Dios comienza a darnos bendición espiritual y mayor unción para el ministerio. El diablo también trata en esos días de arruinar el ayuno. Debemos estar alerta y orar con mucha frecuencia y madrugar a orar para darle la oportunidad a Dios de manifestar la bendición. Apenas yo salí del encierro para entregar el ayuno de los cuarenta y un días, Satanás me estaba esperando afuera y me lanzó un ataque cruel para tratar de atribularme pero guiado por el Espíritu me libré de la trampa. Cuando Cristo terminó su ayuno de cuarenta días y sintió hambre, el diablo vino a tentarlo tratando de que creara pan de las piedras. Jesús estaba muy alerta espiritualmente y lo reprendió con la palabra.

Cuídate de no caer en la tentación de comer de más en esos primeros días. Clama a Dios por templanza para comer conforme a la orientación que este libro te sugiere. Satanás puede traer contra ti esta y otras múltiples tentaciones.

Después del ayuno el Señor me enseñó a cantar y a danzar en el Espíritu. Me dio un género de lenguas para interceder en el Espíritu durante la oración. Cuando me unge para ello oro en lenguas prolongadamente mientras al mismo tiempo oro en el pensamiento con entendimiento.

Hay un punto muy importante que no queremos omitir. Cuando entres en el ayuno del Señor no propongas tú los días, sino que entra y pídele al Señor cuántos días son en tu caso Olvídate de los que ayunó otro siervo. No trates de imitar al que ayunó cuarenta y uno, o al que ayunó veintiuno. En la República Dominicana un hermano entró en el ayuno y él pensaba ayunar veintiún días. Durante el ayuno oraba al Señor y Dios le reveló que sólo eran siete días los que tenía que ayunar. Después de esos días se fue a predicar y el Señor lo bendijo poderosamente salvando almas y sanando enfermos. Cuando salimos de Puerto Rico en el mes de abril de 1973 para la gran campaña en Santo Domingo. Dios nos reveló los hermanos del ESCUADRON CRISTO VIENE que me acompañarían. Entre ellos Dios reveló y confirmó en forma especial a la misionera Margarita Hernández de Gurabo. No nos imaginábamos uno de los propósitos por los cuales Dios la enviaba. Durante la segunda semana de campaña Dios me mostró que había que extender la cruzada una semana más. Reuní los pastores y les informé conforme Dios me había mostrado. Casi todos estuvieron de acuerdo. Mientras hablábamos uno de los pastores dijo: "Deseo contar una revelación muy importante que Dios me dio mientras oraba muy de mañana". Contó el hermano que había tenido una visión y me vio a mí con el grupo que había ido de Puerto Rico. Vio entonces que la hermana Margarita Hernández se salió del grupo y le puso las manos y comenzó a orar por él. En ese momento él pudo ver que yo me acerqué y le dije a la hermana: "Actúa en el ayuno del Señor". El pastor vio entonces que comenzaba a caer una gran lluvia en el lugar y se formaba un gran río. Entendí que Dios iba a llamar a la hermana Margarita a entrar en el ayuno del Señor para provocar una bendición adicional en la campaña. Se lo informé a ella y esperamos.

El miércoles de la tercera semana de campaña todo el ESCUADRON estaba en ayuno. Íbamos a entregar a eso de las cinco de la tarde para luego comer y marchar a la campaña. Cuando fuimos a sentarnos a la mesa noté que la hermana Margarita se fue a orar a una habitación del hogar. Envié otra hermana a investigar lo que le sucedía. La hermana regresó y me dijo: "Ella dice que no siente entregar el ayuno sino seguir adelante". Después de la comida nos movimos varios hermanos a orar con la hermana Margarita. Allí se manifestó el poder de Dios en forma gloriosa y el Señor me mostró que se cumplía la visión del pastor y que la hermana entraba en el ayuno del Señor. No sabíamos los días pero al tercer día del ayuno ella se sintió tan mal que pensó entregar al siguiente día por la mañana. Oramos y el Espíritu nos mostró que eran cuatro días. A pesar de lo mal que se sentía ella obedeció al Señor. Ese cuarto día de su ayuno era sábado y marchamos por la noche a la campaña. Había como 20.000 personas y Dios derramó el Espíritu Santo en forma sobrenatural. Pastores, evangelistas y multitud de hermanos danzaban en el Espíritu. El poder tomó a la hermana Margarita y danzó en el Espíritu. Nos quedamos asombrados pues sabíamos lo débil que había estado, y a la mañana siguiente era que entonces entregaría. Multitudes fueron llenas esa noche por el poder de Dios. Se cumplió en forma literal la visión del pastor, que el ayuno del Señor al cual llamaría a la hermana provocaría una gran lluvia de poder en la campaña. Dios la llamó y determinó los días y esos cuatro días provocaron una de las bendiciones más grandes de la cruzada y 355 almas vinieron esa noche a Cristo. Fíjate hermano que lo importante es dejar que Él señale los días y la bendición será gloriosa.

Alguien me dijo: "No hay tal ayuno del Señor". ¿Será cierto? Para escribir la última parte de este libro Dios me apartó con El por siete días en una casa. Después de esta semana en ayuno y oración casi terminé el libro. Entregué el ayuno el martes 19 de junio de 1973. Ese día usé jugos como alimento y algunas frutas frescas. Seguí todo el día trabajando en el libro. Amanecía el día miércoles, y yo oraba de madrugada al Señor. De pronto el Espíritu me reveló lo que tenía que escribir para finalizar el libro. Dios me mostró: “Cristo predicó y dijo: Id y predicad el Evangelio a toda criatura”. Marcos 16:15. Por lo tanto como el Señor dijo: Predicad el Evangelio, decimos que es el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo o sea la palabra del Señor. Él también dijo: Entonces ayunarán. Por lo tanto como el Señor dijo ellos ayunarán, es el ayuno del Señor. En el nuevo testamento el ayuno nos fue dado por el apóstol Pablo. El hizo tres días de ayuno, no entregó hasta que Dios no le habló, lo sanó y lo bautizó con el Espíritu Santo. Era el ayuno del Señor y Dios usó al apóstol de más fruto para ilustrarlo. Después de esto la Biblia dice que Pablo vivió en ayunos, vigilias y ganando almas para Dios. El ministerio más grande en el nuevo testamento comenzó con el ayuno del Señor.

La iglesia apostólica comenzó su ministerio en el ayuno del Señor. Cristo les dijo que cuando El fuera quitado ellos ayunarían, y en el Aposento Alto la primera iglesia esperó por diez días hasta que cayó el poder de Dios. El Señor les ordenó a ayunar. Él lo ordenó. Era Su ayuno. ¿Qué clase de ayuno era? Esperando en El hasta conseguir la victoria. Al décimo día Dios derramó su Espíritu sobre ellos y los colmó de poder. La iglesia más poderosa que ha existido en el nuevo testamento nació en el ayuno del Señor.

Observa bien, el apóstol más grande que existió y la poderosa iglesia apostólica, dos columnas del cristianismo, nacieron en el ayuno del Señor.

Estos datos finales de este libro me los dio el Señor orando de madrugada, un día después de entregar un ayuno de siete días, al cual El me llamó para escribir este libro. Gloria a Dios. Entra tú en el ayuno del Señor y demanda pleno crecimiento espiritual Y Dios lo hará. 

Por eso ahora dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno, y lloro y lamento.
Joel 2:12.

FIN

lunes, 10 de febrero de 2014

Día 7: El Ayuno del Señor

El Ayuno del Señor

Por: Yiye Ávila




EL AYUNO DEL SEÑOR


El ayuno del Señor no es una doctrina nueva, ni una nueva modalidad de ayuno, sino simplemente el ayuno en la perfecta voluntad de Dios. Este nombre me lo dio el Señor una noche mientras oraba a la una de la mañana y el Espíritu me dijo: "Es ayuno de victoria".

A veces proponemos ayunar un día o más días para buscar bendición de Dios. Dios nos bendice por ello y nos prospera espiritualmente. El recompensa a los que ayunan para crecer espiritualmente y romper los yugos del diablo. En el ayuno del Señor no proponemos un número de días, sino que dejamos al Espíritu Santo que nos dirija en totalidad. Tú sientes entrar en ayuno decidido a conquistar una victoria espiritual grande. Clamas a Dios para que te dirija y te decides a no entregar hasta que Dios no te muestre. Una vez que estás dispuesto a hacer los días que Él te muestre, ya estás en el ayuno del Señor. Es su ayuno. El determina los días y pone su fortaleza y su victoria a tu disposición. Tú te dispones a ser dirigido por El y a confiar en que El no fallará en darte fuerzas, revelarte los días del ayuno y darte la victoria.

Yo entré en el ayuno del Señor en muchas ocasiones pero no fue hasta el último ayuno prolongado que Dios me reveló lo que era el ayuno del Señor. Es muy importante entender esto pues así tú puedes sacarle el máximo de beneficio a cualquier campaña de ayuno.

Cuando yo me convertí al Señor inmediatamente sentí ayunar. Hice profesión de FE en una noche inolvidable.

Estuve esa tarde dando una exhibición de levantamiento de pesas en la plaza de Barceloneta. De ahí salimos para una comida que me tenían los auspiciadores del programa deportivo. Sentados en ese lugar esperábamos la comida. Mientras esperábamos mi mente estaba en el culto de campaña que conducía esa noche el evangelista José M. Ruiz en la pequeña iglesia Defensores de la Fe del barrio Montebello de Manatí. La comida se tardó un poco y no pude resistir. Me puse de pie y me marché. Prácticamente volaba por la carretera en mi Ford 1955. Me parecía que no iba a llegar nunca. Era un sábado por la noche. Llegué a la iglesia y me senté en uno de los bancos posteriores. El hermano predicó e hizo el llamado. Pasé al altar y con lágrimas acepté al Señor. Al otro día tenía trabajo en una agencia hípica que para ese tiempo yo tenía en mi pueblo de Camuy. Allí yo vendía para esa época el vicio de los caballos de carrera a mis comprovincianos. No trabajé. Puse a otro por mí pues yo sentía estar en ayuno. Fue mi primer día de ayuno. A las seis de la tarde no sentía hambre, ni sed. Hubiese podido seguir el ayuno pero pensando lo que había oído de otros, que el ayuno era hasta las seis de la tarde, entregué y tomé alimentos. Si hubiese tenido conocimiento de lo que es el ayuno del Señor, le hubiese orado a Dios que me dirigiera y no me permitiera entregar hasta que no fuera su voluntad. Estoy seguro que hubiera ayunado varios días sin entregar. La falta de conocimiento preciso de las cosas espirituales a veces nos priva de grandes bendiciones de Dios.

Antes de entender lo que era el ayuno del Señor, yo entré en él varias veces. En una ocasión Dios me habló y me dijo: "Te quiero en ayuno una semana y otra semana". Entendí que eran catorce días sin entregar. Era el ayuno del Señor. El señalaba los días y en este caso específico me llamaba a hacerlo. Entré en ayuno. Me encerraba todos los días completamente solo en cierto lugar y ahí estaba orando y leyendo la Biblia todo el día. Luego marchaba a mi hogar y tenía culto con mis hijas que eran pequeñas, y oraba con ellas y le enseñaba la palabra. Al acostarlas seguía orando y leyendo la Biblia hasta que sentía acostarme. Así transcurrieron los catorce días. Cada día me sentía mejor. Oraba de diez a doce horas diarias y clamaba por una unción mayor para el ministerio. En esos días Dios me dio muchas visiones sobre el fruto grande que vendría como consecuencia del ayuno. Me reveló la condición espiritual de algunos hermanos a los cuales les hablé después del ayuno. Salí completamente sano y con energías como si no hubiese ayunado. Era el ayuno del Señor. Él puso sus fuerzas y me mostró el número de días a ayunar. Como resultado de ese ayuno las campañas comenzaron a producir más frutos y más sanidades, y milagros y bautismos del Espíritu eran obrados por Dios. No olvido que en la primera campaña después de este ayuno, en un campo de Utuado, sentí una unción gloriosa para predicar y un gran grupo de almas vino al Señor y milagros fueron obrados por el poder de Dios. Era el primer gran fruto de aquel ayuno.

En otra ocasión sentí la necesidad de entrar en ayuno. Oré y le dije al Señor: "No entrego hasta que Tú no me hables y me digas que es suficiente". No lo entendía en aquellos días pero entraba de nuevo en el ayuno del Señor pues dejaba a Él decidir los días. Comencé el ayuno y pasaron los primeros días orando y clamando en abundancia. Me sentía muy bien. Me despertaba siempre muy de madrugada a orar el primer período. Una de esas noches oraba de rodillas como a las cuatro de la mañana. De pronto sentí a alguien frente a mí. Me quedé tenso. Sabía que era el Señor. Se acercó más y sentí cuando me echó su brazo alrededor de mi espalda. Su mano quedó al lado de mi cintura. En ese instante me habló y me dijo: "Yiye, Yiye no toques a las puertas de nadie". Entendí que ello implicaba que no tenía que depender de nadie ni suplicarle a nadie sino sólo a Él. En ese momento no pude resistir el deseo de tocarlo y extendí mi mano y lo agarré por la muñeca. Fue como si hubiese tocado a cualquier otro hombre. Sentía en mi mano sencillamente la muñeca de una persona. Mientras mantenía su brazo alrededor de mi espalda, volvió a hablarme y me dijo: "Sonríete". Entendí que me quería decir, que si Él estaba conmigo y con su brazo sosteniéndome por la cintura, podía sonreírme con confianza pues con El sólo podemos esperar victoria. El señor estuvo por un instante más a mi lado y luego se desapareció. Quedé allí de rodillas sintiendo una poderosa bendición del Espíritu Santo.

Los días siguieron pasando y yo oraba, clamaba al Señor y le recordaba que no entregaría hasta que Él no me lo revelara. En la noche número dieciséis de ayuno, tuve una revelación y vi una carta que llegó a mis manos y solo decía: "El hombre que empezó el ayuno de los dieciséis días". Entendí que el ayuno había terminado. Oré desde la madrugada y como a las siete de la mañana, rompí el ayuno y me tomé un vaso de jugo de uva. Después de este ayuno Dios me dio campañas donde se convirtieron muchas más almas que en las anteriores.

En otra ocasión sentí el llamado para ayuno nuevamente. Sentía que sería un ayuno prolongado pero no sabía cuantos días. Oraba buscando dirección precisa de Dios y sentí que estaría encerrado en una habitación sin ver a nadie hasta terminar el ayuno. Así lo hice. No sabía cuantos días serían pero oré diciéndole al Señor: "No salgo hasta que Tú me digas que el ayuno ha terminado". No sabía yo que estaba de nuevo en el ayuno del Señor, y en un ayuno decisivo para mi ministerio. Empezaron a pasar los días y oraba y leía la Biblia sin cesar. No es fácil quedarse encerrado en una habitación por días y sin ver a nadie pero esa era la voluntad de Dios. En esos días el Señor me dio la mayor parte de los tratados de mi ministerio y me dio los títulos de los discos de larga duración que están llevando tanta bendición a miles de almas en diferentes lugares. Fueron días de gran lucha y tuve experiencias muy grandes con Dios.

Amanecía el día número diecisiete del ayuno y estaba tan débil que no podía ni moverme. Oraba acostado en el piso y le pedía fuerzas al Señor y le decía que no entregaba hasta que Él no me hablara. Casi no podía ni hablar de la debilidad. Oraba en el pensamiento. "Señor dame fuerzas", era mi clamor. De pronto Jesús apareció de pie a mi izquierda. Su figura de hombre estaba allí a mi lado. Mientras lo miraba sentí al Espíritu Santo moverse a mi derecha. El Espíritu se movió como un viento que soplaba y movió mi cuerpo y me lanzó sobre el Señor. En aquel instante Jesús extendió su mano y me haló hacia arriba al mismo tiempo que gritó: "Ven". Sentí cuando mi cuerpo salió del cuarto a gran velocidad. Me encontré fuera de la habitación. El Señor estaba a mi lado. Hacía un fresco maravilloso, respiré profundamente, abrí mis brazos, noté que podía flotar en el aire y moverme con gran libertad. El Señor se mantenía en todo momento junto a mí. Volé en todas direcciones junto al Señor y sentía una sensación profunda de descanso. De pronto descendimos y volví a encontrarme acostado en el piso de la habitación. El Señor estaba de pie a mi lado. Antes de desaparecerse me dijo: "Poderes del diablo". Me avisaba de la gran visitación satánica que iba a tener en ese día. Cuando Jesús se desapareció di un salto y corrí por la habitación. Saltaba y me movía y sólo podía decir: "Dios mío, tengo más energías que cuando levantaba pesas". Así era. Estaba nuevo. Volví a orar con gran vigor y entusiasmo pero en breve comenzó la visitación de demonios que el Señor me había anunciado. Muchos entraron en el cuarto y cogieron la figura de algunos de mis familiares a los cuales oprimían. Uno de los que entró tenía la figura de mi mamá, y entendí que era el demonio que la enfermó y casi le causó la muerte. Lo reprendí y salió del cuarto. Otro tocaba guitarra y cantaba y sabía que era el demonio que mantenía a mi papá en el mundo del pecado. Entraron otros que no deseo mencionar debido a las personas que representaban y a las cuales oprimían. Según entraban yo los reprendía y se desaparecían. Algunos salían del cuarto y los escuchaba según se marchaban peleando por el pasillo.

Pasaron varios días más y un día el Espíritu Santo me habló y me dijo: "Dos ayes". No entendía lo que eso significaba pero le pregunté al Señor y esa noche en un sueño me dijeron que los dos ayes eran dos días más que me quedaban en ayuno. Estos días el veinte y veintiuno pasaron y salí del cuarto completamente sano y seguro de una gran victoria espiritual. Después de este ayuno Dios me proveyó para tirar catorce títulos diferentes de tratados, docenas de programas de radio y grabaciones. Verdaderamente el ministerio amplio nació después de este ayuno. Gloria a Dios. Fueron veintiún días de batalla grande pero el fruto ha sido en miles de almas y de enfermos que han recibido liberación. Era el ayuno del Señor. El dispuso los días pero también me dio sus fuerzas y la gran victoria que siguió a esta gran batalla de FE. El ayuno y la oración es el método de Dios para crecer espiritualmente y alcanzar la plenitud de lo que Dios quiere darnos. Es la fórmula que han tenido que usar los grandes siervos de Dios de todas las épocas. ¿Quieres mayor unción en tu ministerio? ¿Deseas un ministerio de gran fruto? Paga el precio, que aun Jesús tuvo que hacerlo y nosotros no somos mejores que el Señor. Entra en el ayuno del Señor. Es ayuno de victoria.

El ayuno del Señor puede ser usado, no sólo por un creyente interesado en crecer espiritualmente, sino también por iglesias completas. La primera iglesia nos dio ejemplo. Por diez días estuvieron apartados en el aposento alto esperando la bendición del Espíritu Santo. Dios me ha mostrado que estaban en ayuno y estaban en el ayuno del Señor pues no estaban dispuestos a ceder hasta que no recibieran la promesa del Padre. Esperaron diez días pero al cabo de ellos el Espíritu Santo descendió como un viento recio y los 120 fueron llenos del poder y todos hablaron en otras lenguas y danzaron en el Espíritu Santo. Hechos 2:3. Lleno del poder Pedro predicó su primer mensaje y 3.000 almas vinieron a Cristo. La iglesia esperó diez días todos unánimes en clamor y ayuno delante de Dios. Estaban haciendo lo que Cristo les dijo: El Señor les ordenó que estuvieran quedos en Jerusalén esperando el poder del Espíritu. Él también les había ordenado que cuando el esposo les fuera quitado ellos ayunarían. No terminó el retiro de toda la iglesia hasta que no cayó la bendición grande de Dios. Era el ayuno del Señor, ayuno de victoria y nació de una iglesia poderosa y miles vinieron a Cristo.

Si las iglesias entraran de vez en cuando en el ayuno del Señor verían la Gloria de Dios. Algunos me han dicho que esto es imposible ya que muchos trabajan. Es cierto que hay dificultades, pero si todos los hermanos se pusieran de acuerdo para coger juntos unas vacaciones, la iglesia entera podría entrar en el ayuno del Señor. Dios podría revelarle dos o tres días o quizás más tiempo para que el ayuno de toda la iglesia unida sea una victoria espiritual poderosa. Si pensamos en la victoria que Dios le dio a la primera iglesia en los diez días en el aposento alto, podemos visualizar lo que podría hacer con nuestras iglesias actuales si entraran en el ayuno del Señor los días que Él les señale. Ciertamente la iglesia se llenaría del poder como en Pentecostés. Saldrían a relucir los pecados escondidos. Se iría el modernismo y la vanidad. Las mujeres vestirían decentemente y se le iría el deseo obsesivo a los hermanos del deporte y la televisión. Los enojos y contiendas entre hermanos se desaparecerían y muchos pecadores, como en Pentecostés, se convertirían. Los dones del Espíritu se comenzarían a manifestar y muchos serían llamados al ministerio.




sábado, 8 de febrero de 2014

Día 6: El Ayuno del Señor

El Ayuno del Señor

Por: Yiye Ávila




GRANDES MINISTERIOS DE ESTE SIGLO Y EL AYUNO


Los grandes ministerios de este siglo son fruto del ayuno y la oración. Vamos a traer testimonios de algunos de ellos para edificación de los hermanos.

1.      Evangelista T. L. Osborn, a la edad de catorce años recibió el llamado del Señor. A1i edad de quince dejó la finca de su padre y se fue con un ministro de la comunidad a conducir campañas. Por dos años y medio acompañó a ese ministro en campañas por muchos estados. En 1944 fue nombrado pastor de una iglesia en Portland Oregón. Luego estuvo de misionero por un año en la India. Aún él no entendía nada sobre el ministerio de sanidad divina. En 1946 aceptó el pastorado en otra iglesia en McMinville, Oregón. Para esos días Dios comenzó a inquietarlo en forma poderosa y una mañana tuvo una gloriosa experiencia. Cristo se le apareció en persona en toda su magnificencia. Estaba decidido y conmovido a buscar el plan perfecto de Dios para su vida.
En una campaña del reverendo William Branham él vio la Biblia en acción cuando el hermano Branham oró por una niña sordomuda y ésta oyó, y habló perfectamente. Su vida fue cambiada esa noche. Muchos días de ayuno y oración siguieron a aquella noche. Comenzó a orar por los enfermos y Dios comenzó a sanar pero él no estaba satisfecho aún. Le notificó a la iglesia que se iba a apartar con e! Señor y que no vería a nadie hasta que Dios no le hablara. Su esposa tomó la responsabilidad del pastorado y él se apartó en un segundo piso. Al tercer día de ayuno el Señor le habló y le dijo- Hijo mío, así como estuve con Price, Mc.Pherson, Wigglesworth (evangelistas ya muertos) así estaré contigo.
Ellos murieron, pero ahora es el momento de tú levantarte. Ve y echa fuera demonios, sana los enfermos, levanta los muertos y limpia leprosos. Mira que te doy poder contra todo poder del enemigo. No temas. Sé fuerte. Ten valor. Estaré contigo como estuve con ellos. Ningún poder del diablo te podrá resistir. Enséñales a creer en mi palabra. Este es tu día y ahora yo deseo usarte a ti. Después de esta gloriosa experiencia, muchas semanas de oración y ayuno siguieron y sanidades y milagros fueron el resultado.
Después de esto renunció a la iglesia y se lanzó al ministerio de evangelismo al cual Dios lo llamaba. Dios le ha usado en este ministerio por más de veinte años y sigue usándolo aún. Su trabajo actual es de naturaleza internacional y cubre a millares de almas.
El ayuno y la oración fueron la clave para la gran victoria espiritual de este varón de Dios. Ora tú hermano, y ayuna si quieres alcanzar la plenitud de tu ministerio.

2.      Evangelista W. V. Grant: Fue primeramente pastor de una iglesia. Dios le bendijo grandemente en el pastorado. Luego lo llamó a predicar y comenzó a usarlo ganando almas y bautizando con su Espíritu. En esos días él atendía aún un negocio material. A pesar del llamado no dejó el trabajo. Se enfermó en forma seria. A pesar de que su esposa se decidió a atender el negocio para que él predicara, no se sanó. Cuando ambos decidieron vender todo para lanzarse al ministerio entonces quedó sano instantáneamente.
Dios comenzó a revelársele continuamente en sueños y visiones y le hablaba de un ministerio mundial. Comenzó a conducir campañas por todo el país y Dios le bendecía.
Hasta esa época él había estado en contra de los ayunos largos. Nunca había ayunado más de cuatro días. Sintió entonces la necesidad de encerrarse en una habitación y ayunar un número mayor de días conforme lo indicó el Señor. El último día de ayuno oyó la voz del Señor que le llamaba para echar fuera demonios y sanar los enfermos con mayor unción que antes. Fue algo que él anhelaba y lo había pedido por años. Lo recibió por fin en el ayuno del Señor. El Señor lo llamó a ayunar y le reveló el número de días que ayunaría. En su próxima campaña vio tres de sus hermanos y una hermana entregarse al Señor y ser llenos del Espíritu Santo. Las visiones, revelaciones y señales aumentaron en el ministerio. Dios lo llamó una noche a un ayuno más largo que el anterior. Le dijo el número exacto de días. Suspendió las campañas y se encerró en un cuarto. Su esposa fielmente le atendía. Al terminar este ayuno Dios le habló y le dijo: "Déjate guiar por el Espíritu". Siguió las campañas y multitud de ojos ciegos, oídos sordos y artritis eran sanadas y muchos llenos del Espíritu Santo y salvados del pecado. Muchos dejaban las muletas y los carros de ruedas, los espejuelos y los vicios.
Dios lo llamó a un ayuno más largo. Le dijo el número de días exacto a seguir. Después de esto, cientos se convertían al Señor en cada campaña y cientos eran llenos del Espíritu Santo. Gentes de todas las denominaciones eran llenos del poder de Dios. Milagros de todo tipo eran obrados por el Señor.
Dios lo llamó a otro ayuno largo. Durante el ayuno Dios le mostró muchos pueblos como de 10.000 habitantes cada uno. Las gentes en esos pueblos gritaban: "¿Quién nos va a traer el mensaje a nosotros?" Después del ayuno Dios le suplió una carpa y multitudes se salvaron en ella.
El ministerio del hermano Grant se extendió luego a otros países. En sus campañas en África miles se salvaron. En las Filipinas miles vinieron al Señor. Dios le dio un gran ministerio radial que cubre a millones de almas. Ha escrito más de 200 libros. Millones de copias han salido llevando la palabra de Dios.
Es otro ministerio mundial de frutos incalculables. El ayuno y la oración han sido los instrumentos poderosos que han dado el crecimiento a este varón de Dios y a su ministerio. Hermano, es la fórmula de la Biblia. Aprovecha tú y entra en el ayuno del Señor y alcanza tu madurez espiritual.

3.      Reverendo William Branham: El hermano Branham comenzó como pastor de una iglesia Bautista en Jeffersonville, Indiana y al mismo tiempo predicaba campañas de salvación. Dios lo bendecía, pero él sabía que Él tenía algo especial para su ministerio.
Un día caminaba alrededor de su casa y al pasar por debajo de un árbol pareció que toda la parte superior del árbol se había caído. Pareció que algo bajó por aquel árbol como un viento poderoso. Todos corrieron atemorizados y le preguntaron qué había sucedido. No era la primera vez que sucedía. En muchas ocasiones anteriores el hermano había tenido experiencias similares que le hacían sentir que Dios tenía algo especial con él. Contestó a su esposa y le dijo: "Ha llegado el momento de averiguar todo lo que Dios tiene conmigo". Se despidió de los suyos y les dijo que se iba a apartar a un lugar secreto y no volvía hasta que Dios no le hablara.
Se apartó en ese lugar y encerrado allí comenzó a orar y le pidió a Dios que le hablara en alguna forma, que él estaba dispuesto a hacer su voluntad. De pronto, bien de noche, una luz apareció en el cuarto y empezó a regarse por toda la habitación. Al mirar hacia arriba, una gran estrella colgaba en lo alto. Parecía una bola de fuego. Entonces escuchó a alguien que caminaba y moviéndose a través de la luz vio los pies de una persona. El hombre se le acercó y pudo notar que pesaba alrededor de 200 libras y vestía una túnica blanca. No tenía barba y su pelo oscuro caía sobre sus hombros. Era trigueño y su apariencia era muy agradable. Aquella persona empezó a hablarle y le dijo: "No temas. He sido enviado de la presencia del Dios Altísimo para indicarte que Dios te envía con un don de sanidad divina a ministrarle a gentes de todo el mundo. Si te mantienes sincero, ni aun el cáncer se te resistirá". Era un ángel del Señor, y le indicó en detalles cómo el don se manifestaría.
El hermano Branham salió de su encierro y comenzó a ministrar. Cuando sentía la presencia del ángel, enfermos de todo tipo se sanaban por su oración y él discernía las enfermedades de las gentes. Su ministerio cubrió muchos países Y multitudes se salvaron pero antes de recibir esa unción gloriosa tuvo que apartarse a solas con Dios hasta que Él le habló.
Todo el que anhele un ministerio de poder y de gran fruto, apártese con Dios en oración y ayuno, hasta que el Señor se le revele.

4.      Evangelista Oral Roberts. El hermano Roberts fue sanado por Dios de tuberculosis ya desahuciado de los médicos. Pocas semanas después del milagro el comenzó a predicar. Se asoció con su papa y unidos predicaron muchas campañas. A pesar de que Dios les bendecía no había tantos milagros como los que muestra la Biblia.
Después de esto, el hermano Roberts comenzó a predicar campañas evangelísticas por todo el país. Su esposa le ayudaba Dios les bendecía, obraba sanidades, milagros y muchos se salvaban. Sin embargo, él sentía que Dios no se estaba manifestando en la medida que él estaba esperando.
En una ocasión, Dios le habló y le dijo: "Hijo mío no seas como los otros hombres. No seas como otros predicadores. Sé cómo mi Hijo Jesucristo y trae sanidad a las gentes como Él lo hizo". ¿Cómo podría ser él como Cristo. Parecía imposible. Dios volvió a hablarle y le dijo: "Lee los cuatro Evangelios y el libro de los Hechos en forma completa, tres veces cada mes, y verás a Jesucristo como yo deseo que lo veas" El comenzó a hacerlo, y una necesidad imperiosa de apartarse con Dios se apoderó de él. Llamó a su esposa y le dijo, que no cocinara más para él. "Voy a buscar a Dios en ayuno y oración". Se apartó con el Señor. En el ayuno y en la debilidad física, él clamaba a Dios por su guianza. Gradualmente comenzó a sentir el poder de Dios, y su fortaleza llenando todo su ser. Una confianza mayor comenzó a echar raíces en su corazón. Él estaba decidido a conseguir la unción necesaria para sanar enfermos, como
Jesús los sanó. Esperaba con profunda decisión oír la voz de Dios y recibir sus instrucciones. Oraba sin cesar y se iba sintiendo más y más cerca de Dios. El Espíritu tomó control de él, y oraba y le parecía que Jesús estaba de pie a su lado. Sintió que algo salió de él y algo entró en él.
De pronto, Dios le habló con voz audible: "Levántate sobre tus pies, sal y entra en tu automóvil". El obedeció. Dios siguió hablándole y le dijo: "Guía un tramo y vuelve a la derecha. Ahora es que comienza tu ministerio de sanidad. Tendrás mi poder para orar por los enfermos y echar fuera demonios". Un gozo indescriptible le invadió y empezó a alabar a Dios en voz alta. Sentía más poder y autoridad en su voz.
Entregó su ayuno y organizó enseguida una campaña en Enid, Oklahoma. Más de 1.000 personas asistieron. Dios obro salvando y sanando en forma maravillosa. La unción sobre él era gloriosa se sentía en fuego.
Después de esto comenzó un ministerio mundial que ha llevado salvación y sanidad a miles y miles por todo el mundo. El ayuno y la oración obro la gran victoria.

5.      Evangelista Neal Frisby. Fue un adicto a drogas y al alcohol, y lo enviaron a una institución del estado. Leyendo unos libros del reverendo Grant fue liberado. Se salvó y fue lleno del Espíritu Santo. Fue llamado a predicar y quince meses después de su conversión conducía campañas de avivamiento y Dios obraba grandes milagros. ¿Cómo es posible algo semejante?
Cuando Neal Frisby salió de la institución, Dios lo llamó a ayunar. El, prácticamente no sabía nada de ayuno. El Espíritu lo guiaba. Creyó que serían pocos días, pero no pudo entregar, sino seguir adelante. Casi nunca había ayunado antes. El Señor le fortalecía. Usaba sólo agua. Dios le dirigió a ayunar cuarenta días y sus noches. Oraba catorce y dieciocho horas, al día. Oraba toda la noche. Al amanecer dormía como cuatro horas. Era el ayuno del Señor. Dios lo sostenía. Nadie podría hacerlo sin la unción de Dios. El diablo le atacaba constantemente pero él estaba determinado a vencer.
Con Dios todo es posible. Su esposa oraba continuamente por él. Aun cuando él estuvo en la institución, ella oraba por él sin cesar. ¡Cuánto vale una esposa que ore y ame a Dios sobre todas las cosas!
Dios le habló una noche y le dijo: "Estaré contigo como estuve con Josué y con Moisés”. En otra ocasión le habló y le dijo, que este es el tiempo del fin, y esta es la última generación.
Después de este glorioso ayuno él empezó a ministrar y Dios empezó a obrar milagros asombrosos. Especialmente una increíble unción para milagros creativos obraba en todas las campañas. Muchos que no tenían tímpanos, Dios se los creaba y oían perfectamente. Dios le dirigía a llamar gente que le faltaba huesos, y al orar por ellos el Señor se los creaba. Gente con piernas más cortas que la otra le eran igualadas y en muchos casos las personas veían la pierna crecer durante la oración. Tendones partidos eran creados, y piel era creada en forma milagrosa.
En ocasiones una luz como la luz de neón aparece. Muchos la han visto. Los que la ven sienten una fe poderosa. Milagros creativos ocurren cuando aparece. Es una luz que sana los enfermos y cuando viene sobre el hermano cualquier cosa puede suceder.
Dios le reveló al hermano que todo creyente que niega los milagros tiene el espíritu del anticristo. Previene al hermano contra la televisión porque al verla a muchos le entran demonios. Su ministerio es algo sobrenatural. Ciertamente pagó el precio por ello. Cuarenta días en el ayuno del Señor, guiado por Dios, han traído este poderoso ministerio. Dios lo guió a este ayuno y le dio su fortaleza. Rebajó cuarenta libras en esos días pero luego se recuperó a una perfecta salud.

6.      Evangelista A. A. Allen. El hermano Allen fue llamado por Dios para predicar el evangelio. Comenzó a predicar en los EE. UU. Dios lo usaba y las almas se salvaban y muchos eran sanados. A pesar de esto había en él una gran inquietud. Sabía que había algo más grande de parte de Dios conforme a la Biblia. Creía que Dios podía manifestarse con mucho más poder en su ministerio. Se decidió a conseguir el poder milagroso de Dios a cualquier costo. Llamó a su esposa y le dijo: "Me voy a encerrar en ese closet y no salgo hasta que Dios me hable".
No es fácil una decisión como esa, pero este es camino de valientes y el que quiera un ministerio de poder tiene que decidirse a pagar el precio.
Él estaba seguro que si oraba y ayunaba, Dios le mostraría qué tenía que hacer para que el poder de Dios se manifestara en su ministerio en forma notable.
Decidido a oír de Dios se encerró en el closet en oración. Su esposa cerró con llave por fuera conforme él le había ordenado. Se arrodilló y comenzó a orar. El interior del closet era muy oscuro. Pasaba el tiempo. Le parecía que muchos días habían pasado. Estuvo tentado a gritarle a su esposa que abriera pero quería oír de Dios y tal decisión lo hizo seguir allí en oración y ayuno. Se decía así mismo: "Me quedaré aquí de rodillas hasta que Dios me conteste o me moriré en el intento".
De pronto la gloria de Dios comenzó a llenar el closet. El creyó que su esposa había abierto la puerta según el closet comenzó a iluminarse, pero no era así, sino que el Señor había abierto la puerta del cielo. Todo quedó lleno de luz. Era la luz de la gloria de Dios. La presencia de Dios era tan real y maravillosa y tan poderosa que creyó que se iba a morir de rodillas.
Entonces como un remolino escuchó su voz. Era Dios. Le estaba hablando. Era la contestación gloriosa por la que había esperado tanto tiempo. Dios le habló y le dio una lista de las cosas que impedían que el poder de Dios se manifestara en él. A cada requisito el Señor le añadía una explicación y su importancia. Él pensaba por qué no había traído un papel y un lápiz. El no esperaba que el Señor le hablaría con tantos detalles y le daría una lista tan larga.
Mientras Dios le seguía hablando, sintió buscar en su bolsillo y encontró un pequeño lápiz. No tenía punta pero él le sacó con los dientes. Buscó un papel pero no había. Se acordó de una caja de cartón llena de ropa que había en el closet y pensó que podía escribir en ella. Le pidió al Señor que por favor le repitiera todo para él escribirlo, y le hablara lentamente.
Dios comenzó de nuevo a hablarle y le repitió uno tras otro los requisitos. Mientras Dios le hablaba, él escribía. Al terminar, el Señor le dijo: "Esta es la contestación. Cuando estés en obediencia de todo lo que está en la lista, sanarás enfermos y en mi nombre echarás fuera demonios. Verás grandes milagros mientras predicas la palabra, y te daré poder, sobre todo poder del enemigo".
Dios también le dijo, que las cosas que le estaban impidiendo a él, también le impedían a la mayor parte de los ministros.
El closet comenzó a ponerse oscuro de nuevo. El poder de Dios comenzó a desvanecerse y poco tiempo después había desaparecido. Rompió la parte de la caja donde había estado escribiendo y sostuvo la lista en su mano. Tocó a la puerta del closet. Su esposa abrió la puerta. En cuanto lo vio ella entendió que había hablado con Dios. Tienes la contestación". Fueron sus primeras palabras. "Si mi amor, Dios me visitó y aquí está la contestación". En su mano estaba el pedazo de cartón que le había costado tantas horas de oración, ayuno y espera. Había once puntos en la lista que tendría que obedecer y la victoria sería suya.
Mucho tiempo de oración y ayuno adicional, siguió a esta gloriosa experiencia para tomar dominio sobre los puntos que Dios le había mostrado. Con la ayuda de Dios lo logró y un ministerio mundial nació para la gloria del Señor. Multitudes se salvaron en su ministerio y milagros increíbles eran obrados en todas sus campañas.
Muchos han hablado mal de Allen, pero Dios no me llamó a mí a criticar otros ministerios, ni a juzgarlos. Él sirvió al Señor y miles se salvaron y se sanaron por sus esfuerzos

NOTA IMPORTANTE
El testimonio relacionado con William Branham, en las páginas anteriores, se ha incluido con el único propósito de ilustrar la necesidad de apartarse con Dios en ayuno y oración para lograr un ministerio de poder.
No nos identificamos con doctrinas que este hermano predicara para final de su ministerio, ni mucho menos con los que predican que aquél que no lo siga a él no se salva. Creemos y predicamos que sólo Cristo salva y en ningún hombre está la salvación sino en Cristo Jesús. Hechos 4:12. Por tanto reconocemos que su doctrina que se predica ahora es antibíblica.

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