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Entrégale a Dios tu amor, y él te dará lo que más deseas. Pon tu vida en sus manos; confía plenamente en él, y él actuará en tu favor. Salmo 37:4 BLS
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miércoles, 7 de diciembre de 2011

Devocional Día 136

Devocional Día 136
Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración


Conclusión: Llegando a ser personas de oración

Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra (Mateo 6:10).

La oración no es opcional. ¡Es necesaria! En este libro hemos explorado muchos principios poderosos con respecto a la oración. La oración es la invitación que extendemos a Dios para que intervenga en los asuntos terrenales, nuestro acuerdo con Su voluntad soberana, nuestra petición para que Él obre en este mundo. Es una parte vital del propósito de Dios en la creación—y es algo para lo que hemos sido llamados.

Me gustaría desafiarle a que tome los principios que se hallan en este libro y los ponga a prueba. Comience orando conforme a la Palabra de Dios y en el nombre de Jesús. Revise las preguntas personales y los pasos de acción al final de cada capítulo y póngalos en práctica. Descubra su poder, su autoridad y sus derechos como intercesor de la tierra. En resumen llegue a ser una persona de oración.

UNA PERSONA DE ORACIÓN.

Una persona de oración:

• Sabe que la oración es algo sagrado que Dios nos ha dado.
• Entiende su propósito en la vida como sacerdote de Dios e intercesor del mundo.
• Tiene una relación de confianza con el Padre celestial y desea que el mundo experimente el poder de Su presencia y vida.
• Sabe que la voluntad de Dios fluirá desde el cielo hasta la tierra por medio de sus oraciones y las oraciones de todo el pueblo de Dios.

Si conocemos el plan de Dios, pero fallamos en cumplirlo, seremos como la persona que ve su reflejo en un espejo e inmediatamente se olvida de cómo luce (Véase Santiago 1:22-25). La necesidad absoluta de la oración deberá ser como la imagen indeleble de nuestros corazones y mentes. Si queremos ver que la voluntad de Dios sea hecha en la tierra, entonces debemos hacer nuestra parte—debemos orar.

Dios desea que usted se asocie con Él en el gran propósito de reclamar y redimir al mundo. Las Escrituras dicen, "si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra" (2da Crónicas 7:14). Aquí Dios está diciendo, "si...mi pueblo… entonces yo". Una vez más, Dios ha llamado a Su pueblo a ser Sus sacerdotes e intercesores— esto abarca a todo el cuerpo de Cristo, no solamente a un grupo selecto de "guerreros de oración intercesora" de la iglesia local. Todos nosotros tenemos el poder de hacer que la voluntad de Dios se cumpla en la tierra para que todo el mundo pueda ser sanado y transformado por medio de Su gracia.

Recuerde, lo que ocurre en la tierra no está determinado por Dios, sino que está determinado por lo que Él permite que ocurra. La voluntad de Dios puede ser llevada a cabo sólo por medio de la cooperación del hombre terrenal. La oración es ese medio de cooperación. Por consiguiente, la oración es la actividad humana más importante.

Use el propósito y la posición que Dios le ha dado para invitar al cielo a intervenir en el reino terrenal. Prepare su corazón, su mente, su alma y su fuerza para asentir completamente en que la voluntad de Dios sea hecha en la tierra hasta que "los reinos del mundo [hayan] venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo" (Apocalipsis 11:15).

La tierra depende de su oración. Las familias de la tierra dependen de su oración. Los hijos de sus hijos dependen de su oración. Toda la creación depende de su oración. El cielo depende de su oración. Mi desafío a usted es:

Cumpla con su obligación para con su generación y el futuro del planeta tierra.

Fuente: Munroe, M. (2005) Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración. Whitaker House. EE.UU.

martes, 6 de diciembre de 2011

Devocional Día 135

Devocional Día 135
Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración


Entendiendo el ayuno

PONIENDO EN PRÁCTICA LA ORACIÓN

Pregúntese usted mismo:

• ¿Se inclinan mis oraciones a enfocarse en mí o en los demás?
• ¿Hay alguna situación en mi vida, o alguna persona, por la cual estoy orando pero se resiste a la oración?
• ¿Oigo a Dios y experimento el poder de Su Espíritu para suplir mis necesidades y las de los demás?
• ¿Es el ayuno una práctica regular en mi vida?

Pasos de acción:

• Compare Isaías 58:6-9 con 1ra Juan 3:14-19 y Mateo 25:31-40. ¿De qué manera refuerzan los pasajes del Nuevo Testamento lo que Dios dijo que era importante para Él durante el ayuno, lo cual Él describió en el pasaje de Isaías?
• Considerando el tipo de ayuno que agrada a Dios, ¿de qué manera puede usted ayudar para suplir las necesidades espirituales o físicas de alguien durante esta semana?
• Aparte un tiempo para consagrarse en oración y ayuno a favor de alguien más que necesita hallar soluciones.

PRINCIPIOS

1) Dios espera que Su pueblo ayune; no es opcional. De la misma forma que practicamos los hábitos de leer la Biblia y de orar, debemos también practicar el hábito de ayunar.

2) El ayuno es una decisión concienzuda e intencional para abstenerse del placer del comer, por cierto tiempo, para obtener beneficios espirituales.

3) Las siguientes son características del ayuno:
• El ayuno es apartar un tiempo para buscar el rostro de Dios. Esto quiere decir abstenerse de otras cosas para entregarle a Dios todo nuestro corazón en oración.
• El ayuno significa poner a Dios primero, enfocar toda nuestra atención en Él solamente.
• El ayuno es un tiempo para fomentar un ambiente sensible para que la oración obre.
• El ayuno es una forma de interceder por los demás.

4) El ayuno no cambia a Dios; nos cambia a nosotros y a nuestras oraciones.

5) Los resultados de la oración son:
• Oír de Dios: El ayuno nos permite recibir guía, sabiduría, instrucción y conocimiento de parte de Dios.
• Poder de Dios: El ayuno nos permite recibir la llenura del poder de Dios para el ministerio.
• Soluciones a situaciones difíciles: El ayuno brinda soluciones a situaciones difíciles o a la vida de aquellos que se resisten al Evangelio.

6) De acuerdo con Isaías 58, las formas correctas e incorrectas de ayunar son:
• Correcta: Ser consagrados y comprometidos con Dios. Ayunar teniendo las prioridades correctas, presentar las cargas de los demás, tener un corazón dadivoso, mostrar amor a los demás y tener una carga por las almas.
• Incorrecta: Ayunar pero tratando a los demás con injusticia, contendiendo y debatiendo; buscando alcanzar nuestros propios placeres y no la voluntad de Dios.

7) Los resultados de un verdadero ayuno son los siguientes:
• Las personas son liberadas y restauradas delante de Dios.
• El que ayuna recibe las bendiciones de Dios.

Fuente: Munroe, M. (2005) Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración. Whitaker House. EE.UU.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Devocional Día 134

Devocional Día 134
Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración


Entendiendo el ayuno

PREPARARSE PARA SER LLENO

¿Está cansado de orar sin obtener resultados? Cuando ayuna, usted se prepara para recibir respuesta a su oración. Dios ha prometido que si usted ayuna de la manera correcta, Él escuchará y responderá. "Entonces invocarás, y te oirá Jehová; clamarás, y dirá él: Heme aquí" (Isaías 58:9). ¿Por qué contestará Dios sus oraciones? Porque cuando usted ayuna, usted se abre a Él. Su capacidad espiritual para oír y recibir incrementa. Usted vacía sus propios intereses y se prepara para que Él lo llene.

OREMOS JUNTOS

Padre celestial:

Tú nos has enseñado que cuando oramos debemos presentar también las necesidades de los demás. El ayuno es una forma de intercesión y queremos ser investidos por Tu Espíritu por medio del ayuno para que podamos ministrar a los demás y contraatacar la obra del enemigo. Nos consagramos ante Ti en oración y ayuno, apartándonos para buscarte a Ti y a Tu voluntad, en vez de nuestros propios intereses. Úsanos para cumplir Tus propósitos para Tu gloria. Oramos en el nombre de Jesús, quien ayunó y oró, no sólo por Sus discípulos, sino también por nosotros los que creemos en Él por medio de los testimonios de ellos. Amén.

Fuente: Munroe, M. (2005) Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración. Whitaker House. EE.UU.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Devocional Día 133

Devocional Día 133
Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración


Entendiendo el ayuno

RESULTADOS DEL AYUNO

Soluciones a situaciones difíciles

Tercero, a menudo el ayuno brinda soluciones a situaciones difíciles o a la vida de aquellos que se resisten al Evangelio. En el primer capítulo de Joel, leemos:

La vid está seca, y pereció la higuera; el granado también, la palmera y el manzano; todos los árboles del campo se secaron, por lo cual se extinguió el gozo de los hijos de los hombres. Ceñíos y lamentad, sacerdotes; gemid, ministros del altar; venid, dormid en cilicio, ministros de mi Dios; porque quitada es de la casa de vuestro Dios la ofrenda y la libación. Proclamad ayuno, convocad a asamblea; congregad a los ancianos y a los moradores de la tierra en la casa de Jehová vuestro Dios, y clamad a Jehová (Joel 1:12-14).

Este pareciera un pasaje de las Escrituras un tanto deprimente, ¿no es así? Éste habla de todas las cosas que faltan. Todo salió mal y nada funcionaba para los israelitas. No obstante, el Señor tenía la respuesta. Él dijo: "Proclamad ayuno...[solemne, NVI]". De igual forma, cuando las cosas están duras, cuando usted no recibe solución o nada parece salir bien en su vida, Dios dice: "Deja todo y conságrate. Ven a Mí". Joel 2:12-13 nos expresa el resultado de buscar de Dios:

"Por eso pues, ahora", dice Jehová, "convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo".

En otras palabras, en Joel 2:18-32, Dios dijo: "Después de que ayunes, prepárate, porque algo bueno ocurrirá. Comienza por hacer algarabía porque Me estoy preparando para darte la solución". Veamos una porción de ese pasaje:

Tierra, no temas; alégrate y gózate, porque Jehová hará grandes cosas. Animales del campo, no temáis; porque los pastos del desierto reverdecerán, porque los árboles llevarán su fruto, la higuera y la vid darán sus frutos. Vosotros también, hijos de Sion, alegraos y gózaos en Jehová vuestro Dios; porque os ha dado la primera lluvia a su tiempo, y hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía como al principio. Las eras se llenarán de trigo, y los lagares rebosarán de vino y aceite. Y os restituiré los años que comió la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta, mi gran ejército que envié contra vosotros (Joel 2:21-25).

Este es el mismo capítulo en el que Dios profetizó sobre el derramamiento de Su Espíritu en los últimos tiempos:

Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días (vv. 28-29; véase Hechos 2:16-18).

El resultado de un sincero ayuno y de una sincera oración es que Dios responde, trayendo liberación y bendición.

No siempre la oración es suficiente. Algunas veces solamente el orar junto con el ayunar puede traer liberación.

¿Alguna vez ha orado y confiado en Dios por algunas cosas y por mucho tiempo? Probablemente usted necesite incluir el ayuno en sus oraciones. Yo me preguntaba por qué mi madre le decía a mis hermanos, a mis hermanas y a mí: "Todos ustedes serán salvos. Estoy ayunando por todos ustedes". Con mucha frecuencia mi madre ayunaba. Ella decía de uno de sus hijos, "él corre y se mete en problemas. Tengo que ayunar". Ella le llamaba al ayuno "pagar el precio por su hijo". Hoy en día, cada uno de sus once hijos es nacido de nuevo. Antes de pasar a la presencia del Señor, ella los vio a todos ser salvos. El orar no es suficiente para algunos hijos. Ellos son tan duros que usted tiene que ir un poco más profundo para que ellos puedan ser libertados.

Quizás usted ha confiado en Dios por años para que ciertos miembros de la familia, amigos y conocidos lleguen a Cristo. Es posible que los espíritus malignos del enemigo, los cuales los están engañando, no los dejen a menos que usted añada ayuno a sus oraciones. O quizás usted ha orado por una solución en su lugar de trabajo. Usted también puede ayunar por esa situación. Usted podría decirle a Dios, "Padre, me estoy consagrando. Estoy apartándome para esta situación en mi trabajo". Cuando usted "pagué el precio" orando y ayunando, Dios responderá.

Cuando nos consagramos, necesitamos ser cuidadosos de no impedir la efectividad de nuestro ayuno. Éste debe llevarse a cabo con el espíritu correcto. Isaías 58 nos indica cuál es el ayuno correcto o incorrecto. En el versículo tres, Dios citó a los israelitas: "¿Por qué, dicen, ayunamos, y no hiciste caso; humillamos nuestras almas, y no te diste por entendido?". Su respuesta fue:

He aquí que en el día de vuestro ayuno buscáis vuestro propio gusto, y oprimís a todos vuestros trabajadores. He aquí que para contiendas y debates ayunáis y para herir con el puño inicuamente; no ayunéis como hoy, para que vuestra voz sea oída en lo alto (vv. 3-4).

¿Cuál era el problema con el ayuno de los israelitas? Era catalogado como injusto por los demás y terminaba en "contiendas y debates". Me imagino que ellos dirían algo como, "¿notaste que fulano de tal rompió su ayuno?" o "yo ayuno más que tú". Ellos competían entre sí—aun en los asuntos espirituales. Eso es contender.

Cuando Dios dice: "Proclamad ayuno, convocad a asamblea" (Joel 1:14), Él está diciendo: "Llamen al pueblo a dejar sus deberes cotidianos y a que ayunen como un deber santo delante de Mí". Si alguien quiere ser serio con Dios, él debe demostrar su compromiso al hacer las cosas que debe hacer—con la actitud correcta. Si hacemos "lo que queremos" cuando ayunamos, en vez de buscar y obedecer a Dios, Él nos dirá, "¿esperas que Yo conteste tus oraciones teniendo tú esa actitud?".

"Esto no es un juego. O ayunas o estás en cierto tipo de dieta. Si estás a dieta, puedes ver la televisión, jugar en la computadora o hacer lo que te plazca. Sin embargo, si vas a consagrarte delante de Mí, entonces debes apartarte y buscarme a Mí y no a tus propios intereses". Eso es lo que debemos hacer si queremos que nuestros ayunos sean agradables delante de Dios. Dios quiere que fervientemente le busquemos a Él y Sus caminos. A cambio de esto, Él derramará Su poder sobre nosotros.

¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano? Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia. Entonces invocarás, y te oirá Jehová; clamarás, y dirá él: Heme aquí. Si quitares de en medio de ti el yugo, el dedo amenazador, y el hablar vanidad.. .Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan (Isaías 58:6-9, 11).

Isaías dice que el ayuno que agrada a Dios tiene el poder para romper las cadenas de la injusticia y destruir los yugos del oprimido. La unción de Dios puede liberar a las personas de sus cargas. Esta unción llega por medio del ayuno consagrado y comprometido con Dios. Por consiguiente, un verdadero ayuno hará que usted entienda y valore las cosas importantes de la vida. Usted llegará a ser dadivoso. Usted comenzará a amar a las personas y querrá suplir sus necesidades. Usted tendrá una carga por las almas.

El ayuno hará que las vidas de las personas sean restauradas y usted también recibirá las bendiciones de Dios.

Isaías 58:12 nos relata el resultado de este tipo de ayuno: "Y los tuyos edificarán las ruinas antiguas; los cimientos de generación y generación levantarás, y serás llamado reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar". La vida de las personas será restaurada ante Dios y usted también recibirá las bendiciones de Dios. Por ejemplo, el versículo ocho dice, "entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto". Cuando ayuna, usted tiene una oportunidad para activar su fe para sanar. Probablemente usted haya orado por algún tiempo pidiendo sanidad. Aquí Dios le está diciendo, "debido a que estás dispuesto a consagrarte delante de Mí y a humillarte a favor de los demás, pronto enviaré sanidad".

Isaías 58:8 también dice, "e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia". El Señor le protegerá.

Si algunas personas le tienden trampas, Dios dirá, "ese es uno de mis santos consagrados; no lo toquen". Estas y otras bendiciones llegarán como resultado de un ayuno que agrade a Dios.

Fuente: Munroe, M. (2005) Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración. Whitaker House. EE.UU.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Devocional Día 132

Devocional Día 132
Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración


Entendiendo el ayuno

RESULTADOS DEL AYUNO

Poder de Dios

Segundo, el ayuno nos permite recibir la llenura del poder de Dios para el ministerio. Algunas veces la oración no es suficiente para lograr los propósitos de Dios. La Biblia cuenta de un hombre cuyo hijo estaba poseído por los demonios. Los discípulos de Jesús trataban de echar fuera ese demonio, pero el demonio se reía de ellos. ¿Por qué? Ellos no estaban preparados. Entonces Jesús llegó y echó fuera ese demonio. Los discípulos apartaron a Jesús y le preguntaron por qué ellos no habían podido liberar al joven. Su respuesta fue, "este género no sale sino con oración y ayuno" (Mateo 17:21).

Cristo pudo echar fuera el demonio al que se enfrentaba porque Él había pasado cuarenta días preparándose para el ministerio por medio de ayuno y oración, y, debido a que Él continuaba orando y ayunando regularmente. ¿Alguna vez asistió a un servicio de adoración y no sentía deseos de adorar a Dios? ¿Alguna vez le ha dicho a Dios que usted deseaba sentir más de Su poder? Puede que usted se sienta así porque ha estado alimentando su carne y descuidando su espíritu. De nuevo, aunque Dios creó nuestros cuerpos físicos para que necesitaran alimento, Él quiere que sean controlados por nuestros espíritus. Yo enseño la Palabra de Dios casi todos los días de mi vida. No como nada antes de exponerla, porque lo peor que se debe hacer antes de presentar la Palabra es comer. Su carne interrumpirá el fluir de la unción.

A esto se refería Jesús cuando les dijo a Sus discípulos que el demonio que afligía al hijo de ese hombre saldría solamente con oración y ayuno. En efecto, Él les estaba diciendo, "ustedes han orado por la liberación del hijo de este hombre, la oración es buena. Sin embargo, algunas veces ustedes necesitan agregar algo más a sus oraciones: un espíritu de consagración a Dios y una abstinencia de lo que pudiera interferir con el fluir del poder de Dios en sus vidas".

¿Ha pensado alguna vez?, "he sido creyente por diez años, pero Dios parece estar tan lejos. Me siento tan vacío. Me siento como si estuviera en el desierto. No tengo ningún celo espiritual. No tengo ninguna pasión espiritual por Dios". Permítame hacerle estas preguntas: ¿Es usted salvo todavía? Sí. ¿Tiene usted todavía a Espíritu Santo? Sí. Entonces, ¿por qué se siente tan vacío y seco? ¿Por qué no quiere asistir a la iglesia, leer la Biblia, orar o hablar con nadie acerca de Dios?

Para contestar estas preguntas, veamos el ejemplo de Cristo. Cuando Él estuvo en la tierra, Él tenía toda la capacidad de la unción de Dios para suplir las necesidades de las personas. Con todo, el ayuno era una necesidad para Él. La Biblia dice, "Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto por cuarenta días, y era tentado por el diablo. Y no comió nada en aquellos días" (Lucas 4:1-2, el énfasis fue añadido). Luego dice, "Y cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se apartó de él por un tiempo...Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea" (Lucas 4:13-14, el énfasis fue añadido).

Cuarenta días antes, cuando Jesús fue bautizado por Juan en el Jordán, los cielos se abrieron y el Espíritu Santo descendió sobre Él (Lucas 3:21-22). Pero leemos que, después de ayunar, Él "volvió en el poder del Espíritu"—el cual ya había recibido antes de ayunar. Jesús no recibió el Espíritu Santo después de ayunar, sino que el Espíritu que estaba en Él se manifestó con un nuevo poder después del ayuno. En Juan 3:34, Juan el Bautista dice acerca de Jesús, "Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla; pues Dios no da el Espíritu por medida". Yo creo que durante el ayuno de Jesús, Dios le dio el Espíritu sin medida.

Un ayuno encenderá el poder del Espíritu dentro de usted.

De manera similar, aunque usted recibió el Espíritu Santo cuando nació de nuevo, un ayuno encenderá Su poder dentro de usted. Cuando ayune, usted desarrollará un hambre por Dios como también una intimidad con Él, y, la obra del Espíritu Santo será manifestada poderosamente en su vida. Su amor por el Padre será renovado. Será un gozo para usted testificar a otros acerca del amor y la gracia de Dios. Usted podrá servir a Dios en formas nunca antes esperadas.

Una de las primeras cosas a las que Jesús se enfrentó después de Su ayuno fue un hombre poseído por un demonio. Cuando usted ayuna, Dios le enviará algunos problemas difíciles porque ahora usted estará listo para tratar con ellos por medio de Su Espíritu. Hay personas a las que Dios quiere que usted les ministre, pero todavía no se han cruzado por su camino porque usted todavía no está facultado para ayudarles. El ayuno le preparará para el ministerio.

Fuente: Munroe, M. (2005) Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración. Whitaker House. EE.UU.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Devocional Día 131

Devocional Día 131
Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración


Entendiendo el ayuno

RESULTADOS DEL AYUNO

Necesitamos entender el valor e importancia de vaciarnos de la comida y llenarnos de Dios. El ayuno nos permite incrementar nuestra capacidad espiritual. El ayuno ejerce disciplina sobre nuestros apetitos físicos. Lleva al cuerpo a sujeción de lo que el espíritu desea. Somos espíritus, pero vivimos en el cuerpo. La mayoría de las veces nuestros cuerpos nos controlan. Cuando usted ayuna su espíritu incrementa el control sobre su cuerpo. El ayunar le permite disciplinar su cuerpo para que de esta manera el cuerpo llegue a ser un siervo del Señor y no el amo de su espíritu. Su cuerpo comienza a obedecer a su espíritu y no a sus propios impulsos y hábitos.

El ayuno Incrementa su capacidad espiritual.

El ayuno no cambia a Dios; nos cambia a nosotros, y, transforma nuestras oraciones. Todavía no nos damos cuenta del poder que fluye por medio del ayuno.

Oír de Dios

Primero, el ayuno nos permite recibir guía, sabiduría, instrucción y conocimiento de parte de Dios. Cuando Moisés subió al Monte Sinaí, él buscaba la voluntad de Dios para el pueblo israelita; Dios lo llevó a un ayuno de cuarenta días. Al concluir este ayuno, Dios le dio una poderosa revelación—la Ley, con sus Diez Mandamientos—la cual muchas naciones han usado como el fundamento de sus sociedades. Todos nuestros códigos penales están basados en la Ley que Moisés recibió durante sus cuarenta días de ayuno. Así de poderoso fue ese ayuno. Cuando usted ayune, Dios le hablará. Usted recibirá una revelación de parte de Él, la cual no podría recibir de otra manera.

Cuando usted ayune, el tiempo que puede ocupar en sus comidas deberá ocuparlo en oración y lectura de la Biblia, para que usted escuche lo que Dios quiere decirle. Es asombroso pensar en cuántas horas al día se utilizan normalmente para comer. Planificar las comidas, hacer las compras, cocinar, comer y limpiar, todo esto consume mucho tiempo. Cuando usted ayuna, todo ese tiempo está disponible para que usted busque de Dios. Dios siempre ha deseado una relación cercana con usted. Durante un ayuno, hay tiempo para que se empiece a desarrollar una verdadera intimidad.

Fuente: Munroe, M. (2005) Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración. Whitaker House. EE.UU.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Devocional Día 130

Devocional Día 130
Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración


Entendiendo el ayuno

EL PROPÓSITO DEL AYUNO

El ayuno es abstenerse intencionalmente de comer. Algunas veces las personas confunden el hambre con el ayuno. Ellos dirán, "estaba tan ocupado hoy que no comí nada. Tomaré eso como un ayuno". Ese no fue un ayuno, porque usted planeaba comer pero no lo hizo por falta de tiempo. En el Antiguo Testamento, la palabra hebrea para ayuno es tsum. Ésta significa "cubrir la boca". En el Nuevo Testamento, la palabra griega es nhsteúo [o nesteuo]. Ésta significa "abstenerse de alimento". El ayuno es una decisión concienzuda e intencional para abstenerse del placer del comer, por cierto tiempo, para obtener beneficios espirituales vitales. El verdadero ayuno conlleva lo siguiente:

Buscar a Dios

Primero, el ayuno es apartar un tiempo para buscar el rostro de Dios. Esto quiere decir abstenerse de las otras cosas en las que usted encuentra placer con el propósito de entregarle a Dios todo su corazón en oración. Cuando usted ora, usted le dice a Dios, "mi oración y las respuestas que busco son más importantes que mi placer en el comer".

Poner a Dios primero

Segundo, el ayuno significa poner a Dios primero, enfocar toda su atención en Él solamente—no en Sus dones o bendiciones, sino en Dios mismo. Esto le demuestra a Dios cuánto usted le ama y aprecia. De esta manera, el ayuno es un punto de intimidad con Dios. Dios se revelará a Sí mismo sólo a las personas que quieren conocerle. Él dice: "Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón" (Jeremías 29:13).

El ayuno es poner a Dios primero en su vida.

Cuando usted ayuna, eso indica que usted quiere estar con Dios más de lo que usted quiere pasar el tiempo con otras personas, que usted le desea a Él más que a su negocio o sus ocupaciones. Su ayuno le demuestra a Dios que Él es primero en su vida. Es un determinado compromiso con Él. Si usted le dice a Dios, "Oh, Señor, quiero ver Tu rostro", mientras su mente divaga, Dios le dirá a usted, "Yo no puedo mostrarte Mi rostro cuando tú no me miras a Mí".

Ayunar significa que lo único que usted desea es a Dios. No quiere lo que Él tiene para darle; usted lo quiere sólo a Él. Esto no es asunto de que usted intente sacarle algo a Dios. Es un asunto de tratar de llegar a Dios. Esto es debido a que cuando usted encuentra a Dios mismo, usted descubrirá que todo lo que usted necesita llega con Él.

Crear un ambiente para orar

Tercero, el ayuno es un tiempo para fomentar un ambiente sensible para que la oración obre. Cuando usted lee en la Biblia acerca del ayuno, éste siempre va acompañado de la palabra oración. En el Antiguo Testamento, las personas ayunaban juntamente con una oración sincera en tiempos de lamento y arrepentimiento. También fue usado como un punto de liberación de varias situaciones. A menudo, cuando el enemigo desafiaba al pueblo de Dios, los israelitas se comprometían a cumplir con varios días de ayuno. Ellos dirían algo así, "ayunaremos hasta que el Señor nos diga lo que debemos hacer". El Señor respondía, les daba una estrategia y ellos ganaban la batalla.

Por consiguiente, el ayuno añade a nuestras oraciones el ambiente para que Dios obre. El ayuno nos permite ver el cumplimiento de la Palabra de Dios y Sus propósitos para con nosotros individualmente y como parte del cuerpo de Cristo en general.

Interceder por los demás

Cuarto, el ayuno es una forma de interceder por los demás. En la mayoría de los casos bíblicos, cuando una persona o varias personas ayunaban, esto era a favor de las necesidades de los demás, ya sea que fuere un problema nacional o una situación familiar. Ellos ayunaban para que Dios interfiriera en sus circunstancias. Creo que aquellos que ayunaban también se beneficiaban por su obediencia en el ayuno. No obstante, el propósito principal del ayuno es beneficiar a otros. El ayunar va más allá de un simple orar, ya que algunas veces nuestras oraciones pueden ser bien egoístas. Con frecuencia oramos sólo por lo que nosotros queremos o necesitamos. El ayuno lleva la oración a un plano completamente diferente.

Por ejemplo, cuando Jesús estaba por empezar Su ministerio, el precio que tuvo que pagar fue de cuarenta días y cuarenta noches de ayuno (Lucas 4:1-2). Él necesitaba consagrarse para la difícil tarea de cumplir con el propósito de Dios para redimir al mundo. También, antes de escoger a Sus doce discípulos, Él pasó toda una noche en oración (Lucas 6:12-16). Poco antes de Su crucifixión, Él oró a favor de aquellos que Dios le había dado y por aquellos que creerían en Él por medio del testimonio de los discípulos (Juan 17:6-26). ¿Cuál era el motivo para que Jesús ayunara y orara? Por causa de Sus discípulos y por los creyentes que vendrían a lo largo de las épocas, los cuales pondrían su fe en Él.

Entonces ellos [los escribas y los fariseos] le dijeron [a Jesús]: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces y hacen oraciones, y asimismo los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben? Él les dijo: ¿Podéis acaso hacer que los que están de bodas ayunen, entre tanto que el esposo está con ellos? Mas vendrán días cuando el esposo les será quitado; entonces, en aquellos días ayunarán (Lucas 5:33-35).

Aquí Cristo está diciendo, "mientras Yo esté con los discípulos, ellos no ayunarán porque Yo ayuno por ellos. Pero llegará el día cuando Yo iré al Padre; entonces ellos ayunarán". ¿Por qué tendrían que ayunar los discípulos si ya Jesús había ayunado por ellos? Ellos debían ayunar por el mundo, para que el mundo pudiera recibir el poder de Dios por medio de la fe y el testimonio de ellos. De igual forma, cuando nosotros ayunamos, debemos ayunar para el beneficio de las demás personas.

Fuente: Munroe, M. (2005) Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración. Whitaker House. EE.UU.

martes, 29 de noviembre de 2011

Devocional Día 129

Devocional Día 129
Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración


Entendiendo el ayuno

EL AYUNO ES PARTE NATURAL DE LA VIDA CRISTIANA

Primero, el ayuno debería ser una parte natural de la vida de un creyente. De la misma forma que practicamos los hábitos de leer la Biblia y de orar, debemos también practicar el hábito de ayunar.

La oración y el ayuno son partes iguales de un mismo ministerio. En Mateo 6:5-6, Jesús dijo: "Y cuando ores..." (el énfasis fue añadido). Él no dijo, "Y si oras", sino "Y cuando ores...". En el mismo pasaje Él dijo: "Cuando ayunéis" (vv. 16-17, el énfasis fue añadido). Al igual que la oración no es opcional para el creyente, el ayuno tampoco es opcional. Es una expectativa natural de Dios en Su pueblo. Cristo nos está diciendo aquí, "si Me amas, orarás y ayunarás". Hay momentos en que el Espíritu Santo se moverá en una persona o en un grupo de personas y sobrenaturalmente les dará un deseo por ayunar. Pero, la mayoría de las veces, el ayuno es un acto de nuestra fe y de nuestra voluntad. Es una decisión que tomamos basados en nuestra obediencia a Cristo. Aunque queramos comer, temporalmente elegimos no hacerlo porque amamos al Señor.

Fuente: Munroe, M. (2005) Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración. Whitaker House. EE.UU.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Devocional Día 128

Devocional Día 128
Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración


Entendiendo el ayuno

El ayuno es una decisión concienzuda e intencional para abstenerse del placer del comer, por cierto tiempo, para obtener beneficios espirituales vitales.

Todos los grandes santos de la Biblia ayunaron. Moisés, David, Nehemías, Jeremías, Daniel, Ana, Pablo, Pedro e incluso Jesús mismo, todos ayunaron. ¿Alguna vez ha dicho para sí mismo algo como lo siguiente? "Desearía tener la fe de Josué, quien hizo que el sol se detuviera". "Desearía ser como Pedro, que cuando su sombra caía sobre las personas éstas eran sanadas—o Pablo, cuyas ropas hacían que las personas que las tocaran fueran sanadas o liberadas". "Me gustaría ser como Juan, quien recibió la revelación de Dios". Admiramos a estos creyentes, pero no nos damos cuenta del por qué tan tremendo poder espiritual fue manifestado en sus vidas. Ese poder era manifestado porque ellos se comprometieron a las altas normas de la práctica de su fe para que Dios pudiera usarlos para cumplir Sus propósitos. De acuerdo con esto, la oración y el ayuno eran parte normal de sus vidas. El ayuno es uno de los pilares de la fe cristiana. Es mencionado en un tercio de las Escrituras, tanto como la oración. Aun así, la mayoría de los creyentes colocan el ayuno en el fondo de su experiencia como creyentes. Muchos consideran que la práctica regular del ayuno es casi fanática.

No era ese el caso en el pasado. El ayuno era visto como de mucho valor e importancia en la iglesia cristiana. Hoy en día ha llegado a ser un arte perdido. Se enseña y practica tan poco sobre el ayuno que ya no lo entienden ni los mismos cristianos, especialmente los nuevos cristianos que apenas llegan al cuerpo de Cristo. Ellos no oyen o ven a creyentes maduros ayunando, entonces ellos concluyen que es algo que tiene una importancia histórica solamente.

En la actualidad, cuando traigo a colación el tema del ayuno entre los creyentes, ellos inevitablemente tienen muchas preguntas:

• ¿Debería ayunar todo creyente?
• ¿Hay alguna virtud en el ayuno?
• ¿Cómo el ayuno edifica nuestra vida de oración?
• ¿Ayunar significa solamente abstenerse de comer?
• ¿Cuándo debemos ayunar?
• ¿Puede una persona ayunar y no orar?
• ¿Cuál es la importancia espiritual del ayuno?

El ayuno ha sido parte de mi estilo de vida por los últimos treinta y cuatro años de mi caminar con el Señor. Comencé a ayunar a la edad de catorce años y he desarrollado un tremendo amor por esta maravillosa experiencia. En este capítulo, quiero darle algunas pautas generales para ayudarle a entender qué es el ayuno y por qué Dios dice que debemos ayunar.

Fuente: Munroe, M. (2005) Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración. Whitaker House. EE.UU.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Devocional Día 127

Devocional Día 127
Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración


El poder del nombre de Jesús

PONIENDO EN PRÁCTICA LA ORACIÓN

Pregúntese usted mismo:
  • ¿He orado en el nombre de Jesús sin pensar realmente lo que significa ese nombre?
  • Cuando oro en el nombre de Jesús, ¿pienso en si mi propia vida es representación de Su carácter y vida?
  • ¿Qué atributos específicos de Jesús suplen mi necesidad particular hoy?

Pasos de acción:
  • El nombre de Jesús es el único nombre que puede activar el poder celestial. Aplique lo que ha aprendido en este capítulo, pensando en sus necesidades y en las necesidades de los demás, clamando en Su nombre como su poder generalísimo. Puesto que Él es el YO SOY, Sus atributos son numerosos para sus necesidades. Él es Salvador, Sanador, Fortalecedor, Libertador, Gozo, Sabiduría, Bondad, Amistad, Dador de visión, Sustentador, Pagador de renta, el que hace crecer negocios y mucho más.
  • Tome tiempo esta semana para adorar al Señor por todos Sus maravillosos atributos. Pídale que le perdone por tomar Su nombre tan ligeramente y por usarlo mal; luego de esto proponga en su corazón siempre honrar Su nombre. "Torre fuerte es el nombre de Jehová; a él correrá el justo, y será levantado" (Proverbios 18:10). Siempre que se enfrente a una situación difícil, en vez de temer, ponerse ansioso o enojado, corra al nombre del Señor en oración y clame a Él como su Salvación y Justicia, y como su Protector y Defensor.

PRINCIPIOS

1) El nombre de Jesús no es una fórmula mágica que garantiza la aceptación automática de nuestras oraciones.
2) Debemos poder usar legalmente la autoridad detrás del poder del nombre Jesús para así obtener resultados en la oración.
3) La autoridad que tenemos en el nombre de Jesús por medio de la oración es una autoridad en el pacto porque está basada en nuestra relación de pacto con Dios por medio de Cristo.
4) En las Escrituras, el nombre de alguien (o algo) simbolizaba la esencia de su naturaleza. Éste representaba los
atributos y características colectivas de la persona—su naturaleza, poder y gloria.
5) El nombre superlativo de Dios, YO SOY, abarca toda Su naturaleza y todos Sus atributos.
6) Los nombres de la segunda persona de la Trinidad se refieren a todo lo que Él es, tanto Hijo de Dios como Hijo del Hombre—toda Su naturaleza, poder y gloria.
7) Jesús es el nombre de Cristo en Su humanidad—como el Hijo del Hombre. Sin embargo, YO SOY es el nombre de Cristo en Su divinidad—como el Hijo de Dios. "Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy" (Juan 8:58).
8) Si queremos que Dios supla nuestra necesidad cuando oramos "en el nombre de Jesús", debemos orar basados en el divino nombre que suple nuestra necesidad particular en ese momento.
9) Orar en el nombre de Jesús es otorgarle a Él un poder generalísimo para que interceda por nosotros cuando presentamos nuestras peticiones al Padre.
10) El Espíritu Santo continúa el ministerio de Jesús en la tierra. Él nos ayuda a ejecutar nuestro poder generalísimo capacitándonos para orar cuando no sabemos cómo hacerlo.
11) El nombre de Jesús es el único nombre que puede activar el poder celestial.
12) La autoridad del nombre de Jesús es la base para que nosotros cumplamos con La Gran Comisión.

Fuente: Munroe, M. (2005) Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración. Whitaker House. EE.UU.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Devocional Día 126

Devocional Día 126
Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración


El poder del nombre de Jesús

CLAME EN EL NOMBRE DEL SEÑOR

La Biblia dice, "torre fuerte es el nombre de Jehová; a él correrá el justo, y será levantado" (Proverbios 18:10). Quizás usted ha estado orando por algo por mucho tiempo. Si usted necesita sanidad, use el nombre de Jesús como nunca antes lo hizo y aplique el nombre de Jesús a su situación. Probablemente usted necesite liberación de sus malos hábitos. Para romper esas cadenas, usted debe usar el poder de Su nombre.

Lo que sea que usted necesite, clame a Él para suplir su necesidad basándose en quien Él es. Use lo que Él le ha dado: Su naturaleza; Sus atributos; la autoridad para orar en Su nombre para que así usted le pueda pedir al Padre que manifieste Su poder en su vida y en la vida de los demás. Clame en el nombre del Señor.


OREMOS JUNTOS

Padre celestial:

"¡Cuan glorioso es tu nombre en toda la tierra!" (Salmos 8:1, 9). Tu Palabra dice que en el nombre de Jesús toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesús es el Señor de todo (Filipenses 2:9-10). Jesús dijo que si pedimos cualquier cosa en Su nombre, Tú lo harás (Juan 16:23). Sabemos que no podemos pedir en el nombre de Jesús a menos que pidamos conforme a Tu voluntad. Sin embargo, también sabemos que si pedimos en el nombre de Tu Hijo, Él presentará nuestras peticiones ante Ti de la manera apropiada. Él orará conforme a Tu voluntad. Él orará por nosotros cuando no sepamos qué decir. Él alegará nuestro caso. Así, Señor, pedimos que sea hecha Tu voluntad. No hay otro nombre por medio del cual podamos presentar nuestras peticiones más que en el nombre de Jesús. Clamamos al poder de Su nombre para suplir nuestras necesidades. ¡Oramos en el nombre de Jesús, cuyo nombre es sobre todo nombre. Amén!

Fuente: Munroe, M. (2005) Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración. Whitaker House. EE.UU.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Devocional Día 125

Devocional Día 125
Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración


El poder del nombre de Jesús

EL NOMBRE DE JESÚS ES LA LLAVE PARA ENTRAR EN EL CIELO

Una de las cosas que Jesús enfatizó es que "el Padre ama al Hijo" (Juan 3:35; Juan 5:20). Esta es una verdad crucial en relación con la oración porque, si el Padre ama al Hijo, entonces el Padre hará cualquier cosa que el Hijo desee. Si el Padre ama al Hijo y hace cualquier cosa que el Hijo le pida, y, si el Hijo le representa a usted, entonces usted no tiene que preocuparse porque su caso ya ha sido escuchado. Por esa razón es esencial que usted clame al poder generalísimo de Jesús al orar.

Si usted desea llevar a cabo negocios con el Padre, no intente llegarle sin usar el nombre de Jesús, porque Su nombre es la llave para entrar en el cielo. Jesús no pidió que se presentara una lista de santos ante el Padre cuando usted orara. Él no pidió una lista con los nombres de muchas buenas personas para ayudarle en su caso. ¿Por qué querría alguien la ayuda de esas personas cuando tenemos al Hijo? Marta, María, Lucas, Bartolomé, Juan, Santiago y otros fueron creyentes fieles. No obstante, cuando Pedro encontró al hombre a la puerta del templo La Hermosa, él sanó a ese hombre en el nombre de Jesús, no en el nombre de los creyentes. De hecho, él dijo, "no tengo oro ni plata. Todo lo que tengo es un nombre, el nombre, y estoy por hacer negocios con el cielo. El Padre está obrando, y, yo ya te veo sano. Por consiguiente, voy a traer a la tierra lo que veo en el cielo; pero debo hacerlo por medio de la vía legal" (Véase Hechos 3:1-8). Nadie más que Jesús puede ser nuestra vía legal para llegar al Padre.

Nadie más que Jesús puede ser nuestra vía legal para llegar al Padre.

Podemos apreciar a los líderes religiosos del mundo que han pasado a la historia o que todavía viven. Sin embargo, Jesús dijo que si queremos llevar a cabo negocios con el Padre, debemos ir en Su nombre solamente. La Biblia dice que "en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hechos 4:12). Nuestras leyes dicen que la persona cuyo nombre aparece en el poder generalísimo es la única persona que legalmente puede dar representación. De acuerdo con la Palabra de Dios, Jesús es el único que puede abogar por usted: "Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre" (1ra Timoteo 2:5).

Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra (Filipenses 2:9-10).

Si quiere que la rodilla de la pobreza se doblegue, usted debe usar el nombre correcto. Si quiere que la rodilla de la enfermedad se doblegue, no use el nombre de alguien más. Si usted quiere que la rodilla de la depresión se doblegue, use el nombre de Jesús.

Algunas veces las personas dan testimonios acerca de cómo alguien casi les roba o de alguien que quería allanar sus casas, pero ellos dijeron, "¡Jesús!" y los ladrones huyeron. Esos ladrones huyeron porque el poder del Salvador estaba presente. Nosotros debemos usar Su nombre.

El nombre de Jesús es poder en el cielo y toda lengua confesará que Jesús es Señor—el Señor de todo. Esta verdad es la base para que nosotros cumplamos con La Gran Comisión—testificándoles a los demás acerca del poder del nombre de Jesús para salvar y libertar.

Y Jesús se acercó [a Sus seguidores] y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo (Mateo 28:18-19).

Debido a que él actuó con la autoridad de Cristo, el apóstol Pablo, además de los otros apóstoles, predicó "valerosamente en el nombre de Jesús" (Hechos 9:27). El valor y denuedo que necesitamos para hacer discípulos en todas las naciones proviene de la autoridad que nos es conferida en Jesús.

Fuente: Munroe, M. (2005) Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración. Whitaker House. EE.UU.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Devocional Día 124

Devocional Día 124
Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración


El poder del nombre de Jesús

PODER GENERALÍSIMO

Todo lo que hemos discutido sobre el nombre de Jesús y la autoridad en el pacto que tenemos por medio de Él se refiere al "poder generalísimo" de Jesús. Legalmente hablando, cuando usted le otorga un poder generalísimo a alguien, eso significa que usted nombra a esa persona para que le represente. Usted le da a esa persona el derecho y la autoridad legal para hablar por usted y llevar a cabo negocios en su nombre. Orar en el nombre de Jesús es otorgarle a Él un poder generalísimo para que interceda por usted cuando usted presenta sus peticiones al Padre.

Jesús dijo:

De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido (Juan 16:23-24).

Cuando Cristo vivió en la tierra con los discípulos, ellos no necesitaban orar al Padre. Cuando ellos necesitaban comida, Jesús se las proveía. Cuando la suegra de Pedro enfermó, Jesús la sanó. Cuando ellos necesitaban pagar los impuestos, Jesús suplía el dinero. Cuando ellos necesitaban un lugar dónde reunirse, Jesús ya había hecho las preparaciones para ello. Cuando andaban con Jesús, ellos tenían todo lo que necesitaban. Si ellos querían algo, se lo pedían directamente a Él. No obstante, debido a que Jesús iba al Padre, ellos ya no tenían que pedirle nada a Él directamente. Ellos debían orar al Padre, y, Jesús le instruyó cómo hacerlo en Su nombre. ¿Por qué? Porque el Padre obra por medio de Cristo.

Jesús trabaja activamente a favor nuestro a la diestra del Padre.

Jesús trabaja activamente a favor nuestro desde Su posición a la diestra del Padre (Romanos 8:34). Él representa nuestros intereses delante de Dios: "Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos" (Hebreos 7:25). Él trae gloria al Padre al contestar las oraciones que elevamos conforme a la Palabra:

De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré (Juan 14:12-14).

En otras palabras, Jesús se asegurará de que recibamos lo que pedimos. Él se asegurará de que lo que pedimos será representado debidamente, para que así obtengamos la respuesta.

Después de que Jesús habló a Sus discípulos con respecto a orar en Su nombre, inmediatamente Él empezó a hablar acerca del Espíritu Santo, porque el Espíritu continúa el ministerio de Jesús en la tierra. "Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad" (vv. 15-17).

En efecto, Jesús estaba diciendo, "Yo voy al Padre, pero te enviaré al Espíritu Santo. Él será tu Consolador. Él te ayudará a ejecutar tu poder generalísimo capacitándote para orar. Él te ayudará a presentar tu caso delante de Dios. Él te ayudará a aclarar tu situación para que la puedas presentar al Padre en Mí nombre".

A lo largo del Nuevo Testamento hallamos referencia acerca de la obra del Espíritu Santo. Uno de los temas repetidos es que el Espíritu Santo nos ayuda en nuestras debilidades, especialmente cuando no sabemos cómo orar:

Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos (Romanos 8:26-27).

Efesios 6:18 nos instruye a orar "en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu". Judas 20 nos dice, "ustedes, en cambio, queridos hermanos, manténganse en el amor de Dios, edificándose sobre la base de su santísima fe y orando en el Espíritu Santo".

Fuente: Munroe, M. (2005) Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración. Whitaker House. EE.UU.

martes, 22 de noviembre de 2011

Devocional Día 123

Devocional Día 123
Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración


El poder del nombre de Jesús

EL NOMBRE DE JESÚS

Veamos ahora cómo el énfasis bíblico del significado de los nombres—especialmente en el nombre de Dios—se aplica a orar en el nombre de Jesús. Puesto que el nombre de una persona representa sus atributos y características colectivas, los nombres de la segunda persona de la Trinidad se refieren a todo lo que Él es, tanto Hijo de Dios como Hijo del Hombre— toda Su naturaleza, poder y gloria.

Al igual que el Padre, el Hijo tiene una variedad de nombres que describen quién Él es. Por ejemplo, en el Antiguo Testamento algunos de Sus nombres son "Simiente" (Génesis 3:15), "Renuevo" (Zacarías 6:12) y "Emanuel ['Dios con nosotros']" (Isaías 7:14). En el Nuevo Testamento, el Hijo tiene muchas designaciones, pero la primera que leemos es el nombre de Jesús.

Ninguno de los padres terrenales de Jesús le dio ese nombre porque Su nombre ya había sido dado por Dios, Su Padre celestial. El ángel Gabriel le dijo a María, "y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS" (Lucas 1:31). De la misma manera un ángel del Señor le dijo a José, "y [María] dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados" (Mateo 1:21).

Jesucristo es la revelación de Dios en forma humana.

¿Por qué Dios le dio el nombre a Jesús? Primero, para demostrar que Jesús era Su Hijo. Segundo, porque el nombre de Jesús tenía que reflejar quién Él era. El nombre Jesús quiere decir, "Salvador". Él fue llamado Salvador porque vino a la tierra como humano para lograr precisamente eso—la salvación del mundo. "Él salvará a su pueblo de sus pecados". Por consiguiente, Jesús es el nombre de Cristo en Su humanidad—como el Hijo del Hombre. Sin embargo, YO SOY es el nombre de Cristo en Su divinidad—como el Hijo de Dios. "Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy" (Juan 8:58). Jesucristo es la revelación de Dios en forma humana. Debido a que Él es completamente divino, como también completamente humano, a Él se le atribuyen una variedad de nombres, al igual que a Dios.

En cierta ocasión, Jesús dijo: "Yo soy el pan de vida" (Juan 6:35). Poco después, indicó que también Él era el agua de vida: "Si alguno tiene sed, venga a mí y beba" (Juan 7:37). Al igual que el Padre, los atributos de Jesús manifiestan Su gloria y corresponden a las necesidades de Su pueblo. Él se refirió a Sí mismo como al "camino, y la verdad, y la vida" (Juan 14:6) porque Él nos permite tener acceso al Padre y recibir vida espiritual. Él se llamó a Sí mismo, "la vid verdadera" (Juan 15:1) porque sólo permaneciendo en Él podremos dar frutos espirituales.

He aquí la clave: Si queremos que Dios supla nuestra necesidad cuando oramos "en el nombre de Jesús", debemos orar basados en el divino nombre que suple nuestra necesidad particular en ese momento. Es así como nuestras oraciones serán contestadas. No recibimos respuesta a nuestra oración simplemente por pronunciar el nombre de Jesús, sino clamando a Su naturaleza y a Sus atributos, los cuales pueden suplir toda necesidad.

Veamos un ejemplo específico de esto en la Biblia: ¿Qué le instó a Jesús a decir, "Yo soy la resurrección y la vida" (Juan 11:25)? Fue debido a que Él fue confrontado con un hombre muerto llamado Lázaro. Su nombre trató con la necesidad del momento.

Lázaro se había enfermado y murió. Sus hermanas, Marta y María, conocían a Jesús como su honorable amigo. Ellas respetaban grandemente a Jesús y le llamaban "Señor". Ellas creyeron que Él fue enviado por Dios, pero no entendían a cabalidad quién Él era. Él se había hospedado en su hogar muchas veces y había compartido el alimento con ellas, pero ellas no se habían dado cuenta que tenían a "la resurrección" bajo su propio techo. Por consiguiente, cuando Jesús le dijo a Marta, "tu hermano resucitará" (v. 23), Él quería que ella obtuviera un mejor entendimiento de quién era Él.

¿Conoce usted a Jesús como su Salvador? Entonces existe la posibilidad de que eso sea lo único que Él sea para usted. ¿Lo conoce usted como su Sanador? Entonces eso es lo único que Él será para usted. Marta estaba limitada en su conocimiento acerca de Jesús; por eso ella le contestó, "algún día, en el futuro, cuando Dios resucite a los muertos, mi hermano resucitará" (Véase Juan 11:23-24). Jesús respondió, "Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?" (vv. 25-26, el énfasis fue añadido). Él estaba instando a Marta para que le llamara a Él por el nombre que se necesitaba, "Resurrección". En esencia, Él le estaba diciendo, "Dime, quién necesitas que Yo sea. Llámame así". Pero, ¿qué dijo ella? "Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo" (v. 27). Su palabra de fe en Cristo ayudó a traer el poder resucitador a la situación familiar y Lázaro fue levantado de entre los muertos.

¿Alguna vez ha escuchado usted a alguien decir, "si necesitas algo, llámame"? Usted puede depender de Jesús de esa forma cuando usted vive de la manera en que se supone usted debe vivir. La Biblia dice que, "el justo por la fe vivirá" (Romanos 1:17). Tenga fe en Jesús y en los muchos atributos que Sus nombres representan.

Si usted cree en Jesús como su Salvador y Redentor de pecados, eso es maravilloso porque es ahí donde todos debemos comenzar. Sin embargo, Él quiere revelársele a Sí mismo de una manera más profunda. Por ejemplo, ¿lo conoce usted como el Salvador de los demás, como el suyo propio? Si usted quiere que sus amigos o alguien de su familia sean salvos, entonces ore en el nombre del Salvador. Es así como usted necesita orar pidiendo por la persona que necesita salvación: "Jesús, Salvador, salva a Judy". Ore por los demás usando el nombre que designa a Jesús como Aquel que puede salvarlos. Las Escrituras dicen, "Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo" (Hechos 2:21). Coloqúese en el lugar de los demás y clame el nombre del Señor a favor de ellos.

El nombre de Jesús es dado para usarlo en relación a sus necesidades.

El vivir por fe algunas veces conlleva decir lo que nos parece la cosa más extraña. Por ejemplo, la Biblia dice, "diga el débil: Fuerte soy" (Joel 3:10). Somos débiles, pero Dios nos indica que debemos decir lo contrario. Él dice, "clama Mi fortaleza. Llámame Jehová, el Omnipotente". Él no solamente le dice que use Su nombre; Él nos llama a entender Su naturaleza y a apropiarnos de ella en fe. No está en la naturaleza de Dios el ser débil. Si usted experimenta debilidades, entonces usted deberá clamar al Señor, quien es su Fortaleza (Salmos 18:1). Si usted experimenta pobreza, usted debe clamar a Jehová Yiréh, Su proveedor (Véase Génesis 22:8). Si su cuerpo está enfermo, usted debe clamar a Jehová Rafa, el Dios que sana (Éxodo 15:26). Dios nos está diciendo que no debemos ahondar en el problema. Puesto que Él es el YO SOY, Sus atributos son tan numerosos como sus necesidades—¡y mucho más! Por ejemplo, en el reino de sus finanzas, ¿lo conoce usted a Él como el Pagador de su renta, como el Cancelador de sus deudas y el Proveedor de la matrícula de su escuela? Es así como debemos orar en el nombre de Jesús. Es importante entender que el nombre de Jesús nos es dado para usarlo en relación a nuestras necesidades.

En Juan 11:11, cuando Jesús le dijo a Sus discípulos, "Lázaro duerme", ¿estaba Él contradiciendo la verdad de que Lázaro había muerto? ¿Estaba Él mintiendo o viviendo en un nivel más alto de vida, sabiendo que Él sería la Resurrección? En ocasiones nos enfrentaremos a situaciones que parecen el fin, pero Dios las resucitará. Cuando parezca que su negocio está muerto, cuando el banco esté por anular su derecho a redimir la hipoteca e incautar todo lo que usted posee, Dios dice, "no digas que está muerto. Simplemente di que está durmiendo". Si está durmiendo, muy pronto despertará. Si su matrimonio está en problemas, si su cónyuge le dejó y usted dice, "se acabó"; Dios dice, "no se acabó, está durmiendo". Perdemos tantas cosas en la vida porque prematuramente las declaramos muertas.

Fuente: Munroe, M. (2005) Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración. Whitaker House. EE.UU.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Devocional Día 122

Devocional Día 122
Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración


El poder del nombre de Jesús

¿QUÉ HAY EN UN NOMBRE?

Una vez que tenemos autoridad, por medio del nombre de Jesús, necesitamos entender la substancia detrás de Su nombre. Esto requiere conocimiento del énfasis bíblico en los significados de los nombres. Hoy en día, la mayoría de personas escogen nombres para sus hijos basados en cómo suenan o lucen esos nombres. Sin embargo, en las Escrituras el nombre de alguien (o algo) usualmente simbolizaba la esencia de su naturaleza. Éste representaba los atributos y características colectivas de la persona—su naturaleza, poder y gloria.

En la Biblia, el nombre de una persona simbolizaba la esencia de su naturaleza.

Primera de Corintios 15:41 dice, "hay una gloria del sol, y otra gloria de la luna, y otra gloria de las estrellas; pues una estrella es distinta de otra estrella en gloria" (lbla). La gloria de algo es su mejor expresión de sí mismo. Usted puede ver una flor en toda su gloria cuando la misma ha florecido completamente. Usted puede ver al leopardo o al león en toda su gloria cuando tiene toda su fuerza. Usted puede ver al sol en toda su gloria a las doce del mediodía. La gloria de algo es cuando ese algo está en su completo y verdadero ser. Una vez más, cuando la Biblia se refiere al nombre de alguien, generalmente habla acerca de la verdadera naturaleza o gloria de esa persona.

Por ejemplo, Dios le dio a Adán el privilegio de darle nombre a Eva—de encapsular los atributos de Eva. En realidad, Adán le dio nombre a Eva dos veces—la primera vez como una descripción de su origen y la segunda vez como una descripción de quién ella llegaría a ser como cumplimiento de su propósito. Primero, él dijo, "esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada" (Génesis 2:23). Luego, la Biblia dice, "y llamó Adán el nombre de su mujer, Eva, por cuanto ella era madre de todos los vivientes" (Génesis 3:20). La palabra hebrea para Eva es kjavvá [o cava], la cual significa "dadora de vida". Su nombre describe la esencia de su naturaleza como madre de la humanidad.

Veamos unos cuantos ejemplos más de personajes bíblicos y la importancia de sus nombres. En ocasiones, Dios cambiaba los nombres de Su pueblo para reflejar las promesas que Él les había hecho y los propósitos que Él tenía con ellos, los cuales iban mucho más allá de sus propias expectativas o las de sus padres.

• En Génesis 17:4-5, el nombre de Abram, el cual significaba "mi padre es exaltado" o "sumo padre", fue cambiado a Abraham, el cual significa "padre de multitudes", reflejando la promesa de que Abraham iba a ser, "una nación grande y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las naciones de la tierra" (Génesis 18:18).
• En Génesis 32:27-28, el nombre de Jacob, el cual significaba "el que suplanta", fue cambiado a Israel, el cual significa "gobernará como Dios" o "príncipe de Dios". Esto reflejaba el hecho de que la gran nación de Israel surgiría de su linaje—la nación que debía ser la representante terrenal de Dios por ser "un reino de sacerdotes, y gente santa" (Éxodo 19:6).
• En Juan 1:42, Jesús cambió el nombre de Simón, el cual se derivaba de la palabra hebrea cuyo significado era "escuchar", a Cefas, el cual significa "piedra" o "roca". La traducción española de esta palabra es "Pedro". El nuevo nombre de Pedro indica su función en el establecimiento y liderazgo de la iglesia al inicio de la misma (Véase Mateo 16:18).

¿Por qué Dios puso tanto énfasis en los nombres de las personas? Porque la humanidad fue creada a Su imagen, y Él da gran importancia a Su propio nombre. Usando nuestra primera definición, el nombre de Dios simboliza la esencia de Su naturaleza. Éste representa Sus atributos y características colectivas—Su naturaleza, poder y gloria. Recuerde que, debido a que hay una total consistencia entre quién es Dios y lo que Él hace y dice, Él tiene plena integridad o rectitud—lo cual es definición de santidad. La razón principal por la que se nos ordena a no usar el nombre de Dios en vano (Éxodo 20:7) es porque Su nombre no solamente representa quién Él es, sino también porque es quién Él es.

Dios le reveló esta tremenda verdad a Moisés:

Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros. Además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos (Éxodo 3:13-15).

En otras palabras, Dios está diciendo, "Yo soy Mi nombre. Lo que sea que Yo soy así es como Me llamo". Cuando se traduce este concepto al español, se leería algo así: "Mi nombre es lo que sea que Yo soy en el momento en que Yo estoy ahí". Esto es porque Dios es Todo-suficiente y Su nombre difiere dependiendo de cuál sea nuestra necesidad en ese momento en particular. De hecho, lo que Dios nos dice es: "Si necesitas pan, entonces ora, 'Padre, Tú eres mi Pan'. Cuando reconoces que Yo soy tu Proveedor y tu Sustento, entonces Yo me vuelvo Pan para ti. Si tienes sed, entonces ora, 'Padre, Tú eres mi Agua'. Yo manifiesto la característica de lo que sea que necesites". Además, al llamarse a Sí mismo "el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob" (Éxodo 3:15), Él afirma que es un Dios personal que suple las necesidades individuales de los humanos. Él es el Dios de un pueblo real—Abraham, Isaac y Jacob. De la misma manera, Él desea ser su Dios y suplir sus necesidades individuales, no importa cuáles sean.

Esta es la razón por la cual en el Antiguo Testamento se le atribuyen tantos nombres a Dios. Para darle otros ejemplos más, también se le describe a Él como "fuego consumidor" (Deuteronomio 4:24), "como sombra de gran peñasco en tierra calurosa" (Isaías 32:2) y como "pastor" (Salmos 23:1) — tres distintivos atributos que reflejan aspectos específicos de la naturaleza y el carácter de Dios. Con todo, el nombre superlativo de Dios, YO SOY, abarca toda Su naturaleza y todos Sus atributos.

Fuente: Munroe, M. (2005) Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración. Whitaker House. EE.UU.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Devocional Día 121

Devocional Día 121
Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración


El poder del nombre de Jesús


NUESTROS DERECHOS EN EL PACTO

Dios no nos debe nada. No podemos reclamarle nada fuera de la obra de gracia de Cristo en nuestro favor. Cristo nos redimió de nuestros pecados o transgresiones (Efesios 1:7). Cuando usted comete una transgresión, usted hace algo ilegal. De manera similar, alguien que no conoce a Dios o no tiene la apropiada relación con Dios por medio de Cristo no puede legalmente tratar sus negocios con Dios. Con todo, por medio de Jesús podemos ser perdonados de nuestras transgresiones. Él canceló nuestro pecado por medio de Su sacrificio en la cruz y nos libró del poder del pecado, por eso ahora tenemos acceso legal a Dios por medio de Su nombre. Nadie puede reclamar el poder del nombre de Jesús sin tener derecho oficial como hijo de Dios. "Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios" (Juan 1:12). Y recuerde que, debido a que Jesús ganó nuevamente el dominio del hombre sobre la tierra, ahora nosotros también podemos gobernar legalmente sobre la tierra por medio de Su autoridad.

La autoridad que tenemos, en el nombre de Jesús, es una autoridad en el pacto.

La autoridad que nos fue conferida en Su nombre por medio de la oración es una autoridad en el pacto; la cual está basada en nuestra relación de pacto con Dios por medio de Cristo. "Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas" (Hebreos 8:6). Podemos orar a Dios directamente por medio del nombre de Jesús porque Él nos ha dado autoridad para hacerlo basado en el nuevo pacto. En el Nuevo Testamento encontramos que siete veces Jesús hizo la siguiente declaración, dándonos derecho legal para usar Su nombre delante de Dios.

En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido. Estas cosas os he hablado en alegorías; la hora viene cuando ya no os hablaré por alegorías, sino que claramente os anunciaré acerca del Padre. En aquel día pediréis en mi nombre; y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado, y habéis creído que yo salí de Dios (Juan 16:23-27).

Por consiguiente, la fuerza de las oraciones elevadas en el nombre de Jesús es una autoridad en el pacto. Oramos al Padre basados en nuestra relación con Cristo, quien es Señor del nuevo pacto. Filipenses 2:10 dice, "para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra". Debido a que Cristo restauró nuestra relación y nuestros derechos tanto con Dios como con la tierra, Su nombre es nuestra autoridad legal—ya sea que estemos tratando con "los cielos" (con Dios), "la tierra" (con los hombres) o "debajo de la tierra" (con Satanás).

En esencia, el nombre de Jesús es nuestra autoridad legal para llevar a cabo negocios espirituales con Dios. "Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo" (1ra Timoteo 2:5-6).

Fuente: Munroe, M. (2005) Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración. Whitaker House. EE.UU.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Devocional Día 120

Devocional Día 120
Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración


El poder del nombre de Jesús

Debemos poder usar legalmente la autoridad detrás del poder del nombre Jesús para así obtener resultados en la oración.

Uno de los elementos más importantes de la eficacia de la oración es usar el nombre de Jesús. Además de orar conforme a la Palabra, orar en el nombre de Jesús le da a nuestras oraciones un tremendo poder

¿ES UNA FÓRMULA MÁGICA?

Las oraciones de muchos creyentes no son contestadas porque ellos malinterpretan lo que significa orar en el nombre de Jesús. Tenemos la tendencia a pensar que podemos elevar cualquier tipo de oración y decir, "en el nombre de Jesús, Amén", creyendo que sólo la frase es lo que hace que nuestras oraciones tengan efectividad con Dios. No funciona de esa manera.

No deberíamos intentar de dignificar o santificar nuestras oraciones adhiriendo el nombre de Jesús al final. Como aprendimos en los capítulos anteriores, el nombre de Jesús no es una fórmula mágica o una contraseña que garantiza la aceptación automática de nuestras oraciones. Cuando la Biblia dice que debemos orar en el nombre de Jesús, ésta no se refiere a la palabra J-e-s-ú-s como tal, porque esa es simplemente una palabra española para identificar al Hijo de Dios; otros idiomas traducen Su nombre usando diferentes palabras. De manera que, no es la palabra, sino lo que el nombre representa lo que hace la diferencia. Si su nombre fuera Bill Gates, eso no quiere decir que usted tiene billones de dólares. Si usted se llamara Sarah Hughes, eso no quiere decir que usted ganó una medalla de oro en patinaje sobre hielo. Las palabras en sí no significan nada a menos que haya substancia y realidad detrás de ellas. De igual forma, nuestra oración no es eficaz solamente porque usamos la palabra Jesús, sino por entender el significado de quién Él es realmente y de apropiarnos de Su poder por medio de la fe en Su nombre.

En el libro de Hechos, vemos una clara demostración de esta verdad en el relato de los hijos de Esceva.

Pero algunos de los judíos, exorcistas ambulantes, intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo. Había siete hijos de un tal Esceva, judío, jefe de los sacerdotes, que hacían esto. Pero respondiendo el espíritu malo, dijo: A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois? Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando sobre ellos y dominándolos, pudo más que ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos. Y esto fue notorio a todos los que habitaban en Éfeso, así judíos como griegos; y tuvieron temor todos ellos, y era magnificado el nombre del Señor Jesús (Hechos 19:13-17).

Esta historia revela que alguien puede usar el nombre de Jesús las veces que quiera, pero no tendrá autoridad sobre el diablo si (1) él no tiene una relación apropiada con Cristo, y (2) si él no entiende cómo usar el nombre de Jesús. Debemos poder usar legalmente la autoridad detrás del poder del nombre Jesús para así obtener resultados en la oración.

Piense en esto: ¿Qué dice la ley acerca de alguien que usa el nombre de otra persona sin tener autoridad legal para hacerlo? La ley le llama a esto fraude. Suponga que usted fue al banco y dijo que quería retirar dinero de su cuenta. El cajero le pedirá su identificación. En otras palabras, él no necesariamente le tomará la palabra, sino que requerirá algo más profundo—una prueba de identidad. Si usted le dijera, "Oh, dejé mi identificación en casa", él le contestará, "entonces usted tendrá que dejar el dinero en el banco". O suponga que usted se robó un cheque que estaba a mi nombre, lo endosó falsificando mi firma e intentó cambiarlo. El cajero revisará su escritura con un ejemplar de mi firma registrada. Cuando él vea que son diferentes, él llamará a seguridad y dirá, "detengan a esta persona hasta que llegue la policía".

La mayoría de nosotros no pensaría en cometer fraude en un banco, pero todo el tiempo hacemos algo similar en la oración. Oramos mucho diciendo, "en el nombre de Jesús". El Padre dice, "Muéstrame tu identificación. ¿Tienes una buena relación con Mi Hijo? ¿Oras basado en la rectitud de Cristo o en tus propios méritos? ¿Entiendes quién es mi Hijo y crees en Su autoridad y poder?" Al igual que los hijos de Esceva se dieron cuenta, no hay resultados si oramos en el nombre de Jesús sin saber quién es Él y sin orar en fe de acuerdo a ese conocimiento.

Fuente: Munroe, M. (2005) Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración. Whitaker House. EE.UU.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Devocional Día 119

Devocional Día 119
Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración


El poder de la Palabra

PONIENDO EN PRÁCTICA LA ORACIÓN

Pregúntese usted mismo:
  • Un principio cardinal para que la oración sea contestada es que yo creo en la fidelidad de Aquel a quien le oro. ¿Creo yo que Dios es honorable y Él cumplirá Su Palabra?
  • ¿Creo que la Palabra es viva y actúa a mi favor, o es que la lectura de la Biblia es nada más que una obligación religiosa para mí?
  • Cuando leo en la Biblia acerca de que Dios contesta las oraciones de Su pueblo, ¿permito que eso edifique mi fe para mis propias circunstancias, o pienso que simplemente estoy leyendo historias interesantes?

Pasos de acción:
  • Enfóquese esta semana en vivir en Cristo y que Sus palabras vivan en usted (Juan 15:7), para que así la Palabra habite en usted y obre poderosamente en su vida. Tome tiempo para adorar y confraternizar con Dios, leyendo y meditando en Su Palabra, orando y ayunando.
  • Medite en los versículos que hablan sobre las diferentes necesidades en su vida para que así pueda edificar su fe en Dios y en Su Palabra. (Por ejemplo, sabiduría: Santiago 1:5; salvación: Juan 3:16; sanidad: 1ra Pedro 2:24; finanzas: Filipenses 4:19; prosperidad: Isaías 1:19-20; provisión: Mateo 7:11).
  • Examine la vida de tres personajes bíblicos que ofrecieron oraciones eficaces ante Dios. ¿Cómo fueron sus oraciones? ¿Cómo eran sus vidas? ¿Qué les había prometido Dios? Escriba los datos que encuentre y úselos como referencias para cuando usted se halle en situaciones similares.

PRINCIPIOS

1) Lo que sea que le pidamos a Dios que haga en nuestras vidas, en la vida de los demás o en el mundo, debemos basarlo en Su Palabra. El propósito de Dios debe ser tanto la motivación como el contenido de nuestras oraciones.
2) Sin la Palabra de Dios como base, nuestras oraciones no tienen fundamento. Éstas estarían basadas meramente en nuestras opiniones, deseos y sentimientos. Tales oraciones son insuficientes para efectuar un cambio.
3) La oración es enunciar la Palabra de Dios exactamente como Él nos la dio.
4) No hay diferencia entre lo que Dios le dio a las personas de la Biblia como base para sus oraciones eficaces y lo que a usted y a mí se nos ha dado para trabajar. Ambos confiamos en lo que Dios le ha dado a toda la humanidad— Su Palabra.
5) Dios quiere usar Su poder en el mundo. Sin embargo, para que Él lo haga, nosotros debemos saber cómo apropiarnos de Su Palabra. Debemos entender lo que es y cómo aplicarla.
6) Dios mismo habla en la Palabra.
7) La Palabra de Dios es el fundamento de Su poder. Su poder es un reflejo de Su grandeza.
8) La Palabra nos revela la naturaleza de Dios.
9) Un principio cardinal para que la oración sea contestada es creer en la fidelidad de Aquel a quien usted le ora. La fe es confianza en acción.
10) La Palabra es viva y actúa a nuestro favor.
11) La Palabra edifica nuestra fe.
12) La Palabra dice mucho acerca de cómo Dios contesta las oraciones de los creyentes.
13) La Palabra prepara al que ora para que ore.



Fuente: Munroe, M. (2005) Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración. Whitaker House. EE.UU.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Devocional Día 118

Devocional Día 118
Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración


El poder de la Palabra

LA PALABRA PREPARA AL QUE ORA PARA QUE ORE

Por último, por medio de la oración la Palabra nos da poder permitiéndonos prepararnos para recibir dicho poder y para mantener nuestra comunión con Dios. Salmos 119 nos dice que cuando nosotros tomamos la Palabra de corazón, ésta mantendrá nuestras vidas en línea con la voluntad de Dios para que nada nos impida caminar en Sus caminos y recibir respuesta a nuestras oraciones: "Bienaventurados los que guardan sus testimonios, y con todo el corazón le buscan; pues no hacen iniquidad los que andan en sus caminos...En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti" (vv. 2-3, 11).

Como aprendimos anteriormente, Aarón debía prepararse antes de entrar en la presencia de Dios para ofrecer sacrificios en el Día de la Expiación. Nosotros debemos ofrecer nuestras vidas cada día como sacrificio vivo delante de Dios para que podamos continuar nuestra confraternidad con Él. "Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional" (Romanos 12:1). Luego, a medida que nuestras mentes sean transformadas por la lectura y meditación de la Palabra, conoceremos la voluntad de Dios y oraremos confiada y eficazmente:

No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta (v. 2, el énfasis fue añadido).

¡Que tremendo regalo es la Palabra de Dios para nosotros! Ésta nos da el poder para conocer y hacer la voluntad de Dios, el poder para orar con certeza y denuedo en todas las situaciones y el poder para saber que Dios nos escucha cuando oramos conforme a Su voluntad. "Y si sabemos que Dios oye todas nuestras oraciones, podemos estar seguros de que ya tenemos lo que le hemos pedido" (1ra Juan 5:15).

OREMOS JUNTOS

Padre celestial:

Tú has dicho que los que escuchan Tu Palabra y la reciben, los que permiten que penetre en sus corazones, son como el buen terreno (Mateo 13:23). Con todo, el poder está en la Palabra. Es la Palabra la que da buen fruto en nosotros y brota en nosotros para vida eterna. Te pedimos que cumplas Tu Palabra en nuestras vidas. Haznos en terreno fértil que da buen fruto. Tu Palabra nos hace creer que Tú contestarás las oraciones presentadas en fe y de acuerdo a Tu voluntad. Estamos de acuerdo contigo en que todas nuestras oraciones serán contestadas con un "sí". Nos prepararemos y estaremos a la expectativa de la respuesta. Danos la confianza de que si Tú lo dijiste, lo harás; si Tú lo prometiste, será hecho. Gracias por tu Palabra. Gracias por la fe que nos has dado. Ayúdanos a esperar un milagro. Oramos en el nombre de Jesús, nuestro Sumo Sacerdote, quien se sienta a Tu diestra e intercede por nosotros. Amén.

Fuente: Munroe, M. (2005) Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración. Whitaker House. EE.UU.

martes, 15 de noviembre de 2011

Devocional Día 117

Devocional Día 117
Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración


El poder de la Palabra

LA PALABRA DICE MUCHO ACERCA DE LA ORACIÓN

Otra razón por la cual la Biblia edifica la fe—y, por consiguiente, da poder—es que es el más grande Libro que se haya escrito acerca de cómo Dios contesta las oraciones de fe de Su pueblo. Hebreos 11:2 dice que los "antiguos" fueron elogiados por el hecho de que ellos no vivieron por lo que vieron, sino por lo que Dios les había dicho. Ellos creyeron y actuaron sobre ello y les funcionó.

Los hombres y mujeres de la Biblia no fueron súper santos. Ellos fueron personas como nosotros. Ellos recibieron respuesta a sus oraciones a medida que ponían su fe en Dios, confiando en Su carácter y en Su Palabra. La Biblia deja esto en claro:

Elias era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto (Santiago 5:17-18).

Las Escrituras dicen que "Dios no hace acepción de personas" (Hechos 10:34). Esto significa que Él no nos tratará de diferente manera que trató a los creyentes de tiempos pasados, excepto que ahora tenemos una ventaja adicional—la expiación y las oraciones de Cristo en nuestro favor, como también la intercesión del Espíritu. Es por medio de los poderosos ejemplos de los creyentes de la Biblia que somos instados a tener fe en que Dios puede e intervendrá en nuestro favor. He aquí algunos ejemplos:

• Un siervo (el principal de los siervos de Abraham) y un rey (Salomón) pidieron sabiduría, en ambos casos Dios la otorgó (Véase Génesis 24:1-27; 1ra Reyes 3:4-14).
• Ana le pidió a Dios que la bendijera y que la librara de su aflicción, Dios le otorgó lo que pidió (Véase 1ra Samuel 1:1-20).
• Moisés y Daniel intercedieron por la nación de Israel, Dios escuchó y contestó en Su misericordia (Véase Éxodo 32:1; Daniel 9).
• Nehemías oró por la restauración de Jerusalén (Nehemías 1:1-11) y se le otorgó el favor y la protección para su obra en la reconstrucción de los muros (Véase el libro de Nehemías).
• Tanto Ana como Simeón, después de toda una vida de fiel devoción a Dios, recibieron señales que confirmaron la promesa de Dios por un Redentor (Véase Lucas 2:25-38) (Hechos 1:14; 2:1-4).
• Pablo y Cornelio recibieron conocimiento concerniente al camino de salvación después de haber orado (Véase Hechos 9:1-20, específicamente el versículo 11; Hechos 10).
• Jesús, durante Su bautismo (Lucas 3:21), y los discípulos, en el Día de Pentecostés (Hechos 1:14; 2:1-4) recibieron el Espíritu Santo después de orar.
• Pedro y Juan recibieron revelación y visión mientras oraban (Véase Hechos 10:9-15; 11:1-18; Apocalipsis 1:9-10).
• Pablo y Silas fueron liberados de la prisión después de haber orado y cantado a Dios (Véase Hechos 16:16-34).

Leyendo sobre la vida de estos creyentes, nos damos cuenta que muchos de ellos luchaban con las dudas, se inclinaban a cometer errores y fracasos, y, tuvieron que aprender por experiencia propia. Sin embargo, también vemos la fidelidad y el amor de Dios al enseñarles Sus caminos, salir a su rescate y fortalecerles para cumplir los propósitos que Él tenía en mente para ellos. La Biblia está llena de estas historias sobre el poder de Dios para salvar, sanar y bendecir. Estos relatos son los mensajes de fe de Dios para nosotros, los cuales también nos dicen que Él intervendrá a favor nuestro. Nosotros somos sus hijos amados; hemos sido redimidos por Su Hijo y estamos siendo preparados para gobernar y reinar con Él en la eternidad. "El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?" (Romanos 8:32).

Fuente: Munroe, M. (2005) Entendiendo el Propósito y el Poder de la Oración. Whitaker House. EE.UU.
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