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Entrégale a Dios tu amor, y él te dará lo que más deseas. Pon tu vida en sus manos; confía plenamente en él, y él actuará en tu favor. Salmo 37:4 BLS

sábado, 7 de junio de 2014

Deleitarse en el Señor

Deleitarse en el Señor

Por: Juan Sebastian Ramirez Navas (03/2007)



“Deléitate en el Señor, y el te concederá los deseos de tu corazón. Encomienda al Señor tu camino; confía en él, y él actuará” Sal. 37:4-5

Cierto día leyendo el Salmo 37, pensé que el Espíritu Santo me estaba invitando a deleitarme en Dios, y comprobar que las maravillas de Dios también son para mí, sin embargo se me dificultó comprender la palabra “deleitate”.

Para entender el pasaje solicité ayuda de varios líderes y pastores, pero ninguna de sus explicaciones me satisfacía. Así que decidí leer varias versiones de la Biblia: Nueva Versión Internacional (NVI), Reina Valera (RV) y Dios habla hoy (DHH). Encontré que la NVI decía lo mismo que la RV, así que o me daban mayor claridad. Pero al leer la DHH Dios tocó mucho mi corazón. En esa versión el pasaje dice que para que Dios conceda los deseos de mi corazón yo debo amarlo tiernamente, y esto me permitió entender lo que significa deléitarse.

Deleitarse va más allá del simple concepto que me pueda ofrecer un diccionario. Implica entregarme totalmente a amar a Dios, hacerlo con ternura y para eso es necesario despojarme de muchas cosas que dañan esa relación de amor.  

Dios quiere de mí mi entrega total, desinteresada, motivada por el amor a Él y que como regalo a esa entrega, entonces, Él podría darme los anhelos de mi corazón. Ese “darse” que Él demanda no debe existir egoísmos (1Co.13), sino una compenetración mutua. 

También pude comprender que si existe ese amor puro hacia Dios, mis anhelos tomarán otro rumbo, serán anhelos que me llevarán a mejorar mi relación con Él y a encaminar correctamente mi vida; ya que mis anhelos estarán conformes a su voluntad (1Jn.5:14). Y entonces, Él se gozará en dármelos, para que de mi boca brote un cántico de alabanza donde proclame la grandeza de mi Señor y Salvador.

En conclusión, Dios debe ser el primero en mi vida, y para que Dios me de los anhelos de mi corazón yo debo amarlo tiernamente y dejar en sus manos mi camino y así Él se complacerá en bendecirme.

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