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Entrégale a Dios tu amor, y él te dará lo que más deseas. Pon tu vida en sus manos; confía plenamente en él, y él actuará en tu favor. Salmo 37:4 BLS

lunes, 9 de septiembre de 2013

Día 4: Cerdos en la sala



Nuestros enemigos espirituales

Los demonios son enemigos espirituales y es responsabilidad de cada cristiano enfrentarlos directamente en la batalla espiritual.

“Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:10-12).

Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas” (2 Corintios 10:3-4).

La Biblia emplea la analogía de la lucha con referencia a nuestra batalla con Satanás y sus huestes. Luchar es una descripción exacta y señalad ora. Habla de una pelea cuerpo a cuerpo; de agarrarse personalmente con los poderes de las tinieblas. Casi todos nosotros preferiríamos utilizar un cañón gigante para desaparecer a estos enemigos desde muchos kilómetros de distancia, pero esto no es posible. La batalla es muy personal y de cerca. El enemigo es un enemigo espiritual. Las armas son espirituales.

El término lucha también sugiere tácticas de presión. Nos habla de las tácticas que Satanás usa para presionarnos. Así lo hace en las áreas de nuestro pensamiento, emociones, toma de decisiones y en nuestros cuerpos físicos. Con frecuencia los creyentes se sienten oprimidos por el enemigo en una u otra forma. Cuando uno ignora las artimañas y los engaños de Satanás puede volverse en busca de alivio a los tranquilizantes, a las píldoras para dormir o incluso al sofá del psiquiatra. Pero el remedio de Dios para vencer las opresiones demoníacas es la batalla espiritual.

La Biblia nos muestra cómo el cristiano puede a su vez presionar a los demonios para derrotarlos. Por consiguiente, debe aprender las formas prácticas en que esto se hace. Debe echar a un lado sus armas camales ineficaces y tomar las poderosas armas espirituales. El creyente debe conocer su propio armamento y también saber cómo emplearlo. Asimismo, debe conocer las tácticas del enemigo y cómo derrotarlo.

Efesios 6:12 expresa cuatro cosas importantes sobre nuestro enemigo espiritual.

Primero. Dice que luchamos contra principados. El término griego para principados es “archas”. Esta palabra se usa para describir cosas en una serie, como gobernantes, líderes y magistrados. Así, una “serie” de líderes o gobernantes describiría su rango y organización. Por tanto, la palabra “principados” nos dice que el reino de Satanás está muy organizado. Las fuerzas de Satanás quizás se parecen mucho a la organización que tiene el ejército, donde el presidente es el comandante en jefe y luego siguen los generales, los coroneles, los mayores, los capitanes, los tenientes y así hasta el último soldado. Satanás es la cabeza de su reino y tiene bajo él un rango de espíritus gobernadores que, al final de cuentas, le están sujetos.

El término “principado” se define como “el territorio o jurisdicción de un príncipe, o la región que da título a un príncipe”. Así vemos que estos espíritus gobernadores están asignados a áreas tales como naciones y ciudades. Esto se deduce del relato de Daniel 10. Daniel buscaba una palabra de Dios por medio de la oración y el ayuno y después de tres semanas apareció un ángel. El ángel le explicó que se había demorado en llegar con el mensaje de Dios, porque había tenido un encuentro con el príncipe del reino de Persia. El no se refería a un príncipe terrenal pues, nadie podía contender con un mensajero de los cielos. Hablaba, por tanto, de un demonio príncipe demoníaco. De esto resulta claro que hay espíritus demoníacos que gobiernan, colocados por Satanás, sobre naciones y ciudades a fin de llevar a cabo sus propósitos malvados.

Los problemas que persisten y que de una forma u otra son una plaga para las iglesias y para los hogares pueden, además, indicar la presencia de agentes especiales del mal que han sido asignados para causar problemas también en estas áreas. De esta manera descubrimos que nuestra batalla espiritual comprende mucho más que nuestras vidas individuales. Luchamos por el bienestar de nuestros hogares, de nuestras comunidades y de nuestra nación. El enemigo está cuidadosamente organizado y efectúa sus movimientos con propósitos malignos.

Segundo. Se nos dice en Efesios 6:12 que nuestra lucha es contra potestades. La palabra griega para potestades es “exousias”. Este término también se traduce como “autoridad” y esta palabra nos dice que los demonios colocados sobre diversas áreas o territorios reciben autoridad para llevar a cabo las órdenes que les hayan sido asignadas.

El soldado cristiano no debe desmayar ni descorazonarse al saber que a quienes él enfrenta han recibido autoridad, porque el creyente tiene una autoridad aún mayor. Está investido con la autoridad del nombre de Jesús.

“Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios” (Marcos 16:17).

Este versículo dice que el creyente tiene una autoridad mayor que la de los demonio.s. Los demonios están obligados a someterse a la autoridad del nombre de Jesús.

La Escritura revela que los demonios no sólo tienen autoridad, sino que también tienen poder. En Lucas 10:19 leemos del “poder” del enemigo, la palabra que se traduce poder, en griego es “dunamis”. Nuestros términos dínamo y dinamita vienen de esta voz. Pero este hecho no debe intimidar al guerrero cristiano porque en la palabra de Dios ha recibido la promesa que puede tener mayor poder que el enemigo.

“Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo” (Hechos 1:8).
El poder del creyente le llega con el bautismo en el Espíritu Santo. Jesús sabe que sus seguidores necesitan tanto la autoridad como el poder para enfrentarse al enemigo. Cuando envió a los doce a ministrar, los mandó completamente equipados.

“Habiendo reunido a sus doce discípulos, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades” (Lucas 9:1).

Un poco después en su ministerio, Jesús envió setenta discípulos de dos en dos, y al regresar le informaron que habían procedido con éxito ante los poderes demoníacos en el nombre poderoso del Señor Jesucristo. En efecto, leemos así:

“Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre. Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará” (Lucas 10:17-19).

La comisión que Jesús dio a su iglesia suministra la misma autoridad y el mismo poder. En Marcos 16:17 se nos dice que los creyentes pueden expulsar demonios en el nombre de Jesús. La promesa no se limitó a los apóstoles o a los discípulos del primer siglo, sino es una promesa para todos los creyentes de todos los tiempos. La comisión que aparece en Mateo 28:18-20, comienza con esta declaración:

“Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto id . .

Hoy tenemos la misma autoridad y el mismo poder para el ministerio que inicialmente se dio a la iglesia. Sería muy tonto ir contra los espíritus demoníacos sin este poder y sin esta autoridad. La autoridad nos viene por medio de la salvación; el poder llega a través del bautismo en el Espíritu Santo. El poder dado al creyente por medio del poderoso bautismo en el Espíritu Santo se evidencia mediante la operación de los dones del Espíritu (ver 1 Corintios 12:7-11). Dones del Espíritu, como las palabras sobrenaturales de conocimiento y de discernimiento de espíritus, son indispensables en la batalla espiritual.

Este poder, y la autoridad del nombre de Jesús se dieron al creyente para vencer a los poderes demoníacos.

El policía es un ejemplo de autoridad y de poder. Se levanta por la mañana y antes de salir a su trabajo se pone su uniforme y se pone su placa. Todos reconocen su “autoridad” cuando ven su uniforme y la placa, pero hay algunos individuos sin ley- que no respetan esa autoridad. Entonces, el policía se pone su cinturón, se cuelga su bolillo a un lado y el revólver al otro. Ahora, ya tiene “poder” para respaldar su autoridad. De manera semejante el cristiano cometería una torpeza si va contra las fuerzas demoníacas sin poder y sin autoridad.

No debemos esperar que Dios venga a rescatarnos. No es tiempo de orar para que Dios nos dé poder y autoridad. Él ya los ha provisto con nuestra salvación y nuestro bautismo en el Espíritu Santo. Por tanto, él espera que reconozcamos que ya nos dio los recursos necesarios y que vayamos a la batalla espiritual para convertirnos en la iglesia militante que aparece en la profecía:

“Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18).

Tercero, sabemos que la lucha es contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo. La palabra en griego para “gobernadores del mundo” es “kosmokratoras”. Esta palabra se puede traducir como “señores del mundo” o “príncipes de este tiempo”. Esta designación del enemigo enfatiza su intención de controlar. A Satanás se le refiere en la Escritura como “dios de este mundo” o “dios de este siglo” (2 Corintios 4:4). ^

Cuando Adán cayó por el pecado, Satanás obtuvo dominio sobre el mundo. Jesús no negó esta pretensión del diablo, durante las tentaciones del desierto.

“Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares” (Mateo 4:8-9).

Es imperativo reconocer que Satanás es un enemigo vencido. Se le ha despojado de su poder y de su reino, y tenemos todo el derecho de tratarle como a un invasor. 

Supongamos que usted tiene una propiedad en el campo y coloca avisos a su alrededor que dicen: “Prohibido el paso”. Esto significa que usted es el dueño y que tiene derecho legal para mantener a otras personas fuera de ella. Si un cazador llega, no atiende los avisos y la invade, cuando usted le encuentre, puede hacer que salga porque él no tiene ningún derecho para permanecer allí. Es importante comprender que los espíritus demoníacos no tienen ningún tipo de derecho con respecto al cristiano. Pueden invadir, pero si estamos listos a tomar la iniciativa y llamarles la atención, deben salir.

Jesús explicó su competencia para expulsar demonios con estas palabras:

“Mas si por el dedo de Dios echo yo fuera los demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando el hombre fuerte armado guarda su palacio, en paz está lo que posee. Pero cuando viene otro más fuerte que él y le vence, le quita todas sus armas en que confiaba, y reparte el botín” (Lucas 11:20-22).

Jesús declaró que al hombre fuerte se le quitó la armadura. Esto significa que Satanás ha quedado completamente indefenso. La expresión “todas sus armas” es la palabra griega “panoplia” que sólo se usa una segunda vez en el Nuevo Testamento. En Efesios 6:11 el cristiano es exhortado a vestir toda la armadura de Dios. Así, el cristiano no es vulnerable en ningún punto, en cambio el diablo lo es en todos.

Satanás aún busca gobernar el mundo y se debe estar de acuerdo en que ha hecho progresos considerables. ¿Por qué? Porque la iglesia no se levanta con el poder y la autoridad que se le dio. Sin embargo, una gran parte del cuerpo de Cristo hoy está alcanzando un mejor conocimiento del enemigo, y de su propia fortaleza y armamento espiritual, y está tomando la ofensiva contra Satanás y sus huestes. Entre más cristianos entren en esta batalla, mayores pérdi-das sufrirá Satanás.

Cuarto, la Escritura nos dice que la lucha es contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. En esta frase la palabra clave es “maldad”. Este término sugiere todo lo que es altamente dañino o destructor por naturaleza. Estos poderes malignos sólo tienen un objetivo: la maldad. Pueden aparecer como ángeles de luz y con sus engaños llevar a muchos hacia sus redes de destrucción. Jesús desenmascaró sus propósitos malos con estas palabras:
“El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir” Juan 10:10a

Las cuatro expresiones de Efesios 6:12 nos dan un cuadro sumamente vivido del reino de Satanás. Está altamente organizado, para cumplir sus propósitos. Los poderes demoníacos están puestos en orden de batalla, y han recibido autoridad de Satanás para controlar todo el mundo y plagarlo con la maldad más dañina. No hay ventaja para nosotros en ignorar las fuerzas y los métodos del demonio. Esto solamente permite que Satanás obre sin ser descubierto y sin oposición. Dejar de llegar a participar activamente en la batalla espiritual es insinuar que no cuidamos lo que se hace de nosotros mismos, nuestros seres amados, nuestra comunidad, nuestra nación y nuestro mundo.
Muchos cristianos no se han comprometido en la lucha espiritual porque nunca han recibido enseñanza sobre su importancia ni sobre la forma como debe llevarse a cabo. Hoy Satanás ostenta su poder por medio del espiritismo, del ocultismo, de las religiones falsas, y de las sectas, como nunca antes en toda la historia de la humanidad. La iglesia se está viendo obligada a reexaminar sus propios recursos.

Un periódico citó a Billy Graham cuando dijo: “Todos los que estamos comprometidos en la obra cristiana, estamos de manera continua conscientes del hecho que estamos batallando con fuerzas y poderes sobrenaturales... Es perfectamente obvio para todos nosotros en la obra espiritual que los demonios pueden poseer a las personas, hostigarlas y controlarlas. Más y más ministros deben aprender a usar el poder de Dios para liberar a la gente de estas terribles posesiones del diablo”[1].
Dios está hoy, levantando un poderoso ejército que va contra el demonio con armas espirituales. ¡Los resultados son impresionantes! Por medio del ministerio de la liberación millares de miembros del pueblo de Dios están siendo liberados de los tormentos que causan los espíritus del mal.


[1] 'Copyright: NATIONAL ENQUIRER, Lantana, Florida

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