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Entrégale a Dios tu amor, y él te dará lo que más deseas. Pon tu vida en sus manos; confía plenamente en él, y él actuará en tu favor. Salmo 37:4 BLS

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Día 6: Cerdos en la sala



1           El valor de la liberación

El proceso de expulsar demonios se llama liberación. La liberación no es una panacea, un curalotodo. Pero es una parte importante de lo que Dios está haciendo en el presente avivamiento de la iglesia. Algunos esperan demasiado de la liberación y otros esperan muy poco. Con toda honestidad necesitamos conocer qué papel puede desempeñar la liberación en nuestras propias vidas y recibir el beneficio que ofrezca.

A quienes Dios ha colocado al frente del ministerio de la liberación no tienen que andar buscando personas. Es evidente que Dios siembra un deseo de pureza en los corazones de su pueblo en todo lugar. Continuamente me asombran cuántas personas piden este ministerio y aún me extraño más al ver cuántos vienen sin saber exactamente qué esperar. Vienen porque ya han sido alcanzados por Dios. Son creyentes que desean continuar su crecimiento espiritual y se dan cuenta que se debe eliminar todo obstáculo al desarrollo espiritual.

La iglesia es la novia de Cristo y Cristo viene por su novia. La Escritura declara que la novia debe estar limpia: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga, ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha” (Efesios 5:25-27).

La liberación es una parte esencial en la preparación de la novia de Cristo para despojarse de “manchas” y “arrugas”. Como la iglesia por la cual viene Cristo debe ser “santa y sin mancha”, debemos estar de acuerdo en que los espíritus inmundos han de ser expulsados de nuestras vidas. ¿Es esta limpieza un acto soberano del Señor, o implica alguna responsabilidad de parte del creyente?

“Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado” (Apocalipsis 19:7).

Este versículo enfatiza la responsabilidad del hombre. A nosotros nos corresponde estar listos para la llegada de nuestro Señor. Algunos parecen esperar la llegada del Señor como un tiempo cuando automáticamente habrá grandes cambios y cuando todas las deficiencias se remediarán en forma instantánea y milagrosa. La Escritura dice muy claramente que:

“... todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta...” (1 Corintios 15:51-52).

Como esto se refiere solamente a nuestros cuerpos mortales que se convierten en inmortales, debemos evitar interpretaciones incorrectas de este pasaje.

Los versículos de la Carta a los Efesios, citados anteriormente, afirman que la novia es limpiada por el lavamiento del agua por la palabra. En un sentido, nos lavamos, pero en otro sentido, el novio lo hace al proveer el agua, la Palabra. Todos saben que una novia pasa un tiempo considerable delante del espejo, preparándose para su novio. La palabra de Dios es el espejo delante del cual debemos permanecer en nuestro tiempo de preparación. “Porque si alguno es oidor de la palabra, pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace” (Santiago 1: 23-25).

Cuando Ester se alistaba como novia para su rey, tuvo un tiempo de preparación. La Escritura nos dice que gastó un año completo en purificar la carne. Pasó seis meses “con óleo de mirra”, y seis meses con “perfumes aromáticos y afeites de mujeres” (véase Ester 2:12). El rey suministró todo lo que ella necesitaba. Estas cosas nos hablan simbólicamente. Nuestro Rey ha provisto los medios con los cuales debemos purificar nuestra carne. El óleo de mirra representa la unción del Espíritu Santo. Debemos ser ungidos con el Espíritu de poder. Los perfumes aromáticos usados por Ester representan el fruto del Espíritu. Hoy hay un énfasis fuerte y fresco en los dones y en el fruto del Espíritu Santo. La novia está preparándose. “Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:17-18).

Los demonios son enemigos de los dones y del fruto del Espíritu. Pueden hacer que no se den en la vida del cristiano y, por tanto, impedir la preparación del creyente para la venida del Señor. De ahí que la liberación sea parte vital en la preparación de la novia, que se realiza hoy en día.

Por ejemplo, uno de los dones del Espíritu es la profecía. La Escritura dice:

“De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe” (Romanos 12:6).

El demonio de la duda o de la incredulidad puede bloquear el fluir de la fe, y por tanto bloquear el fluir de la profecía. El don de la profecía sólo puede venir a una persona después de reprender y expulsar los espíritus que obstaculizaban su fe. Esto también es cierto de otros dones. Se ha descubierto que algunas personas que habían recibido el bautismo en el Espíritu Santo no podían hablar en lenguas y que otras apenas se limitaban a unas pocas palabras. A menudo se debe a interferencia demoníaca. En muchos casos las personas se han involucrado en prácticas ocultistas. Puede haber sido algo de apariencia tan inocente como haber jugado con la tablita ouija. Pero tal participación en lo oculto, no importa si se hizo en ignorancia o a sabiendas, abre la puerta a la opresión demoníaca e impide ejercitar los dones del Espíritu. Es importante despojarnos de todo lo que se haya invitado a entrar en nuestras vidas a través de lo oculto. Hay que pedir al Espíritu Santo que revele y traiga a la memoria cada puerta que haya sido abierta por nosotros mismos o por otros, a lo largo de la vida.

El fruto del Espíritu es un blanco especial del enemigo. El fruto principal y más importante, el primero, es el amor. El amor es algo que se debe recibir y también dar. El demonio del resentimiento puede derrotar el amor en la vida de una persona. Muchos individuos no pueden comprender por qué son incapaces de amar a los demás como debieran. Tal problema es una fuerte indicación de la presencia de un espíritu de resentimiento o de falta de perdón. El resentimiento usualmente invita otros demonios como amargura, odio y cólera.

El amor también puede ser impedido por un espíritu de rechazo. Este espíritu es muy común y a menudo se encuentra como el “hombre fuerte” o espíritu “gobernante” dentro de una persona. El rechazo tuvo oportunidad de entrar cuando un individuo no recibió amor ni fue amado cuando era niño. Los padres pueden fácilmente abrir la puerta al espíritu de rechazo en sus hijos, si dejan de dar a esos niños el amor conveniente. Cuando el rechazo es fuerte, evita que la persona reciba el amor que otros le ofrecen. También impide que esa persona dé amor a otros. El demonio de rechazo se debe expulsar para que la persona pueda madurar en el amor cristiano.

Si Satanás tiene éxito en hacer que un cristiano sienta como un estigma el haber sido poseído por demonios, puede evitar que ese cristiano busque liberación. Aunque no es posible echar toda la culpa a Satanás y a sus demonios por nuestros problemas, sí encontramos que podemos culparlos por mucho más de lo que alguna vez pensamos. De hecho, muchos cristianos ignoran que los demonios son responsables de algunos de sus problemas. Cuando nos enteramos que invaden nuestras vidas, entonces debemos en serio interesarnos en ser liberados de ellos.

Muchos cristianos de hoy encuentran ayuda real por medio de la liberación. Los problemas que no se habían resuelto por las vías conocidas de ayuda, ahora se resuelven por medio de la liberación. Esto hace que nos preguntemos ¿por qué nos hemos demorado en ver estas verdades en la palabra de Dios?

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