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Entrégale a Dios tu amor, y él te dará lo que más deseas. Pon tu vida en sus manos; confía plenamente en él, y él actuará en tu favor. Salmo 37:4 BLS

sábado, 14 de septiembre de 2013

Día 9: Cerdos en la sala



1           Siete pasos para la liberación


1.1         Honradez

Se debe ser honesto consigo mismo y con Dios si se espera recibir la bendición de Dios de la liberación. La falta de honestidad mantiene áreas de la vida en tinieblas. Los espíritus demoníacos medran en tales tinieblas, pero la honradez ayuda a sacarlos a la luz. Todo pecado que no se confiese o del cual no haya habido arrepentimiento, otorga al demonio un “derecho legal” para quedarse. Pídale a Dios que le ayude a verse a sí mismo como él lo ve y a traer a la luz cualquier cosa que no sea del Señor.

“Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; y tú perdonaste la maldad de mi pecado” (Salmo 32:5).

“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno” (Salmo 139: 23-24).

1.2         Humildad

Esto implica reconocer que uno debe depender de Dios y de su provisión para la liberación.

“Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Santiago 4:6b-7).

Esto también implica una apertura completa con los siervos de Dios que ministran la liberación.
“Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros para que seáis sanados…” (Santiago 5:16a).

1.3         Arrepentimiento

El arrepentimiento es un regreso decidido a apartarse del pecado y de Satanás. Es indispensable aborrecer todo mal de la vida y dejar de estar de acuerdo con el mal.

“¿Andarán dos juntos, sí no estuvieren de acuerdo? (Amós 3:3).

Se debe aborrecer el pecado.

“Y allí os acordaréis de vuestros caminos, y de todos vuestros hechos en que os contaminasteis; y os aborreceréis a vosotros mismos a causa de todos vuestros pecados que cometisteis” (Ezequiel 20:43).
La liberación no se debe usar simplemente como alivio de los problemas, sino para ser más como Jesús, por medio de la obediencia en todo lo que Dios requiere. Arrepentimiento es dejar todo aquello que estorba el crecimiento espiritual, el ministerio y el compañerismo. El arrepentimiento necesita una confesión sincera de todos los pecados. Esto quita cualquier derecho a los espíritus demoníacos.

1.4         Renunciación

La renunciación es dejar el mal. La renunciación es la acción que resulta ti.el arrepentimiento.
“Al ver él (Juan el Bautista) que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, les decía: ¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento” (Mateo 3:7-8).

Producir frutos de arrepentimiento implica más que palabras. Es una demostración del arrepentimiento, es la prueba que ya se dejaron esos pecados. Por ejemplo, si alguien se arrepiente de la lujuria y de la concupiscencia, es necesario que destruya todo material pornográfico. Si alguien se ha arrepentido de un error religioso es necesario que renuncie completa y totalmente mediante destruir toda la literatura y todas las cosas asociadas con tal error. “Y muchos de los que habían creído venían, confesando y dando cuenta de sus hechos. Asimismo muchos de los que habían practicado la magia trajeron los libros y los quemaron delante de todos; y hecha la cuenta de su precio, hallaron que era cincuenta mil piezas de plata” (Hechos 19: 18-19).
Renunciar significa una completa ruptura con Satanás y con todas sus obras.

1.5         Perdón

Dios perdona libremente a todos los que confiesan sus pecados y piden perdón por medio de su Hijo (ver 1 Juan 1:9). El espera que perdonemos a quienes nos hayan herido en cualquier forma.
“Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre Celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas” (Mateo 6:14-15).
La voluntad de perdonar es absolutamente esencial para la liberación (ver Mateo 18:21-35). Ningún ministro que haga liberación puede efectuarla a menos que el candidato haya cumplido las condiciones de Dios.

1.6         Oración

Pídale a Dios que le libere y que lo mantenga libre en el nombre de Jesús.
“Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo ... (Y todo aquel que invocare el nombre del Señor será liberado)” (Joel 2:32a).

1.7          Guerra

La oración y la batalla son dos actividades separadas y distintas. La oración es hacia Dios y la guerra es hacia el enemigo. Nuestra batalla contra las potestades demoníacas no es carnal, sino espiritual (ver Efesios 6:12; 2 Corintios 10:3-5). Es indispensable usar como armas la sumisión a Dios, la sangre del Señor Jesús, la palabra de Dios, y el propio testimonio como creyente (véase Santiago 4:7; Apocalipsis 12:11; Efesios 6:17).

Identifique los espíritus, diríjase a ellos directamente por su nombre, y con voz de mando y en fe, ordéneles salir en el nombre de Jesús. Entre en batalla con decisión y seguridad de victoria. Cristo no puede fallar. El es el libertador.

“Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios...” (Marcos 16:17a).
“He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará” (Lucas 10:19).

‘Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador...” (Salmo 18:2a).

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