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Entrégale a Dios tu amor, y él te dará lo que más deseas. Pon tu vida en sus manos; confía plenamente en él, y él actuará en tu favor. Salmo 37:4 BLS

sábado, 25 de enero de 2014

Día 18: Cerdos en la sala




Pros y contras sobre técnicas y métodos

Aunque deseo dar algunas guías y algunos patrones, quiero aclarar que este ministerio de liberación siempre debe estar bajo la orientación directa del Espíritu Santo. Entre los cristianos hay la tendencia a mirar las fórmulas patentadas en los ministerios espirituales en lugar de permanecer dependientes de la conducción del Espíritu. He observado que diversas personas comprometidas en el ministerio de liberación utilizan sistemas muy distintos. Esto es entendióle, pues la Biblia no da muchos detalles sobre los métodos empleados ya sea por Jesús o por sus discípulos. No debemos atarnos en pequeñas reglas que hemos hecho para nosotros mismos. Entonces, ¿cómo han resultado tales reglas? Si obtenemos éxito usando una técnica determinada entonces nos inclinamos a concluir que es la técnica la que hizo el truco. He encontrado que el Espíritu Santo goza con la variedad y que podemos descansar en él para cualquier técnica que sea necesaria.
¿Cuáles son algunas de estas reglas hechas por el hombre? Alguien puede decirnos que nunca deberíamos imponer las manos en una persona de quien se están expulsando demonios. Otro individuo insistirá justamente en lo contrario que siempre debemos imponer las manos en la persona. Aun habrá quien alegue que es necesario frotar el vientre de la persona o golpearle la espalda a fin de que los espíritus salgan. Si comenzamos a mirar métodos y técnicas terminaremos en una confusión sin esperanza y esto es exactamente lo que el demonio quiere que hagamos.
La verdad del asunto es que el Espíritu Santo puede dirigirle a usted a hacer alguna o todas las cosas mencionadas antes. El Espíritu me ha llevado a hacer algunas cosas muy extrañas en las ministraciones de liberación y nuestro objetivo es escuchar y obedecer al Espíritu Santo. A Moisés debe haberle parecido muy raro cuando Dios le ordenó golpear una roca a fin de suministrar agua al pueblo o arrojar un árbol en las aguas amargas a fin de endulzarlas. Parecería extraño que Jesús hubiese escupido en la tierra e hiciese un poquito de lodo para colocarlo sobre los ojos del hombre ciego a fin de curarlo. ¿Qué diferencia hay con respecto a las técnicas que el Señor elige, si los resultados van a venir?

Imposición de Manos

Hay quienes alegan que Jesús nunca impuso las manos a nadie durante una liberación, pero por lo menos hay dos ejemplos que indican lo contrario. Uno es la sanidad de la suegra de Pedro. En Lucas 4:39 se nos dice que Jesús “reprendió a la fiebre”. El trató a la fiebre como una personalidad. Esto indica que la fiebre era demoníaca. El relato paralelo en Mateo 8:15 dice: “...y tocó su mano, y la fiebre la dejó...”. Un segundo ejemplo de imposición de manos para liberar una persona fue el caso de la mujer que estaba atada por un espíritu de enfermedad.
“... y había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar. Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad. Y puso las manos sobre ella; y ella se enderezó luego, y glorificaba a Dios” (Lucas 13:11-13).
Como hay registrados sólo unos pocos ejemplos en que Jesús impuso las manos durante una liberación, no vamos a concluir que la imposición de manos siempre es necesaria. El mismo principio es cierto al ministrar el bautismo en el Espíritu Santo. La Escritura indica que a veces se impusieron las manos para impartir el Espíritu Santo, pero otras veces no se hizo así. De nuevo necesitamos permanecer sensibles a la dirección del Espíritu Santo en lo que respecta a nuestro obrar.
Una vez estábamos expulsando demonios de un joven de 16 años. El primer demonio que se llamó fue miedo; el muchacho fue tomado por los demonios y arrojado al suelo. Cinco hombres presentes procuraron sujetarlo físicamente, apenas con éxito parcial. Se llamaron varios otros demonios y las manifestaciones violentas acompañaban a cada espíritu. Entonces el Espíritu Santo por una palabra de conocimiento hizo saber que la manifestación se debía a un espíritu de violencia. Al muchacho se le instruyó para no permitir qué ese demonio le dominara, sino a colaborar con nosotros, en el Espíritu, ordenándole continuamente que saliese en el nombre de Jesús. El espíritu de violencia fue expulsado sin demasiada lucha y no hubo más manifestaciones de violencia cuando se echó fuera otra gran cantidad de demonios. Así aprendimos que un demonio presente en una persona se puede manifestar a sí mismo aun cuando otros espíritus se hayan llamado antes. Esto demostró ser de mucha utilidad para comprender algunas cosas. En muchas liberaciones posteriores, cuando la persona se volvía violenta, se expulsaba el demonio de violencia y las manifestaciones violentas pasaban completamente.
Un caso muy interesante fue el de una mujer de más o menos unos treinta años. No era una persona físicamente fuerte y tres meses antes de la liberación se le había hecho una intervención quirúrgica mayor. Sin embargo, mostró una fortaleza física poco natural bajo las manifestaciones del demonio. Cuando la ministración comenzó fue arrojada al piso y yacía sobre la espalda. A causa de su fuerza sobrehumana se asignó a una persona para cada uno de los cuatro miembros. Mi esposa se montó sobre la pierna derecha de la mujer y dijo con toda autoridad, “Esta pierna no se va a mover más”, pero en un momento la mujer la levantó del piso con esa pierna.
Había muchos espíritus fuertes en esta mujer. La lucha para hacer salir a cada uno de ellos era tan intensa que físicamente no soportaba sino la expulsión de uno o dos demonios al día. Pero estaba tan decidida a quedar completamente libre que venía todas las tardes después del trabajo para que se le ministrara más. No fue sino hasta dos semanas después de estas luchas diarias cuando encontramos una clave. Se observó que cuando nadie tocaba a la mujer los espíritus no reaccionaban tan violentamente. Pero cuando alguien la tocaba, entonces un demonio comenzaba a gritar, “No me toques, no me-toques”. Nos dirigimos a ese demonio como “espíritu no me toques” y le ordenamos salir fuera. Después que este demonio fue expulsado ya no hubo otras manifestaciones de violencia.
Hemos encontrado el demonio “no me toques” en varias oportunidades. En algunos casos los demonios reaccionaban sólo al contacto de un hombre, pero en otros únicamente al contacto de una mujer. Hay ocasiones en que es mejor no imponer manos sobre las personas.
Son mucho más frecuentes los casos en que la imposición de manos ayuda a desalojar los espíritus del mal. Otras veces cuando los espíritus hablan a través de la persona, ocasionalmente sucede que el espíritu grita y gime, “Tu mano está caliente; me quema”, o palabras semejantes. Los demonios pueden sentir la unción de la mano que está ministrando y son torturados por esa unción.
Los demonios pueden habitar en cualquier parte del cuerpo humano. Una de las zonas favoritas parece ser el bajo vientre. Cuando al ministrar se impone una mano sobre esta área los demonios a menudo saldrán a través de la boca con más rapidez. De ahí porqué es sabio y útil tener tanto hombres como mujeres en el equipo de liberación. Las mujeres pueden imponer las manos sobre las mujeres y los hombres sobre los hombres.
En una ocasión se le ministraba a una joven. Yo estaba de pie detrás de ella, tenía mis manos sobre su cabeza y los demonios salían rápidamente. De pronto me llegó una palabra de conocimiento que debía retirar mis manos inmediatamente. Lo hice así y pasé al frente para ver qué manifestaciones había en su rostro. Había salido a la super- fice un espíritu de concupiscencia que se identificó como un “espíritu de coqueteo”. Por medio de palabras y de expresiones faciales comenzó a flirtear con dos de los hombres presentes en la habitación. Como el contacto de una mano masculina había servido para “alimentar” tal espíritu, se hizo muy evidente por qué el Espíritu Santo me ordenó quitar mis manos.
Algunas de las razones que se alegan para no imponer manos en la liberación se basan en el temor. Muchos pueden temer que los espíritus del mal los ataquen. He oído a alguien decir que mientras imponían manos sobre una persona durante la liberación había sentido que un espíritu maligno salía de esa persona a su propia mano y subía por su brazo a su cuerpo. Personalmente no he tenido tal experiencia nunca. He impuesto muchas veces las manos en centenares de personas en un período de varios años y nunca he sido atacado por un demonio como resultado de tal contacto físico.
El principio es este: ningún demonio puede atacarnos o entrar a nosotros a menos que haya una puerta abierta para hacerlo. El temor puede suministrar tal puerta. Si uno se asusta o teme que un demonio puede atacarlo, entonces ha dado al demonio la puerta abierta que necesita.
Hay una situación que podría hacerle pensar a uno que ha sido atacado durante una liberación. Por ejemplo, se está expulsando un espíritu de duda y cualquier otra persona en la habitación puede tener también un espíritu de duda. A medida que se da la orden para que salga “la duda”, los espíritus de duda en ambas personas se pueden agitar y comenzar a reaccionar o a manifestarse. He sido testigo de muchos ejemplos de esto.
Entonces, ¿qué acerca del versículo que dice, “No impongas con ligereza las manos a ninguno...” (1 Timoteo 5:22)? Personalmente estoy convencido que este pasaje se relaciona sólo con la imposición de manos en las ceremonias de ordenación y no se refiere a imponer las manos para otros propósitos como sanidad, ministrar el bautismo en el Espíritu Santo o liberación. Si estas palabras se pudieran aplicar a la liberación, no es para prohibir la imposición de manos sino más bien una advertencia sobre hacerlo en forma prematura. Este es un principio aplicable a toda situación donde se use la imposición de manos. En efecto, no debemos ministrar a toda persona que encontremos, ni vamos a ministrar a ninguna persona sin antes prepararla de manera adecuada.
De nuevo enfatizo que debemos cuidarnos de temer a los espíritus malos. Si el diablo puede hacer que nos asustemos de él, entonces ha tenido un contra ataque exitoso. La Biblia nos asegura que podemos enfrentar a los espíritus demoníacos en batalla, absolutamente sin temor que ellos sean capaces de vengarse o perjudicarnos.
“He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará” (Lucas 10:19).
“Y en nada intimidados por los que se oponen, que para ellos ciertamente es indicio de perdición, mas para vosotros de salvación; y esto de Dios” (Filipenses 1:28).
Los demonios buscarán inspirar temor en quienes están ministrando. Muchas veces he oído a los espíritus hablar a través de la persona y hacer amenazas de causar daños. En una liberación el demonio abrió los ojos de la persona, me miró con una mirada de hielo y con el rostro de la persona directamente dirigido a mi rostro dijo tres veces con énfasis creciente en cada ocasión... “ ¡Te tendré! ¡Te tendré! ¡Te tendré!” Con toda calma contesté, “No, demonio, no me vas a tener. Jesús dijo que podía pisotearte y que no vas a hacerme ningún daño. No te tengo miedo, de modo que inmediatamente sal fuera, en el nombre de Jesús”. Salió y fio se produjo ningún perjuicio.
No debemos dar ninguna atención a las amenazas de los espíritus porque todos son mentirosos y acusadores. En muchas oportunidades el demonio ha amenazado diciendo, “Si me expulsas entraré en ti”, o «n alguna otra persona que esté en el cuarto. El propósito de tal amenaza es provocar miedo y hacer que el ministro de liberación cese su ataque. El temor es una táctica muy común del enemigo y uno debe asegurarse en su propio corazón que en verdad no tiene nada que temer. El enemigo, ya ha sido derrotado por Jesús, y en el nombre de Jesús “toda rodilla se doblará” (Filipenses 1:10).

Conversación con Demonios

No es posible parar toda la conversación de los demonios cuando en la liberación se trata con ellos. A veces hablarán sin ninguna advertencia. Así lo hicieron con Jesús. Pero ¿deberíamos conversar con ellos cuando quieren hablar? He llegado a un punto de vista muy conservador sobre este tema. No se debería conversar con los demonios a menos que el Espíritu Santo indique que hay algún propósito específico al hacerlo.
En la liberación del endemoniado gadareno Jesús ordenó al espíritu hablar al preguntarle, “¿cómo te llamas?” (Marcos 5:9). Y ¿qué se va a ganar al ordenarle a un espíritu que se identifique? La experiencia ha demostrado que el poder del espíritu se rompe con más facilidad cuando se le obliga a identificarse. Algunos espíritus son mucho más tercos u obstinados que otros. En la mayoría de los casos, un espíritu terco saldrá cuando se vea forzado a identificarse. Su poder quedará roto.
Sin embargo, hay un peligro inherente al conversar con los espíritus demoníacos; uno nunca se debe permitir conversar con los demonios a fin de adquirir conocimiento. La Biblia prohíbe estrictamente tales comunicaciones con los demonios (Deuteronomio 18:10-11). El cristiano tiene al Espíritu Santo como su fuente de conocimiento, de sabiduría y de orientación, inclusive, cuando se les ordena decir la verdad en el nombre de Jesús, los demonios mentirán en esas ocasiones. Sin embargo, hay veces en que el Espíritu Santo hará que se obligue a un demonio a decir los nombres de los otros espíritus que viven en el cuerpo de una persona. No sobra insistir que el propósito de esto es desbaratar su resistencia y que no se debe convertir nunca en un sustituto del don de discernimiento de espíritus. No tenemos que depender de las bocas mentirosas de los espíritus del mal para que nos den información que debemos y podemos obtener por medio del Espíritu Santo.
Cuando al principio comencé mi ministerio de liberación, ordenaba a los espíritus que hablasen. Muy poco tiempo después encontré que todos hablan las mismas cosas y que mezclan un poco de verdad con muchas mentiras. El novato está pronto a querer escuchar a los demonios pero también muy pronto aprenderá que eso no es necesario. Los demonios son suficientemente hábiles como para conocer que mientras puedan mantener una conversación no se les va a ordenar que salgan. En realidad odian escuchar las palabras, “Cállate, y sal fuera”. Su charla siempre es una táctica dilatoria.
“Pero había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, que dio voces, diciendo: ¡Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios. Pero Jesús le reprendió, diciendo: ¡Cállate, y sal de él! Y el espíritu inmundo, sacudiéndole con violencia, y clamando a gran voz, salió de él” (Marcos 1:23-26).
También vale la pena preguntar a los demonios aun cuando a veces no hablan por medio de la persona a quien se está liberando. Una vez vino una señora que tenía muchos “síntomas” de opresión demoníaca. Dos horas de intensa ministración no produjeron resultados. No hubo la más leve manifestación que algún demonio estuviese presente o que hubiera salido. Al día siguiente, mientras leía el Evangelio de Marcos, llegué al relato familiar del gada reno en el capítulo cinco. El Espíritu Santo hizo que me detuviera en el versículo siete donde el demonio había clamado, “no me atormentes”. Fui al lexicón griego y encontré que la palabra “tormento" significa “preguntar aplicando tortura”. Llamé a la mujer, la hice volver esa tarde y comencé a bombardear a los espíritus con preguntas: ¿Cómo se llaman? ¿Cuánto hace que están ustedes allí? ¿Son tan tontos para pensar que pueden resistir el nombre de Jesús?, etc. En el curso de pocos minutos la mujer comenzó a toser y a expulsar demonios. Los espíritus no habían hablado a través de esta mujer ni habían dado ninguna señal de escuchar lo que yo dije, pero la tortura de ser interrogados rompió su poder. Podemos estar seguros que nuestras preguntas y órdenes son efectivas, inclusive antes de ver resultados exteriores.

 Interrupciones Durante la Ministración

La liberación se puede hacer en una atmósfera tranquila. La experiencia aumentará la confianza y nos capacitará para ministrar sin tensión. El ministro que hace la liberación debe darse cuenta que es un siervo del Señor y se debe mover en el poder y la autoridad que se le han dado. El, y no el poder de los demonios, está al comando de la situación.
Una ministración se puede prolongar. Se puede extender varias horas. Tanto la persona a quien se está liberando, como el ministro que hace la liberación, pueden necesitar unos pocos minutos de descanso. Usualmente conviene interrumpir la ministración después que haya salido un grupo de espíritus. Cuando se hace tal pausa, no se ha perdido ningún terreno. Usted simplemente comienza donde dejó.
A menudo sucede que en mitad de una liberación la persona recuerda otras áreas donde los demonios han entrado o que el Espíritu Santo la haga consciente de alguna información relacionada. Entonces está bien suspender y permitirle compartir esas cosas. Sin embargo, se debe ser muy cuidadosos sobre las astucias del enemigo. Las personas en quienes se está ministrando pueden decir, “Necesito un poco de agua” o “Quiero ir al baño”, o dar alguna otra excusa para dejar la habitación. A veces esto puede ser un demonio que está hablando y no la persona. El demonio procurará que la persona salga. Si uno está alerta no necesariamente será víctima de ese truco. ¿Cuán profundamente ha sido tomada la persona por los espíritus? ¿Son sus ojos fijos? ¿Es la voz la de la persona? ¿Qué dice tu propio espíritu?
Un amigo mío era nuevo en el ministerio de la liberación. El y un compañero estaban expulsando demonios de otro hombre. Los espíritus habían dominado a este hombre y los dos ministros lo sostenían sobre el piso con todas sus fuerzas para impedir que sus manos y sus pies se movieran. Después de un momento el hombre se quejó que lo estaban lastimando y que necesitaba descansar durante unos minutos. Sin darse cuenta que era el demonio el que hablaba y no el hombre mismo, le dejaron en libertad. Tan pronto como las piernas quedaron libres el demonio hizo patear al hombre y mi amigo sufrió la fractura de tres costillas. Este es un caso raro, pero enfatiza la necesidad de reconocer quién es el que habla.

Posiciones del Cuerpo

Como los demonios salen principalmente a través de la boca o de la nariz, y esta expulsión se puede acompañar con moco o flema, es mejor tener a la persona en una posición compatible con tales manifestaciones. Una de las mejores posiciones es que la persona esté sentada en una silla recta y se incline hacia adelante a partir de la cintura con los brazos descansando sobre las rodillas. Para ministra- ciones cortas la persona puede estar de pie. En unos pocos casos la persona puede querer echarse sobre el piso o colocarse sobre sus manos y sus rodillas. La posición variará de acuerdo con el tipo de manifestaciones que se produzcan. Por regla general la persona se ajustará a cualquier posición que sea mejor sin instrucciones específicas. Es cuestión de saber lo que es normal o natural.
Asistí a un servicio donde un ministro que es muy prominente en el ministerio de la liberación dirigía una liberación en grupo. Era una reunión grande y cerca de 100 personas habían pasado adelante para la liberación. El ministro pidió que quienes tuvieran experiencia en la liberación se mezclasen con el grupo para ayudar. Un joven cerca de mí fue tomado inmediatamente y cayó al piso. Tosía violentamente y los demonios salían con flema de su boca. Era verano y el aparato de aire acondicionado no trabajaba y hacía mucho calor. Una pequeña multitud se reunió alrededor de este joven y se pudo ver que estaba muy incómodo. Entonces hubo una pausa en el proceso de liberación y sugerí que se le dejara sentar durante unos pocos minutos, pero un individuo al lado mío me reprendió en una forma muy dura y me dijo que era necesario que el hombre se quedara en la posición que tenía hasta cuando todos los espíritus hubieran salido. Accedí a la solicitud pues, la liberación del joven era más importante que entablar una discusión con ese hermano. Pero esto era completamente contrario a toda mi experiencia. La persona que recibe la ministración debe estar en una posición cómoda.

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